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	<title>Orientación Pastoral</title>
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		<title>Una vida de piedad vital es la condición previa indispensable de toda eficacia ministerial</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 00:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Persona]]></category>
		<category><![CDATA[Piedad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2012/01/New-pastors-pictures-012.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2012/01/New-pastors-pictures-012-150x150.jpg" alt="" title="New pastor&#039;s pictures 012" width="150" height="150" class="alignright size-thumbnail wp-image-342" /></a><strong>Albert N. Martin</strong></p>
<p>Existe un dicho antiguo que se repite con frecuencia, y la razón de que sea tan viejo y repetido es precisamente su veracidad: la vida de un hombre es la vida de su ministerio. Como demostraremos con detalles específicos, no existe aspecto alguno del deber pastoral que no tenga sus raíces en el estado de la propia vida interna del pastor delante de Dios. Proverbios 4:23 dice una gran verdad: «Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida». Cada corriente que fluye del interior de un hombre hasta alcanzar las distintas dimensiones de la labor pastoral se remonta al estado de su corazón.  </p>
<p><span id="more-347"></span></p>
<p>Por consiguiente, el punto de partida para cualquiera que tenga la santa aspiración de desempeñar el oficio de supervisor, se halla en la pregunta siguiente: «¿Cuál es el requisito fundamental?». Ser intachable. Tener una vida irreprensible. En esto volví a comprobar que los escritores antiguos aventajan a los contemporáneos en el énfasis constante que ponen en este fundamento, que yo llamo presuposición, y con el que trabajaré durante todo el curso. Las palabras de Stalker en su maravillosa obra titulada <i>The Preacher and His Models</i> [El predicador y sus modelos]<SUP>1</SUP> lo captan muy bien:  «Estamos constituidos de un modo —y vean ustedes si esto no se aplica a su propia experiencia, hermanos— que el efecto de cuanto oímos depende, en gran manera, de la disposición que tengamos hacia el orador. </p>
<p>Los oyentes habituales de un ministro se van formando una imagen de él en su mente, casi sin darse cuenta, y a esto van añadiendo cualquier cosa que recuerden sobre él y todo lo que hayan oído acerca de él. Cuando se sube al púlpito el domingo, ya no es ese hombre visible al que están escuchando, sino la imagen que hay detrás de él y que determina el peso exacto y el efecto de cada frase que pronuncie». ¿Acaso esto no es cierto en vuestra experiencia? No podemos limitarnos a aislar y separar las palabras. Apartándolas del instrumento que las transmite. No se puede hacer. Desde el punto de vista psicológico, moral y espiritual es imposible. Dios no nos hizo de ese modo. Dios no pretende que seamos y que funcionemos así. Por tanto, esto es lo que convierte esta presuposición en algo fundamental. Algunos dirán que esto se manifestará <i>ad nauseam</i>. Desde luego esto ocurre con los escritores antiguos y yo me refugio en ellos y procuro hacerme eco de esos pareceres. Se decía de un erudito antiguo: «Le alimentaba a uno con su doctrina y le edificaba con su ejemplo. Su predicación era un cortejo para Cristo y le atraía a uno hacia Él por su proceder». ¿No sería maravilloso ir a la tumba y que las personas pudieran decir de nosotros: «Le alimentaba a uno con su doctrina y le edificaba con su ejemplo. Su predicación era un cortejo para Cristo y le atraía a uno hacia Él por su proceder»?</p>
<p><strong>Notas</strong></p>
<p>1. N. T. Este libro no ha sido traducido al español. El título entre corchetes es una traducción literal del inglés.  </p>
<p><i>Este artículo es un extracto de &#8220;Conferencias sobre la Teología Pastoral,&#8221; por Albert N. Martin. Es parte del Módulo nº 1 — El llamado del hombre de Dios al oficio pastoral, Conferencia 1. La traducción del inglés pertenece a la Iglesia Bautista de North Bergen. Reservados todos los derechos.</i></p>
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		<title>La primacía de la predicación entre los deberes públicos del ministerio</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 19:44:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Predicación]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2012/01/New-pastors-pictures-012.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-342" title="New pastor's pictures 012" src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2012/01/New-pastors-pictures-012-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></strong>Albert N. Martin</strong></p>
<p>Al considerar la cantidad de tiempo que atribuimos a las distintas facetas de la obra ministerial presupongo la primacía de la predicación entre los deberes públicos del ministerio. Como veremos, se trata de deberes privados y públicos a la vez, que están relacionados con el oficio de un anciano apartado para trabajar en la palabra y en la doctrina. Sin embargo, entre sus ministerios y responsabilidades públicas como orientar al afligido, supervisar, visitar a los enfermos, evangelizar, ninguno es tan vital como el tiempo establecido para la predicación y la enseñanza públicas. Esto es así por una simple razón: estos dos ministerios son, en la sabiduría y el propósito de Dios, los medios primordiales que Él ordenó para reunir a sus elegidos y edificar a su pueblo. De todos es conocida la convicción que Pablo tiene sobre esto: «… agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación…» (1 Corintios 1:21). Aquí se utiliza la palabra griega <em>kerugma</em>, lo que se predica, lo que se comunica en calidad de heraldo en nombre del Rey. Dios ha ordenado que sea este medio el que traiga su gracia salvífica a los hombres.</p>
<p><span id="more-341"></span></p>
<p>Asimismo, tenemos el argumento de Pablo en Romanos 10: «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?». Contamos, también, con la perspectiva de las epístolas pastorales. Al leerlas de principio a fin captamos una y otra vez el énfasis que Pablo hace cuando considera las funciones de Timoteo. Estas son las más parecidas a las tareas pastorales permanentes que podemos encontrar en las Escrituras. Vuelve a centrarse en su enseñanza, su predicación, el tema, el contenido. Son cosas en las que Pablo hace hincapié repetidas veces.</p>
<p>A continuación, por supuesto, Hebreos 13:7 hace una descripción de los obispos: «Acordaos de vuestros guías —y los identifica de forma muy específica— que os hablaron la palabra de Dios». Se podría haber dicho mucho sobre ellos, pero el escritor de Hebreos subraya que, entre las responsabilidades públicas, predicar la palabra de Dios tiene primacía. En la historia de la iglesia, el testimonio unánime de las Escrituras declara que el púlpito es, en palabras de Spurgeon, «la Termópilas de la cristiandad», ese estrecho paso de montaña donde los persas destruyeron a los espartanos y dieron la vuelta a la situación. Spurgeon sigue diciendo: «En el púlpito es donde la batalla se pierde o se gana. Para nosotros, los ministros, mantener nuestro poder en el púlpito debe ser nuestra mayor preocupación». Personalmente, creo que la convicción sobre este punto se ha visto erosionada y ha llevado, en gran medida, a la deficiencia en la predicación, a la parálisis de la ambición piadosa por superarse en utilidad sobre el púlpito y ha provocado incompetencias en la solemne formación ministerial sobre todo en esta área fundamental. En la edición Dargan, Broadus hace una declaración muy acertada en su obra sobre homilética y predicación, la preparación y la expresión oral de los sermones:</p>
<p>«El gran medio designado para difundir las buenas nuevas de salvación por medio de Cristo es la predicación, palabras habladas al individuo o a la congregación, y nada la puede remplazar. Los mensajes impresos se han convertido en un poderoso intermediario para lo bueno y para lo malo, y los cristianos deberían emplearlo con absoluta diligencia y, de cualquier forma posible, para propagar la verdad. Sin embargo, lo impreso jamás podrá tomar el lugar de la palabra viva. Imaginemos a un hombre apto para la enseñanza, cuya alma arde con esa verdad que él reconoce como artífice de su salvación y en la que confía para salvar a otros. Cuando habla a sus congéneres, cara a cara, mirándoles a los ojos, una corriente de simpatía se transmite rápidamente entre él y sus oyentes hasta elevarse mutuamente, cada vez más, hasta llegar al pensamiento más intenso y la emoción más apasionada —más arriba, hasta sentir que sobrevuelan el mundo en carros de fuego—; es un poder que conmueve al hombre, influye en su carácter, su vida y su destino. Ninguna página impresa podría poseer jamás esta fuerza».</p>
<p>Y sigue resaltando las otras dimensiones importantes de la obra pastoral, pero concluye diciendo:</p>
<p>«Resulta que la predicación debe ser siempre una necesidad, y la buena predicación una fuerza poderosa. Desde que Juan el Bautista atraía a las multitudes al desierto, en cada época del cristianismo no ha habido movimiento religioso, restauración de la verdad escrituraria ni avivamiento de la piedad genuina sin un nuevo poder en la predicación que haya sido, al mismo tiempo, causa y efecto».</p>
<p>Creo que ante esto, cualquiera que sea sensible a la historia de la iglesia se verá obligado a decir: «¡Amén!», de todo corazón.</p>
<p><i>Este artículo es un extracto de &#8220;Conferencias sobre la Teología Pastoral,&#8221; por Albert N. Martin. Es parte del Módulo nº 1 — El llamado del hombre de Dios al oficio pastoral, Conferencia 1. La traducción del inglés pertenece a la Iglesia Bautista de North Bergen. Reservados todos los derechos.</i></p>
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		<title>El ministro público y sus presiones privadas, Parte II</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 21:37:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pastor]]></category>

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		<description><![CDATA[El ministro cristiano: un enfoque bíblico de los problemas Algunos libros sobre las presiones pastorales (como Going the Distance [Recorrer la distancia] de Peter Brain), aconsejan que si no queremos que el ministerio acabe por extenuarnos debemos tomarnos las cosas con calma: tomarnos días libres, disfrutar de vacaciones, “cuidarse”, etc. Y estoy de acuerdo en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/12/ministro_publico_parte_dos.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/12/ministro_publico_parte_dos.jpg" alt="" title="ministro_publico_parte_dos" width="271" height="180" class="alignright size-full wp-image-333" /></a><strong>El ministro cristiano: un enfoque bíblico de los problemas</strong></p>
<p>Algunos libros sobre las presiones pastorales (como Going the Distance [Recorrer la distancia] de Peter Brain), aconsejan que si no queremos que el ministerio acabe por extenuarnos debemos tomarnos las cosas con calma: tomarnos días libres, disfrutar de vacaciones, “cuidarse”, etc. Y estoy de acuerdo en que no le falta razón. Comoquiera que sea, creo que soy fiel a la verdad si digo que muchos de nosotros nos vemos en situaciones—como el apóstol Pablo—en que no es tan fácil “tomarse las cosas con calma”. </p>
<p>En 2 Corintios, donde Pablo y sus problemas son objeto del ataque de una iglesia rebelde y unos falsos maestros, el Apóstol no se limita a responder con una idea estoica de los problemas y las presiones que acompañan al ministerio cristiano, sino con una idea muy positiva de ellos. Permítaseme esbozar lo que dice Pablo. El Apóstol fue atacado por los “súper-apóstoles”, que daban gran importancia a las apariencias externas (5:12) y se jactaban tal como hace el mundo (11:18). Parece ser que el argumento incluía la idea de que el comportamiento y la vida de un ministro del Dios glorioso solo podían caracterizarse por el esplendor y la victoria ante todos los problemas. Solo el éxito es congruente con la gloria. Pero la esencia de la réplica de Pablo es que estas personas no habían comprendido la naturaleza de la gloria de Dios que se ve ene l rostro de Jesucristo (4:6). </p>
<p><span id="more-327"></span></p>
<p>No tengo el propósito de enunciar una teología del sufrimiento. Lo que deseo es señalar algunos textos de 2 Corintios que nos dicen específicamente que nuestros sufrimientos como ministros no carecen de sentido. Sufrimos nuestros problemas por buenas razones. Leemos que estas cosas pasan “para que…”. Ahora bien, eso ya es un enfoque radicalmente distinto del que promueve la cultura de la terapia. Los problemas y las presiones pueden ser una bendición para el ministro cristiano en cinco áreas. </p>
<p>1)La capacidad pastoral (2 Corintios 1:4-5). Adviértase el “para que…”. Y entonces Pablo pasa a ahondar en eso (v. 6) y luego explica el problema específico que había sufrido en Asia (v. 8). </p>
<p>Pablo nos ofrece aquí esta primera clave para entender el motivo de los problemas y la presión en la vida de un ministro cristiano. Es a fin de convertirle en un pastor mejor para los otros. No es que, como ya he dicho, Jesús no se compadezca por quienes tienen problemas. Las personas necesitan consuelo. ¿Pero de dónde se debe obtener este consuelo? ¿Y cómo debe aprender un ministro cristiano a compadecerse de aquellos que atraviesan momentos difíciles? ¿Cómo aprendió Pablo a llorar con los que lloran? ¡Él mismo había llorado! ¿Cómo aprendió Pablo a animar a quienes sufrían graves aflicciones? Utilizó su propia experiencia con el Señor y su Palabra cuando le ministraron en momentos de aflicción.<br />
Los problemas nos enseñan y nos hacen madurar como pastores. </p>
<blockquote><p>Caminé por un trecho con el placer<br />
y me habló sin cesar,<br />
pero más sabio no llegué a ser<br />
aun a su pesar.<br />
Pero caminé un trecho con la pena<br />
sin que nada me dijera,<br />
y mi sabiduría fue más plena<br />
con ella de compañera.</p></blockquote>
<p>¿Y no es esto así? Muchas veces los mejores pastores no son los que tienen una mayor capacidad intelectual, sino los que más han sufrido.</p>
<p>Los problemas y las presiones son la escuela con que Dios nos aconseja. Y es la mejor escuela. Los cristianos normales no necesitan que se les someta a compleja técnicas de asesoramiento que hayamos aprendido mal que bien de algún libro o de un seminario de un día. Necesitan el amor directo de un hermano cristiano que comparta la verdad de la Palabra de Dios tal como él mismo la ha experimentado. Su principal necesidad  no es la de convertirse en clientes de un “profesional”, necesitan a una hermana o un hermano amistoso que haya pasado por eso  mismo y que, a partir de una verdadera experiencia de situaciones en las que, tal como Pablo, llegaron a “[perder] la esperanza de conservar la vida”, comparta humildemente la verdad y la gracia de Dios. Ciertamente, el mejor pastor no será una repetición rutinaria de Romanos 8:28, sino alguien capaz de compartir Romanos 8:28 desde el trasfondo de sus propios sufrimientos y presiones personales. Pastor, Dios tiene un propósito para tus pruebas y tus presiones. Te está educando para que mejores tu capacidad pastoral. </p>
<p>2)La autenticidad ministerial (2 Corintios 4:10,11). Adviértase el doble “para que…”. Los “superapóstoles” señalaban su propia vida supuestamente victoriosa en contraposición a la dificultosa vida de Pablo, casi como una insinuación de que sus problemas eran indicativos de un rechazo divino. Pero la respuesta que Pablo les da es que se trata precisamente de lo contrario: tal como el Señor Jesucristo sufrió a fin de bendecirnos, igualmente todo ministerio cristiano debe seguir el mismo patrón (13:4).<br />
El verdadero ministerio cristiano muestra de forma inevitable las señales de la Cruz. Tal como Jesús murió, también Pablo muere en el sufrimiento, la presión y la oposición que experimenta. Tal como Jesús resucitó a una nueva vida, también Pablo experimenta una nueva vida. Considerados desde una perspectiva puramente humana, los problemas a los que Pablo se enfrentaba en su ministerio debían haber conducido a su muerte y la de su ministerio hacía mucho tiempo. Sin embargo, recibe fuerzas para resistir […].<br />
Los verdaderos ministros de Cristo tienen señales de sufrimiento, igual que su Maestro. Conocerás el gran poema de Amy Carmichael. </p>
<blockquote><p>¿No tienes cicatriz alguna?<br />
¿Una cicatriz escondidas<br />
en el costado, el pie o la mano?<br />
Te oigo ensalzado como el Omnipotente;<br />
les oigo cantar a la estrella fulgurante<br />
¿No tienes cicatriz alguna?<br />
¿No tienes herida alguna?<br />
Sin embargo, yo fui herido por los arqueros;<br />
agónico, me apoyé en un árbol para morir;<br />
desgarrado por las bestias,<br />
me desmayé<br />
¿No tienes cicatriz alguna?<br />
¿Ninguna cicatriz?<br />
¿Ninguna herida?<br />
Pero como el Maestro ha de ser el siervo,<br />
y heridos están los pies de quien me sigue,<br />
pero los tuyos están indemnes.<br />
¿Puede haber sido largo el viaje<br />
de quien no tiene cicatriz ni herida?</p></blockquote>
<p>Y Pablo deja claro que tal forma de morir, tales heridas ministeriales, no solo son las credenciales de la autenticidad de los ministros, sino que la vida y la bendición de Dios fluyen verdaderamente a través de ese ministerio agónico (2 Corintios 4:12). Este es el verdadero ministerio cristiano, y tales afirmaciones son el equivalente paulino a la declaración de Jesús (Juan 12:24). ¿No nos ayuda esto a ver nuestros problemas y nuestras presiones bajo una luz completamente distinta? ¿No hunde en la indignidad la idea del “pobre de mí”?</p>
<p>3)La gloria eterna (2 Corintios 4:16,17). La Escritura enseña que se nos recompensará por nuestras aflicciones. Recuerdo un artículo de gran ayuda sobre este texto que se publicó hará algunos años en la revista The Banner of Truth, con la firma de Sinclair Ferguson, y el hincapié que se hacía en el versículo 17. Son nuestras aflicciones las que “producen en nosotros” la gloria eterna. Nuestras aflicciones son, por así decirlo, la materia prima de la que se extraen las doradas recompensas celestiales. </p>
<p>Hace algunos años un misionero que se acababa de jubilar volvía a América en el mismo barco que el presidente de los E.E.U.U. Al presidente le recibieron entre vítores, con una orquesta militar, una alfombra roja, banderas y los fogonazos de las cámaras. Sin embargo, el misionero desembarcó desapercibido. Impulsado por la autocompasión y el resentimiento, comenzó a quejarse ante Dios en su fuero interno. Pero luego fue como si el Señor le recordara delicadamente: “Pero, hijo mío, aún no has llegado a casa”. Pablo no piensa tanto en este mundo como en el venidero (v. 18). Y al responder con fe nuestras aflicciones producen un abrumador y eterno peso de gloria. </p>
<p>¿No nos proporciona eso una perspectiva completamente distinta? […] Así, Pablo habla de los tremendos problemas a los que se enfrenta como si fueran “leves y momentáneos” (v. 17). </p>
<p>4)La humildad práctica (2 Corintios 12:7-10). Cuando Pablo piensa en este aguijón en la carne, descubre un motivo. Las grandes revelaciones que había recibido podrían haberle enorgullecido. </p>
<p>Nuestros egos pecadores tienden al orgullo. Tenemos dones, muchos de ustedes son hombres capaces y competentes […]. Pero el Señor permite que haya problemas y presiones en nuestras vidas a fin de humillarnos. Nos lleva a situaciones que superan nuestra resistencia natural a fin de humillarnos. ¿Y por qué hace eso? Lo hace porque deseas una comunión más íntima con nosotros, para que su presencia y su poder estén sobre nosotros; porque sabemos que Dios resiste al orgulloso pero da gracia al humilde (Isaías 57:15). Y así, nuevamente, debemos ver nuestros problemas bajo una perspectiva distinta. Nuestros problemas son las invitaciones de Dios a mantener una relación más profunda con Él, una relación personal más cercana con el Rey (2 Corintios 1:9). </p>
<p>5)La realidad evangélica (2 Corintios 5:21) […]. Quizá este sea el texto más maravilloso del Evangelio. Aquí el trasfondo consiste en que, al tener el Cielo en perspectiva, las motivaciones de Pablo en su vida y su ministerio son complacer a Cristo, no a aquellos a quienes ministra (v. 9). Sin embargo, lejos de insinuar una indiferencia hacia sus oyentes, el amor de Cristo le empuja (v. 14) a servir como embajador de Cristo, a proclamar la reconciliación, sobre la base del sacrificio de Cristo por nuestros pecados y su don de la justicia perfecta.<br />
El evangelio también es aplicable a los cristianos. También es aplicable a los ministros. Necesitamos que eso se nos recuerde constantemente. Aunque intentemos servir a Dios con nuestros mayores esfuerzos, seguimos siendo pecadores. […]. Eso puede suponernos grandes problemas. Pero el Evangelio también es aplicable a nosotros. Debemos recordarnos a nosotros mismos a menudo la maravillosa implicación de este texto. Tal como el hecho de que Jesús estuviera libre de pecado no fue una barrera para que se le imputaran nuestros pecados, igualmente en Cristo, el hecho de nuestro pecado no es una barrera para que se nos impute la justicia de Dios. […]</p>
<p>Podrás recordar las conversaciones de Spurgeon con John Ploughman en las que el gran hombre ofrece sabios consejos. En una conversación con el viejo campesino, el anciano nos dice lo siguiente: “El otro día el diablo me estuvo tentando. Era incapaz de responder a su acusación. Es un abogado veterano y sabe más de leyes que yo. De modo que le pregunté: “¿Qué buscas con tus insidias?”. “Bueno—dijo el diablo&#8211;, tu alma. “Ah—dije, eso no es cosa mía. He puesto mi alma en manos de Cristo. Le he encomendado todo. Si quieres una respuesta para tus acusaciones, lo mejor que puedes hacer es ir a verle’”. Esa es nuestra respuesta. </p>
<p>Una de las mayores dificultades de ser cristiano, y especialmente un ministro cristiano, es afrontar nuestros fracasos: nuestros pecados, nuestros defectos (algunos de ustedes no fracasan nunca, ¿no es así?). Cristo es la respuesta. Y aparte de nuestros pecados, uno de los mayores motivos de depresión entre buenos cristianos es el perfeccionismo en las cosas que intentamos hacer por Cristo (aunque se diga que “Solamente lo mejor es suficiente para mi Señor”, existe un terrible orgullo detrás de gran parte de ello). Y la presión que uno pone sobre sí mismo puede llevar a quebrantarle. Pero nunca viviremos ni serviremos perfectamente. Eso es lo cierto. Pero vivimos por el Evangelio (2 Corintios 5:21). Y ese gran texto transforma nuestra perspectiva y nuestros fracasos. </p>
<p>¿Cómo enfocar los problemas? No como los enfoca el mundo contemporáneo. Obran para nuestro bien. Capacidad pastoral; autenticidad ministerial; gloria eterna; humildad práctica; realidad evangélica. […]      </p>
<p><i>Esta lectura es un extracto de un artículo publicado en Nueva Reforma por Editorial Peregrino. El artículo es una traducción por Editorial Peregrino de una conferencia por el autor. Es publicado aquí con permiso. Esta es la segunda de dos partes.</i></p>
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		<title>El ministro público y sus presiones privadas</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 22:40:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pastor]]></category>
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		<description><![CDATA[John Benton Yo no soy un actor y la congregación tampoco es el público. Si se quiere pensar en términos de una representación, lo cierto es que ustedes son los actores, Dios es el público y yo solo soy el apuntador con la tarea de recordarles el texto y la forma en que deben ejecutar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/12/pastor_articulo_presiones.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/12/pastor_articulo_presiones.jpg" alt="" title="pastor_articulo_presiones" width="133" height="200" class="alignleft size-full wp-image-322" /></a><strong>John Benton</strong></p>
<p>Yo no soy un actor y la congregación tampoco es el público. Si se quiere pensar en términos de una representación, lo cierto es que ustedes son los actores, Dios es el público y yo solo soy el apuntador con la tarea de recordarles el texto y la forma en que deben ejecutar la obra que Dios les ha entregado. Recordar eso alivia gran parte de la presión sobre el predicador. </p>
<p>Nota: Este artículo no trata la depresión clínica, una patología que precisa de tratamiento médico. </p>
<p>Tras hacer un elenco aleccionador de todas sus pruebas, castigos, azotes, privaciones y fatigas, Pablo pasa a hacer su famosa afirmación de 2 Corintios 11:28: “Y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”. </p>
<p><span id="more-321"></span></p>
<p>El término “preocupación” se deriva probablemente de una raíz que significa desgarramiento, algo que tira en distintas direcciones. Pablo se sentía desgarrado y presionado por los problemas de las iglesias. Pero gracias a otros pasajes del Nuevo Testamento sabemos que se enfrentaba a muchos otros problemas. Le angustiaba sobremanera la impiedad reinante en la sociedad: la idolatría de Atenas. Gracias a 1 Corintios 7 sabemos que era muy consciente de las distracciones y la angustia que podían ocasionar el matrimonio y las relaciones familiares, por lo que expresó su preferencia personal por la soltería, aunque no cabe duda de que tampoco este estado estaba exento de problemas. Asimismo Pablo, como cualquier cristiano sensible, era consciente de sus propios pecados. “¡Miserable de mí!” decía, y se declaraba el “primero de los pecadores”. “¿Cómo puedes tener la arrogancia de encaramarte a un púlpito?”, nos dice el diablo burlonamente. También sabemos que en una cultura arrogante que se mofaba de Jesucristo, Pablo tuvo que animar a Timoteo su ahijado para que no se avergonzara del Evangelio. Es indudable que también Pablo sufrió esa tentación. Pablo debió de sentirse muchas veces solo y olvidado en su encarcelamiento: menciona a Timoteo que Onesíforo tuvo que buscarle “solícitamente” hasta hallarle en una de las míseras prisiones de los bajos fondos de Roma. Podemos imaginar a Onesíforo inquiriendo en la recepción. “¿Pablo qué?”, responden. “No me suena de nada”, un paria anónimo perdido  en una maquinaria burocrática descarnada. ¿Te has sentido así alguna vez? Pablo había recibido críticas desde las iglesias: “Tu ministerio es demasiado riguroso, y no has venido a visitarnos como prometiste”, decían los corintios. Pablo sabía lo que era perder miembros de su congregación, y ver cómo sus colaboradores le traicionaban y se convertían en falsos maestros. Y las persecuciones no eran lo único. Muchos ministros se enfrentan a problemas persistentes y debilitantes que son patrimonio específico suyo. Para Pablo era el “aguijón en la carne” que menciona en el capítulo 12:7, puede que alguna enfermedad dolorosa y vergonzante o quizá algo distinto. Oró con frecuencia para ser despojado de él, pero nunca se le concedió. Somos el objetivo de Satanás, y todas estas cosas y muchas más son motivo de preocupación y pueden llevarnos a una espiral depresiva y a la parálisis en nuestro ministerio. Este mundo es un mundo caído y la presión es consustancial al ministerio cristiano. Para Pablo era una realidad cotidiana. La pregunta es: ¿cómo enfrentarse a ella? </p>
<p>Quisiera hacer solamente dos cosas. En primer lugar consideraremos someramente la forma en que el mundo nos anima a resolver nuestros problemas. En segundo lugar, consideraremos la forma en que la Palabra de Dios nos dice que respondamos a las presiones. </p>
<p><strong>El mundo contemporáneo: la cultura de la terapia</strong></p>
<p>La sociedad y la época en que vivimos tienen una mayor influencia en nosotros de lo que quizá imaginemos. </p>
<p>Si leemos 2 Corintios veremos que una de las cosas más sorprendentes es la extremada renuencia de Pablo a hablar de sí mismo. El trasfondo de 2 Corintios es el de un ataque a las credenciales de Pablo como apóstol y ministro de Cristo. Vemos cómo hay falsos maestros que desean ocasionarle problemas y hacerse con la iglesia. Se les califica de “súper-apóstoles”, que impresionan a los crédulos, se jactan de su poder espiritual y de tener revelaciones y facultades celestiales para resolver todos los problemas. En contraste, a Pablo se le descalifica como alguien que solo tiene problemas, que hace la vida imposible a los demás y que ha faltado a su promesa de volver a Corinto. Pablo se ve obligado, pues, a defenderse y hablar en su favor. Pero no es algo que le guste. </p>
<p>Comoquiera que sea, vivimos en una atmósfera muy distinta de la actitud humilde de Pablo. Nuestra época ha recibido el apelativo de “el siglo del ego”. Nos centramos en nuestras emociones y no paramos de hablar de nosotros mismos. El hincapié en el ego y en “sentirse bien con uno mismo” es una característica distintiva del mundo occidental contemporáneo (cf. 2 Timoteo 3:2,5). Lo sustenta el “ateísmo tácito” de nuestra sociedad y va de la mano con la transición desde el mundo racionalista moderno a una cosmovisión posmoderna. Sin un Dios, sin un sentido general, nuestro mundo carece de un hilo argumental, no hay ninguna fe o ideología por las que valga la pena vivir, por lo que vivir para uno mismo y para sentirse bien consigo mismo es el único sentido posible para la vida. Los sentimientos lo son todo. Términos como “bueno” y “malo” se redefinen como categorías emocionales, no morales. Lo “bueno” es lo que te hace sentir bien, etc. Y esta actitud tiñe toda la forma en que nuestra sociedad responde ante el dolor y los problemas. Esto es completamente distinto de Pablo y de la “ética protestante” del trabajo duro, el sacrificio y la humildad como virtudes. </p>
<p>La medicina y la atención médica ha progresado paralelamente a este hincapié en las emociones, y en los últimos cincuenta años hemos asistido al surgimiento de lo que se ha dado en llamar la “cultura de la terapia”. Todo el negocio de la psicología de bolsillo, el asesoramiento y la terapia ha florecido con miras a ayudar a las personas a manejar sus emociones y “sentirse mejor consigo mismas”. Esto conlleva muchos problemas graves. Pero a efectos de este estudio señalaremos que el problema consiste en que la “cultura de la terapia” tiende a considerar a las personas desde una perspectiva psicológicamente determinista: eres aquello en lo que te ha convertido tu educación, tus circunstancias y tu herencia genética. Ahora bien, esto nos conduce a algunas contradicciones extrañas en lo más profundo del concepto que tienen las personas de sí mismas. Como ideal, siguen considerando al ser humano maduro como un agente libre que se expresa a sí mismo y toma sus decisiones sin trabas. Pero al mismo tiempo, nuestros problemas emocionales—como la ira o la depresión—se atribuyen a influencias que suelen escapar a nuestro control, por lo que no somos agentes libres en absoluto. Y este enfoque tiene la trágica tendencia a empujar a las personas a verse a sí mismos como víctimas impotentes. En un estudio acerca de las influencias culturales de la actualidad podemos leer que “el aumento del victimismo, una disminución en las expectativas con respecto a la competencia y la capacidad humanas y una creciente confianza en la intervención terapéutica tienen como consecuencia el menoscabo del yo, lo que acentúa la fragilidad y la vulnerabilidad humanas”. </p>
<p>En otras palabras, cuando afrontamos problemas y penurias, la influencia dominante de nuestra cultura será animarnos a considerarnos vulnerables y lastimados, y a compadecernos de nosotros mismos. Ahora bien, quizá no comulguemos personalmente con la teoría que hay detrás de esta “cultura de la terapia”, puede que hasta la rechacemos. Pero empapa de tal forma la atmósfera de nuestra sociedad, apela de tal modo a nuestras naturalezas pecadoras y egocéntricas, que influye en nosotros más de lo que creemos. El propósito de hacer que todo el mundo se sienta bien da la impresión de que la vida debería ser perfecta, de que no deberíamos tener problemas. Pero eso puede alimentar el enfado ante el hecho de que tengamos problemas. Por otra parte, el enfoque determinista general, que tiene el efecto de trasladar la culpa y decirnos que en última instancia no tenemos la culpa de nuestros problemas, nos hace sentir atrapados, víctimas de unas circunstancias de las que jamás podemos escapar. Me parece la receta perfecta para la depresión. </p>
<p>Ahora bien, la forma en que nos vemos a nosotros mismos, los términos en que nos concebimos, tiene un efecto en nuestra resistencia ante las dificultades. Esa es la acertada premisa en que se basa toda la propaganda bélica: desmoralizar al enemigo. A la hora de enfrentarnos a los problemas y las dificultades, la cultura de la terapia estimula en nosotros el concepto propio de víctimas vulnerables e impotentes. Esto no tiene nada que ver con la forma en que Pablo desea que nos veamos. Recordemos los tres ejemplos a imitar que presenta a Timoteo para enfrentarse a momentos difíciles en el ministerio (2 Timoteo 2:3-7). Buenos soldados, ¡los soldados reciben heridas en la batalla! ¡Un atleta debe esforzarse hasta el dolor! ¡Un labrador no espera obtener resultados inmediatos de las semillas que plantó el día anterior! […]</p>
<p>Ahora bien, no digo que el Señor Jesucristo no se compadezca de nosotros en nuestras penurias y nuestras dificultades. Lo que afirmo es que, si permitimos que se apodere de nosotros, la cultura de la terapia de hoy día erosionará nuestras defensas, nos convertirá en pusilánimes, en personas irritadas y quejumbrosas. Nos empequeñecerá como seres humanos y como ministros cristianos. Temo que este problema se esté apoderando de las iglesias. </p>
<p>Una encuesta muestra que el 38% de los pastores de Gran Bretaña se sienten “abrumados por las exigencias de los cuidados pastorales”. Bien, si tenemos una congregación de personas en que todo el mundo se compadece de sí mismo y se siente una víctima vulnerable, las exigencias al pastor serán cada vez mayores; y si él también se compadece de sí mismo y se siente una víctima vulnerable, ya tenemos todas las papeletas para el desastre. La Convención Bautista del Sur de EEUU celebrada en septiembre de 2002 calculaba que la tercera parte de los obreros y los pastores de sus 62 000 iglesias bautistas “estaban deprimidos por las elevadas exigencias de sus trabajos”. Bueno, no es motivo de sorpresa en una cultura de la terapia como la nuestra. </p>
<p>¿Y qué sucede con nosotros? Una de las mayores preocupaciones hoy día es el escaso número de jóvenes que se ordenan como ministros en las iglesias evangélicas independientes. ¿A qué se debe esto? ¿Se desaniman los jóvenes porque los ministros mayores somos un puñado de quejicas que no hacen más que dar la impresión de que el ministerio cristiano es un trabajo que nos abruma, en lugar de una fuente de gozo? </p>
<p><i>Esta lectura es un extracto de un artículo publicado en Nueva Reforma por Editorial Peregrino. El artículo es una traducción por Editorial Peregrino de una conferencia por el autor. Es publicado aquí con permiso. Esta es la primera de dos partes.</i></p>
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		<title>La prioridad de pastorear el rebaño del Señor III</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jul 2011 14:32:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Alan Dunn El aspecto final de nuestro estudio es la visita pastoral y la supervisión privada de las ovejas: nuestra responsabilidad de alimentarlas, de proveer para ellas; nuestra responsabilidad de protegerlas, de guiarlas, de conducirlas y de dirigirlas. Con el fin de llevar todo esto a cabo, preocupándonos de todo el mundo, nuestra vida deberá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/07/pastores_segun.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/07/pastores_segun.jpg" alt="" title="pastores_segun" width="230" height="344" class="alignleft size-full wp-image-318" /></a><strong>Alan Dunn</strong></p>
<p>El aspecto final de nuestro estudio es la visita pastoral y la supervisión privada de las ovejas: nuestra responsabilidad de alimentarlas, de proveer para ellas; nuestra responsabilidad de protegerlas, de guiarlas, de conducirlas y de dirigirlas. Con el fin de llevar todo esto a cabo, preocupándonos de todo el mundo, nuestra vida deberá estar implicada en la de nuestra gente a nivel privado, personal. Un verdadero pastor se preocupa por sus ovejas y en la relación que existe entre pastor y ovejas; este tiene la prerrogativa de iniciar el compromiso con ellas, y no limitarse a responder a la llamada de ayuda; él ve la posible amenaza que se dibuja en el horizonte porque es un vigía, porque está cuidando y observando el estado del rebaño. Tiene el privilegio de tomar la iniciativa con aquella oveja que, a su entender, necesita un cuidado, una provisión y una protección adicionales. Junto con la preparación de su sermón, con su ministerio de oración intercesora, el pastor tiene que estar al tanto de su rebaño. Esto es conocimiento general; sabiduría general. En Proverbios veintisiete, versículo veintitrés, dice: “Conoce bien la condición de tus rebaños y presta atención a tu ganado”.</p>
<p><span id="more-316"></span></p>
<p> Ahora bien; esta interacción individual, privada, cara a cara, puede ser el resultado de algo que el pastor observe mientras esté viviendo entre su gente, ejerciendo su ministerio, y predicándoles de forma pública.</p>
<p> Por ejemplo: si, mientras estáis predicando, observáis que una de vuestras ovejas está sentada, de brazos cruzados, cabizbaja, y que solo mueve su cabeza; que cuando dices algo se limita a poner los ojos en blanco y sacudir su cabeza, a menos que tú seas del planeta Martes, aquí en la tierra eso significa que ese hombre no está recibiendo lo que tú estás diciendo: tiene un problema con aquello que tú estás hablando; si sales del santuario y ves a dos ovejas que están debatiendo y discutiendo sobre lo que acabas de predicar, o tienen un altercado sobre algo que incluso desconoces, pero sabes que tienen una controversia; o si ves a un matrimonio que va hacia el coche al final del culto, y él tiene mala cara y ella está arremetiendo contra él y son dos de tus miembros; como observador, como alguien a quien se le ha dado la responsabilidad de cuidar a sus ovejas, estas son cosas que te atañen. Bíblicamente tienes la prerrogativa de iniciar un encuentro, una interacción: o bien hablas con las ovejas allí y entonces, o, si no es apropiado, les pides que queden contigo de forma privada para poder preguntarles si estás interpretando las cosas de manera correcta. Cuando estabas sentado moviendo la cabeza, ¿te dolía el estómago? O, ¿hay algo de lo que dije sobre lo que necesitemos hablar, o que tenga que aclarar un poco más? Hay ocasiones en las que, como pastor, puedes ir junto a las ovejas y hacerles preguntas porque algo te haya llamado la atención y que tenga que ver contigo. No eres un asalariado; ¡te importan! Te preocupan las ovejas, te preocupas por su unidad, te preocupas por sus almas, por su relación los unos con los otros; te preocupa que el Espíritu se vea contristado en el rebaño.</p>
<p> Esta interacción, cara a cara, puede programarse o estructurarse formalmente. Podemos intentar tener visitas pastorales cada año, más o menos, con nuestra gente. Podemos tener hojas de inscripción y las personas pueden programar una hora para que el pastor venga y hable con ellos en privado. No tiene por qué ser a causa de un problema, o de una crisis, o una preocupación en sí, sino solo para poder saber en qué condiciones se halla el rebaño; para que ellos puedan conocernos, saber que hay una comunicación y que nosotros podamos entender mejor cómo orar por ellos en nuestras oraciones de intercesión. De este modo podremos percibir mejor el nivel en el que se halla nuestra congregación y así prodigarles mejor el ministerio de la Palabra de Dios hacia ellos.</p>
<p> Hace un par de años, en nuestra relación pastoral con la gente, tuvimos la impresión de que un puñado de personas de nuestra iglesia estaba teniendo algunas tensiones matrimoniales. Esto surgió en una reunión de ancianos: ¿sabéis una cosa? Tenemos unas cuantas familias aquí que parecen estar enfrentándose a luchas en su matrimonio. Esto es lo que haremos en nuestra próxima Escuela Dominical para adultos. Tocaremos el tema del matrimonio, porque esta es la forma en la que podemos ministrar la Palabra a este rebaño en este momento concreto. Ahora bien; cuando tenemos ese tipo de reuniones de supervisión pastoral, en mis encuentros con las ovejas suelo hacer preguntas sobre tres áreas distintas:</p>
<p> En primer lugar, sobre su propio discipulado. ¿Estáis comprometidos con vuestros devocionales personales? ¿Estáis cultivando vuestra comunión con Cristo en oración? ¿Estáis enfrentando algo en vuestro discipulado personal con Jesucristo en lo que yo pueda seros de ayuda? ¿Qué estáis leyendo? ¿Cómo es vuestra vida de oración? ¿Cómo está vuestra conciencia? ¿Cómo es vuestro caminar personal con Dios?</p>
<p> En segundo lugar, ¿cómo van las cosas en la familia? ¿Cómo van las cosas en el matrimonio? ¿Qué tal con los niños? ¿Qué tal con tus hermanos o tus hermanas, o tus padres? ¿Estás teniendo devocionales en familia? ¿Oráis juntos como una familia? ¿Leéis la Palabra de Dios? ¿Hay preocupaciones en lo que respecta a la familia de las que yo debería estar al corriente?</p>
<p> En tercer lugar, ¿qué tal van las cosas en la iglesia? ¿Estás recibiendo beneficio del ministerio del púlpito? ¿Hay algunas preguntas que te gustaría hacer en cuanto a las cosas que se están enseñando? ¿Estás cumpliendo tus obligaciones de membresía? ¿Tienes relación con el pueblo de Dios de una forma sana? ¿Hay alguna preocupación entre el pueblo de Dios que tú también tienes? ¿Existe alguna preocupación en cuanto a lo que se hace como iglesia, con respecto a nuestra implicación en misiones, a la mayordomía de nuestras finanzas, o alguna pregunta en esas líneas?</p>
<p> Estas son las tres áreas principales sobre las que intentamos charlar, por lo general. Tu caminar personal con Dios, tu familia y tu vida en la iglesia. ¿Estás ministrando? ¿Qué dones tienes? ¿En qué estás contribuyendo en lo que respecta a la vida y en el ministerio de la iglesia? ¿Estás creciendo por medio del servicio mientras ejerces el ministerio que Dios te ha dado?</p>
<p> Ahora bien; de este tipo de compromiso, puedes descubrir rápidamente que hay cosas que necesitan tu seguimiento; cosas sobre las que tienes que reunirte con ellos y cosas que te harán desear programar otros encuentros para poder comprometerte en orientarles.</p>
<p> Estás intentando reconocer la gracia de Dios en ellos; estás intentando darles instrucciones prácticas y ayudarles a conocer lo que significa ejercer la salvación.</p>
<p> En primera de Corintios capítulo siete y versículo veinticinco, Pablo da algunos consejos y esto consiste en un reto porque tenemos que ser capaces de discernir cuándo, como pastores, tenéis que orientar, aconsejar y cuándo tenéis que explicar la Palabra de Dios y cuándo tenéis que darles aquello que ata su conciencia a la Palabra y que ellos, como pueblo de Dios están obligados a seguir.</p>
<p> Pablo era capaz de hacer esa diferencia. Él dice: “En cuanto a las doncellas no tengo mandamiento del Señor, pero doy mi opinión como el que habiendo recibido la misericordia del Señor es digno de confianza”.</p>
<p> Pablo dice —y, el reto es, por supuesto, que su opinión está escrita en las Escrituras. ¡Huh! Pero, al menos, entendemos que Pablo sabía cuándo decía: “Hablo por mandamiento del Señor”, y cuándo decía: “doy mi propia opinión sobre este tema”.</p>
<p> Por supuesto que su opinión tenía que ver con su orientación en cuanto a las vírgenes. El mandamiento del Señor para las vírgenes era su pureza virginal, que fueran obedientes en lo que se refería al séptimo mandamiento y este puede obedecerse ya sea que permanezcan solteras o que se casen. Este mandamiento es innegociable, pero en vista de las persecuciones que presionaban a la iglesia de Corintios, Pablo da una opinión y aboga por el celibato. Es un consejo pastoral. Rechazarlo no es pecado, pero es sabio tomarlo en consideración, y de eso trata el consejo. Se trata de buscar la sabiduría, la aplicación práctica de los mandamientos. A la hora de tratar con nuestras ovejas, cuando estamos hablando con ellas, tenemos que ser capaces de entender lo que estamos diciendo; los mandamientos del Señor que dicen: “Así dice el Señor” y, cuando hablamos con ellas como hombres, dotados con cierta medida de discernimiento, que solo estamos dando una opinión, una orientación. El consejo de hombres sabios en cuanto a cómo aplicar la palabra de Dios en los asuntos prácticos de la vida, es muy beneficioso.</p>
<p> El hombre sabio busca tales consejos. Los necios solo se escuchan a sí mismos y no buscan consejo: Proverbios 12:15; Proverbios 13:10; Proverbios 15:22; Proverbios 24:6; Proverbios 27:9.</p>
<p> Todos estos proverbios recalcan el beneficio que hay en recibir consejos prácticos por parte de hombres cuya mente se ha informado en la Palabra de Dios y cuya vida, experiencia y ejemplo nos recomiendan la obediencia cristiana práctica.</p>
<p> Tienen que ser, para nosotros, las voces de la sabiduría y nosotros tenemos que ser esas voces en la vida de nuestra gente y exhortarles, alentarles y dirigirles.</p>
<p> En Deuteronomio capítulo diecisiete, leyendo en el versículo ocho, los principios o las analogías cara a cara no son directamente aplicables al ministerio pastoral en el sentido de ser como los antiguos jueces entre nuestra gente, pero hay una cierta relevancia en el propio principio. En Deuteronomio 17:8, leemos así:</p>
<p> “Si un caso es demasiado difícil para que puedas juzgar, como entre una clase de homicidio y otra, entre una clase de pleito y otra, o entre una clase de asalto y otra, siendo casos de litigio en tus puertas, te levantarás y subirás al lugar que el Señor tu Dios escoja, y vendrás al sacerdote levita o al juez que oficie en aquellos días, e inquirirás de ellos, y ellos te declararán el fallo del caso. Y harás conforme a los términos de la sentencia que te declaren desde aquel lugar que el Señor escoja; y cuidarás de observar todo lo que ellos te enseñen. Según los términos de la ley que ellos te enseñen, y según la sentencia que te declaren, así harás; no te apartarás a la derecha ni a la izquierda de la palabra que ellos te declaren. Y el hombre que proceda con presunción, no escuchando al sacerdote que está allí para servir al Señor tu Dios, ni al juez, ese hombre morirá; así quitarás el mal de en medio de Israel: Entonces todo el pueblo escuchará y temerá, y no volverá a proceder con presunción”.</p>
<p> Ahora bien; con esto no estoy diciendo que el pastor del Nuevo Pacto se encuentre en el lugar del sacerdote y juez, para desarrollar un oficio, como en este caso, para emitir su veredicto y que, si no se sigue, pueda poner a la iglesia en disciplina. Sin embargo, a lo que me refiero es a este principio: no actuar presuntuosamente. No debería haber nada, ningún problema con el pueblo de Dios, si se le dice algo, si oye algo; Dios te ha dado dones; los hombres viven con la mente constantemente saturada por la Palabra de Dios; hombres que están orando por ti, que están buscando tu bien, que se preocupan por ti. No son hombres perfectos; no son hombres sin pecado, pero son hombres a los que se les ha dado un depósito de sabiduría práctica de cómo hacer las cosas para vivir la vida cristiana. Buscad su contribución. Buscad su orientación. Discernid entre opinión y mandamiento, pero entended que cuando el pastor intenta dar un consejo práctico, no está tratando de dominar, ni de manipular; solo trata de ser para ti aquello que Cristo le ha hecho ser: un medio de gracia, una ayuda, una asistencia. Ahora bien; algunos que me escucharan decir estas cosas me mirarían y dirían: “Solo tratas de tener mano dura; te estás entrometiendo. Quieres involucrarte en cosas que no son de tu incumbencia”.</p>
<p> Hermano, no entiendo esa mentalidad. Si hay un verdadero corazón de pastor, y si el pueblo de Dios quiere saber sinceramente cómo agradar a Cristo, ¿no podremos reunirnos y abrir nuestra biblia e intentar conocer la mente de Cristo en las formas prácticas de obediencia? ¿No tendremos el suficiente discernimiento como para decir: esta es mi opinión, este es mi consejo acerca de este tema? Ahora bien; si no aceptáis mi opinión, si no actuáis según mi consejo, esto no significa necesariamente que estéis quebrantando la ley de Dios. No es más que consejo; solo es orientación, pero esto es parte de lo que Dios ha hecho que yo sea para ti: una fuente de orientación.</p>
<p> Puedo decirte que, cuando yo era un cristiano joven, me habría gustado tener a algunos pastores que hubiesen estado más atentos a los problemas por los que yo estaba pasando; que hubieran levantado el teléfono y me hubiesen llamado diciéndome: “Alan, he oído esto y estoy preocupado; ¿qué tienes entre manos? ¿Qué está pasando?”. Si esto me hubiese ocurrido, quizás al final de mi adolescencia, a principio de mis veinte años, habría podido evitar tomar algunas decisiones estúpidas. Me habría sentido protegido frente a algunas actividades pecaminosas. Quizás mis huellas en el pasado habrían sido más correctas en lugar de haber divagado fuera del camino. Puedo deciros como pastor, que yo busco consejo. Busco la aportación de hombres cuyas opiniones valoro. Acato su consejo; sopeso sus opiniones y algunas veces no siempre sigo sus consejos, pero no quiero trabajar al margen de esas opiniones. El ministerio pastoral es un medio de gracia, hermanos, una oportunidad para que podáis derramar vuestra vida en la de vuestra gente. Esta es la razón por la cual Cristo os ha dado a ellos. Llevadles la Palabra de Dios. Llevadles la Palabra de Dios de forma pública y privada. Preocupaos por ellos, protegedlos, amadlos. Invertid parte de vosotros mismos en ellos.  Molestaos por ellos. Entregad vuestra vida por ellos. Dadles la compasión, el amor de Cristo. Sed el hombre de Dios para el pueblo de Dios y Cristo os utilizará para llevar beneficio a sus ovejas y glorificarle en ellos; y, cuando el Buen Pastor vuelva, Pedro os dice que recibiréis una corona de gloria que no pasará nunca y, cuando la consigáis, os daréis cuenta del tipo de pastor que habréis sido en realidad. Os alegraréis de quitaros esa corona y decir:  la dejo a los pies del Buen Pastor; no soy más que un siervo indigno, pero ojala Dios se agrade de utilizarnos con todos nuestros fallos, los pecados que queden en nosotros nuestra debilidades, nuestras luchas, todos nuestros errores, que no seamos más que hombres de integridad, hombres como Elías, que seamos el hombre de Dios del que aprendemos en  de 2 Pedro y 2 Timoteo  y nos entreguemos para el bien del las ovejas de Cristo, por amor a Cristo y para gloria de Su nombre. Amén.</p>
<p> Oremos: Padre nuestro, oramos para que nos des tu Espíritu y nos ayudes en estos días a ministrar tu Palabra como pastores del rebaño de Dios; para guiarlos, para protegerlos, darles lo mejor que podamos como medio de gracia, de beneficio para tu pueblo para que tu nombre sea glorificado entre nosotros  y alabado. Que tu palabra sea entendida y obedecida; que tu, el buen pastor seas glorificado y que tu pueblo sea una alabanza a tu nombre, ahora y siempre. Amén. </p>
<p>Derechos Reservados.  </p>
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		<title>La prioridad de pastorear el rebaño del Señor Parte II</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jul 2011 14:22:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Alan Dunn Tras haber descrito el ministerio de pastoreo de Cristo, en tercer lugar veremos cómo se debe dar continuidad a este ministerio de Cristo, hoy día, en el ministerio pastoral. El ministerio de pastoreo de Jesucristo tiene su continuación, ahora, por medio de aquellos que Él da a la Iglesia, tras haberles dotado del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/07/pastor_con_ojevas1.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/07/pastor_con_ojevas1-300x151.jpg" alt="" title="pastor_con_ojevas" width="300" height="151" class="alignleft size-medium wp-image-312" /></a><strong>Alan Dunn</strong></p>
<p>Tras haber descrito el ministerio de pastoreo de Cristo, en tercer lugar veremos cómo se debe dar continuidad a este ministerio de Cristo, hoy día, en el ministerio pastoral.</p>
<p>El ministerio de pastoreo de Jesucristo tiene su continuación, ahora, por medio de aquellos que Él da a la Iglesia, tras haberles dotado del Espíritu Santo y haberles capacitado para que sean pastores según su propio corazón; para que alimenten al rebaño con sabiduría y entendimiento.</p>
<p><span id="more-309"></span></p>
<p> En el libro de Efesios, capítulo cuatro y versículo once, Pablo nos dice de dónde proceden esos pastores. Aquél, que es Jesucristo resucitado y exaltado, dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros. Cristo, que es exaltado, concede dones a su Iglesia y, entre ellos, se encuentran esos hombres que son pastores, alimentadores y que son también maestros en el ministerio de la Palabra.</p>
<p> ¿Por qué hace esto Cristo? En Mateo capítulo nueve, empezando a leer desde el versículo treinta y seis, vemos: “Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor”. ¿Por qué les da pastores? Por la compasión que Él siente por sus ovejas. No quiere que su pueblo se vea afligido. No quiere que sean como aquellos que no tienen protección, que no tienen alimento, que no reciben dirección de su Palabra; así pues, por compasión, Él da a su pueblo pastores según su propio corazón, para que cuiden de su rebaño y le transmitan su Palabra, su reinado, su amor, su piedad. De este modo, el ministerio del pastoreo debe continuarse a través del ministerio de la Palabra de Dios, por medio de aquellos hombres que han sido dados a la Iglesia como pastores.</p>
<p> Esto es lo que encontramos al final del Evangelio de Juan, cuando Jesús está tratando con Pedro, exhortándole en su ministerio de pastoreo.</p>
<p> En Juan veintiuno, leyendo desde el versículo quince, encontramos:</p>
<blockquote><p>Entonces, cuando habían acabado de desayunar, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?</p>
<p>    Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero.</p>
<p>    Jesús le dijo: Apacienta mis corderos.</p>
<p>      Y volvió a decirle por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas?</p>
<p>    Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero.</p>
<p>    Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas.</p>
<p>    Le dijo por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?</p>
<p>Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: ¿Me quieres? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. </p>
<p>Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”.</p></blockquote>
<p> Cristo encarga a Pedro que ministre la Palabra a su rebaño; le pide que lo pastoree como demostración del amor que siente por Jesús y como comunicador de ese amor que Jesús tiene por sus ovejas. Luego, Pedro, en su primera epístola capítulo cinco, escribe como un anciano más entre los demás; como alguien que tiene la responsabilidad del liderazgo entre el pueblo de Dios: </p>
<blockquote><p>&#8220;Por tanto, a los ancianos entre vosotros, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada: pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño”.</p></blockquote>
<p> Pastoread el rebaño de Dios. Pedro, quien recibió el encargo: “Apacienta mis corderos y pastorea mis ovejas”, ahora, en su calidad de anciano entre los demás; como alguien que viene a ministrar la Palabra al pueblo de Dios, nos dice a nosotros, ancianos, que somos los que ahora tenemos que pastorear el rebaño de Dios. En su soberanía, Dios os ha colocado entre el grupo de sus ovejas. Tenéis que ejercer vuestra mayordomía en pastorearlas y dar continuación al ministerio de pastoreo de Cristo, que fue encomendado a los Apóstoles, y que se corrobora en la Palabra de Dios; este recibe su continuidad a medida que la Palabra de Dios se va ministrando a las ovejas por medio de aquellos que han sido apartados para el ministerio pastoral.</p>
<p> Centrémonos ahora en este asunto de la provisión; el pastor que alimenta a las ovejas. En el Salmo veintitrés podemos decir que lo que representan esos verdes pastos, a los que se lleva a las ovejas para que se alimenten, es la Biblia. El Pastor dirige a las ovejas a esos pastos y hace que se alimenten de la Palabra de Dios, de manera que sus almas se nutran de las Escrituras. Por tanto, debemos entender que las ovejas se alimentan cuando se les enseña el contenido de su Biblia, cuando se les da la Palabra de Dios. Volvemos de nuevo al libro de los Hechos, capítulo veinte. Ahora vemos el hincapié que se hace en el versículo que leímos con anterioridad, el veintiocho: el Espíritu Santo nos ha colocado sobre el rebaño; nos ha hecho supervisores para que pastoreemos la Iglesia de Dios.</p>
<p> Debemos alimentar al rebaño. Tenemos que pastorear la Iglesia. ¿Qué es lo que esto implica? Cuando nos fijamos en el contexto, vemos el hincapié que se hace sobre la predicación y sobre el ministerio de la enseñanza de la Palabra.</p>
<p>      En el versículo veinte: “No rehuí declarar a vosotros nada que fuera útil, y de enseñaros públicamente y de casa en casa”.</p>
<p>      Versículo veintiuno: “Testificando solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”.</p>
<p>      Versículo veinticuatro: “[…] a fin de poder terminar mi carrera […] para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios”.</p>
<p>      Versículo veintisiete: “Pues no rehuí declarar a vosotros todo el propósito de Dios”.</p>
<p>      Versículo treinta y dos: “Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados”.</p>
<p> El ejemplo de Pablo entre los ancianos de efesios es un modelo de cómo alimentar, cómo pastorear por medio de cosas como: enseñar, predicar, declarar, testificar y encomendar a los hombres de Dios a la Palabra de Dios. De este modo vemos que, alimentar a las ovejas es ciertamente ministrar la Palabra de Dios, principalmente desde el púlpito; ser un mayordomo de la verdad y alimentar al rebaño de forma pública, desde el púlpito; pero, de la misma forma, ese mismo ministerio se extiende de casa en casa: debemos alimentar a nuestra gente con la Palabra de Dios, de manera privada y personal. Les damos la Biblia cuando estamos delante de ellos, predicando; asimismo, cuando nos encontramos sentados, con ellos, alrededor de la mesa de su cocina, aconsejándoles, también les estamos dando la Palabra de Dios.</p>
<p> Proverbios diez, veintiuno dice: “Los labios del justo apacientan a muchos, pero los necios mueren por falta de entendimiento”.</p>
<p> Así pues, tenemos que ocuparnos de la alimentación del rebaño de Dios, pero luego, también debemos considerar ese aspecto del pastoreo que implica el proteger a las ovejas. Aquí, una vez más, nuestras biblias se abren en el libro de los Hechos, capítulo veinte, y leemos desde el versículo veintiocho: “Tened cuidado de vosotros”, proteged:</p>
<blockquote><p>&#8220;Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre. Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán al rebaño, y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas”.</p></blockquote>
<p>Aquí, Pablo destaca la responsabilidad de los pastores de guardar y proteger. En primer lugar dice: “tened cuidado de vosotros. Protegeos a vosotros mismos”. El año pasado, esta fue la primera prioridad de la serie, en dos partes, que impartimos sobre la prioridad del pastor. Guarda tu propio corazón; guarda tu propia vida espiritual porque si el pastor no está tomando su lugar, las ovejas se encontrarán en problemas. Si el pastor no se encuentra en buena salud, las ovejas no estarán bien atendidas; así es que el pastor debe cuidar de su propia alma y esto redundará en beneficio de su gente. Mantén tu dedo señalando Hechos veinte, pero pasa también a primera de Timoteo cuatro y verás cómo se recalca esta verdad en 1 Ti. 4, versículo 16: “Ten cuidado de ti mismo”. Guárdate a ti mismo, vigílate, protégete “y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan”, aquellos a los que alimentas.</p>
<p> Protegerte a ti mismo es crucial si quieres ser un fiel pastor, para que puedas proteger y cuidar al rebaño de Dios; pero Pablo dice en Hechos veinte, versículo veintiocho: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey” y, en particular, estad alertas contra la amenaza que representan los falsos maestros y las falsas enseñanzas.</p>
<p> En Tito, capítulo uno, después de describir las cualificaciones del hombre de Dios, Pablo también explica la responsabilidad y el deber que tiene esta persona. En el capítulo uno de Tito, versículo nueve, leemos que tiene que ser alguien capaz de retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza. ¿Por qué? Para que sea también capaz de exhortar con sana doctrina y refutar a los que la contradicen; para que pueda guardar al rebaño y protegerlo de aquellos que pudieran venir en medio de ellos, desde el exterior, o de los que se levantaran desde dentro del propio grupo y que enseñaran algo que no estuviera de acuerdo con la sana doctrina.</p>
<p> “Tu vara y tu callado me infunden aliento” dice David. Cuando veo el cayado… Es esa herramienta de pastor que se utiliza para traer a las ovejas de vuelta a la fila y poder guiarlas mientras él camina junto a ellas; sin embargo, cuando las ovejas ven al pastor sacar el cayado, ya saben que hay un lobo cerca que está a punto de que le aporreen la cabeza, porque esa vara es un arma de guerra que el pastor utiliza para repeler cualquier amenaza que pueda aparecer.  Esta es la responsabilidad del pastor: que guíe y dirija con su báculo; pero también tendrá que tomar el cayado para proteger al rebaño de cualquier intruso que pudiera venir e intentar alimentarlo con cualquier otra cosa que no sean las sanas palabras, la sana doctrina.</p>
<p> ¿Sabéis? El pastor siente la compasión de Cristo por sus ovejas. Este es el motivo por el cual es dado al rebaño, porque es una expresión de la compasión de Cristo. Siente preocupación por las ovejas. No es un mero orador público. No se limita a ser un simple orador que aparece y descarga su sermón sobre la gente y luego se va sin importarle si ellos lo han entendido o no; si lo han aceptado o no; si lo están aplicando y viviendo en sus vidas.</p>
<p> No es un simple cuidador profesional. Si no fuera más que esto, volveríamos al capítulo diez de Juan y entenderíamos lo que es un asalariado. No es un pastor; es una mera mano de obra arrendada. Leed de nuevo desde el versículo once del capítulo diez de Juan:</p>
<blockquote><p>“Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. El huye porque solo trabaja por el pago y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas”.</p></blockquote>
<p> Yo pongo mi vida por las ovejas. Veis, en el versículo once, Jesús dice que el Buen Pastor entrega su vida y termina diciendo, de nuevo en el versículo quince, “doy mi vida”.</p>
<p> El pastor, que lo es según el corazón de Cristo, está dispuesto a sacrificarse en beneficio de las ovejas para que estas puedan estar protegidas y, de ese modo, estar a salvo. Ahora bien; Jesús dice del hombre que no hace esto que: “no es un pastor. Que es un asalariado. Es una mano de obra arrendada”.</p>
<p> Esto quiere decir que, la mano de obra arrendada, puede hacer la labor de alimentar al rebaño. Puede darles de comer; pero cuando ve venir a un lobo, cuando ve llegar el peligro, cuando ve que surgen los problemas, su primera y principal preocupación es por él mismo. Si hay peligro, si hay dificultades, si hay problemas, el asalariado piensa primero en sí mismo, y deja y permite que las ovejas queden desprotegidas y sin protección. El lobo viene y empieza a causar estragos y dispersa al rebaño, y Jesús nos dice por qué este hombre actúa de esta forma. En un día de paz, en un día de tranquilidad, él alimenta a las ovejas, cumple con esa tarea, pero cuando llega el momento de la prueba y llega la aflicción, su corazón queda al descubierto. Puede predicar un sermón, claro está, pero cuando surgen los problemas, él está pensando en sí mismo y no siente un amor verdadero; no tiene un corazón que se preocupe verdaderamente por el pueblo de Dios. No se queda; no lucha; no defiende ni protege a las ovejas; en lugar de ello, las deja y permite que se les haga daño. ¿Por qué? Jesús dice que esto es porque, versículo trece, no se preocupa por las ovejas. Solo se preocupa de sí mismo.</p>
<p> Este es uno de los retos a los que nos enfrentamos hoy en el ministerio, a causa de las comunicaciones, por culpa del internet. Podemos ir y descargar a nuestros predicadores favoritos y escucharles. Ya sabéis, cinco o seis de las voces principales que son tan populares en nuestro tiempo; hombres que dicen muy buenas cosas y nuestras ovejas pueden sentirse atraídas por esas voces famosas y se sentarán en el banco y te mirarán diciéndote: “¿Cómo es que no predica usted esto y lo otro? ¿Por qué no habla usted acerca de esto?” ¿Comprendéis? Ellos tienen la sensación de que, todo lo que necesitan es a alguien que les predique un sermón y se pierden el hecho de que Jesús les haya dado pastores. El pastor es alguien que se preocupa por ellos; no es solo una voz en el audífono de un ipod, sino que es una persona que les mira a los ojos; pone sus manos sobre ellos; está involucrado en sus vidas; ora por ellos; se preocupa por ellos; vive entre ellos y se derrama a sí mismo por ellos.</p>
<p> El tema es que, a causa de esas grandes personalidades de la comunicación, las personas pueden proyectar a veces sus expectativas y que estas queden muy lejos de la realidad; no sean bíblicas; y que necesiten recibir los medios de gracia. Además, el ministerio del pastoreo es un medio vital de gracia. Esta es una declaración fidedigna, digna de ser totalmente aceptada; si alguien desea la obra de supervisor, la tarea que desea hacer es una buena obra.</p>
<p> Este es un aspecto necesario del cuidado de Cristo por su pueblo; no se trata de una personalidad de las comunicaciones; no es la voz que sale de un ipod, o de una pantalla, sino que es un medio terrenal, una vasija de barro, un pecador como los demás que está trabajando por su salvación junto con su ministerio al pueblo de Dios. Esta es la realidad del pastoreo. El pastor está preocupado por las ovejas. Tiene un conocimiento íntimo de las ovejas y estás tienen la responsabilidad de conocerle. Su vida tiene que estar tejida de una forma que refleje la relación del Padre con el Hijo: tiene que haber un amor; tiene que haber un conocimiento; una preocupación, un compromiso. Sin ese corazón, sin esa preocupación, el hombre no será más que un asalariado, y esto nos lleva ahora a este otro aspecto del pastoreo: al de presidir sobre, al de cuidar, al de dirigir.</p>
<p> Un pastor debe proporcionar alimento, proteger contra las falsas doctrinas y, después, guiar también, cuidar y ministrar en beneficio de las ovejas. En primera de Timoteo, capítulo tres, cuando Pablo describe las cualificaciones del pastor, utiliza una palabra que resulta muy interesante.</p>
<p> En primera de Timoteo, capítulo tres, versículo cinco: “Si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?&#8221;</p>
<p> La Iglesia debería ser capaz de ver qué tipo de beneficio se derivará del liderazgo de ese hombre y qué tipo de provecho les reportará, solo con mirar a su esposa, a sus hijos. Así podrán ver que ese mismo será el impacto de su liderazgo espiritual porque ese es el resultado de vivir bajo su gobierno y su dirección. De muchas formas, hermanos, vuestra esposa es el mejor testimonio que puede cualificaros para el ministerio porque el pueblo de Dios podrá mirarla y decir, si ella prospera: bien, esto es lo que ocurre con las personas que se hallan bajo el liderazgo de este hombre, bajo su cuidado y su preocupación. Si sus hijos son dóciles y manejables, de forma que sean decentes y ordenados, que se merezcan una respetabilidad hacia ellos, entonces será el efecto del liderazgo de este hombre sobre las personas; ¿lo entendéis? Pablo dice que podéis fijaros en eso para contestar a la pregunta de ¿cómo cuidará ese hombre a la Iglesia?</p>
<p> Ahora bien, el único otro lugar donde se utiliza esta palabra es en Lucas diez, treinta y cinco, cuando se describe al buen samaritano que cuidó al hombre al que le habían robado y habían golpeado, dejándolo abandonado. Esto quiere decir que cuidar al rebaño requiere que se hagan cosas que, a menudo, nos resultan incómodas; que tenemos que salirnos de nuestro camino para cuidar, proteger, guiar y dirigir al pueblo de Dios.</p>
<p> En Lucas capítulo quince esto implica la responsabilidad de buscar a una oveja que esté deambulando, que esté vagando, que se encuentre indefensa y en posible peligro. En Lucas quince leemos, desde el versículo tres:</p>
<p>      “Entonces Él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la que está perdida hasta que la halla? Al encontrarla, la pone sobre sus hombros, gozoso; y cuando llega a su casa, reúne a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido’. Os digo que de la misma manera, habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento”.</p>
<p> Esta es la descripción del pastoreo, que era un conocimiento común para el pueblo en el tiempo de Jesús. El pastor se da cuenta de que una de sus ovejas anda perdida y deambulando. Se asegura de dejar a las noventa y nueve a buen recaudo, que estén alimentadas, que estén protegidas, que estén a salvo y luego se toma la molestia de ir tras esa oveja para poder recuperarla. Es la imagen de un ministro que busca cómo traer de vuelta a una oveja desobediente, equivocada, que la llama al arrepentimiento para poder traerla de vuelta al redil, al orden; busca a la enferma, a la indisciplinada para poder restaurarla.</p>
<p> En Ezequiel capítulo treinta y cuatro, tenemos un pasaje del Antiguo Testamento, que critica duramente a los pastores de aquel tiempo; desde el versículo uno y hasta el seis leemos:</p>
<p>      “Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza y di a los pastores: ‘Así dice el Señor Dios: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Coméis la grosura, os habéis vestido con la lana, degolláis a la oveja engordada, pero no apacentáis al rebaño. Las débiles no habéis fortalecido, la enferma no habéis curado, la perniquebrada no habéis vendado, la descarriada no habéis hecho volver, la perdida no habéis buscado; sino que las habéis dominado con dureza y con severidad. Y han sido dispersadas por falta de pastor, y se han convertido en alimento para toda fiera del campo; se han dispersado. Mis ovejas andaban errantes por todos los montes y por todo collado alto; mis ovejas han sido dispersadas por toda la faz de la tierra, sin haber quien las busque ni pregunte por ellas”.</p>
<p> El pastor es recriminado porque las ovejas no están bien cuidadas y Dios mira a sus ovejas y dice: “Las veo merodeando sin protección alguna. Veo a algunas que están enfermas y nadie las alimenta. Las veo flacas y cojas, y no reciben alimento; y miro a los pastores y veo que se están dando atracones, procurando su propia comodidad y descuidando a las ovejas, mientras van en busca de su propio bienestar”. Cuidar a las ovejas significa que tendremos que sufrir molestias.</p>
<p> Somos responsables ante Cristo por la condición en la que se encuentre su rebaño y me gustaría pensar que, mientras digo estas cosas, vuestros pensamientos estén yendo hacia vuestra gente y que la tengáis en mente. Podría ser que, mientras hablamos, algo esté presionando vuestra conciencia: necesito hacer una llamada; tengo que hacer una visita; debo hacer el seguimiento de una preocupación. </p>
<p>Derechos Reservados. </p>
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		<title>La prioridad de pastorear el rebaño del Señor I</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jul 2011 13:51:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/07/prioridad_de_pastorear_el_rebano_de_Dios_Parte_I.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/07/prioridad_de_pastorear_el_rebano_de_Dios_Parte_I.jpg" alt="" title="prioridad_de_pastorear_el_rebano_de_Dios_Parte_I" width="342" height="200" class="alignleft size-full wp-image-307" /></a><strong>Alan Dunn</strong></p>
<p>Vamos a estudiar la prioridad de pastorear el rebaño del Señor. Hemos visto anteriormente la prioridad de la predicación y también la prioridad de la oración.</p>
<p> Tenemos que ser los mejores predicadores que podamos y, por medio del ministerio público de la Palabra de Dios que tiene el pastor, intentar alimentar a las ovejas con la verdad de la Palabra.</p>
<p> De hecho, en Jeremías 3:15, el Señor promete: “Entonces os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con conocimiento y con inteligencia”.</p>
<p> El pastor es alguien que alimenta al rebaño de Dios con el alimento de las Escrituras; pero el pastor es más que un orador público y su ministerio de la Palabra de Dios va más allá de la predicación en el púlpito. Es un pastor y su preocupación es que cada oveja individual del rebaño del Señor reciba el alimento de la Palabra de Dios de forma personal y específica.</p>
<p><span id="more-306"></span></p>
<p>Vamos a Colosenses capítulo uno y leemos la descripción que hace Pablo de esta preocupación por cada persona que se encuentra bajo su ministerio público.</p>
<p> Cada hombre es tema de preocupación para el Apóstol. Él le habla a todos los tipos de hombres y también, de forma individual, a cada uno de ellos. A todos los hombres. Y lo hace a un gran precio, con esfuerzo y tormento, con luchas, no confiando en su propia fuerza sino en el poder que obra poderosamente dentro de él; es una energía y una capacidad que se le da al hombre de Dios para que haga el trabajo que Él le ha llamado a hacer, porque es un hombre al que el Espíritu Santo le ha dado el don. El Espíritu Santo obra poderosamente dentro de él mientras él trabaja tan duramente como puede. Pablo dice: “trabajo”. Trabajo hasta el punto de quedar agotado. Algunas veces caigo en la cama absolutamente exhausto emocional, espiritual y físicamente, habiendo trabajado hasta el agotamiento, pero no con mi propio poder: “[…] trabajo, esforzándome según su poder que obra poderosamente en mí”.</p>
<p> La obra del ministerio pastoral requiere que se pastoree a las ovejas, que se les alimente con la Palabra de Dios, no solamente de forma pública en la adoración corporativa, desde el púlpito, sino también de una forma personal, privada e individual, esforzándonos en tener encuentros con ellos, de uno en uno.</p>
<p> Ahora bien; antes de considerar todo lo que involucra el pastoreo del rebaño de Dios, estudiemos algunas metáforas o descripciones bíblicas del ministerio pastoral. Ciertamente, el pastor es la metáfora dominante que se utiliza en la Biblia para describir el ministerio pastoral; pero no es la única. Tengo que mencionar algunas de ellas para que podáis ver el ministerio pastoral desde distintos puntos de vista, según se describe en la Palabra de Dios. Cuando vamos al libro de los Hechos capítulo veinte, encontramos la metáfora de un supervisor; en Hechos veinte, versículo veintiocho: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre”.</p>
<p> De modo que, en la tarea del pastoreo, vemos que también hay una labor de supervisión. La palabra en el original significa estar por encima para supervisar, vigilar y montar guardia sobre algo. La idea es un vigía militar, que tiene una posición para proteger al rebaño montando guardia y vigilándolo. Es, asimismo, la idea de alguien que supervisa lo que se está haciendo para asegurarse de que se está llevando a cabo aquello que ha sido encomendado. En Hebreos capítulo trece se nos da otra metáfora y es la de un gobernador o un gobernante. Aquí el sustantivo “vuestros líderes” podría traducirse por gobernadores o gobernantes. Es la idea de alguien a quien el rey le ha delegado autoridad. Es alguien responsable, delante del rey, de la prosperidad de sus súbditos, de los ciudadanos que viven en su reino. Jesús nos dice que no debemos gobernar como hacen los gentiles que imponen su propia autoridad sobre el pueblo de Dios, sino que debemos hacerlo a la manera de Cristo, en un servicio que implica el sacrificio de uno mismo por el bien de la gente. Hay que liderar a las personas por medio del ejemplo, ganándose el respeto de la conciencia y gobernando para el bien del rey, para su gloria y para beneficio de las personas y no para uno mismo ni para autopromocionarse.</p>
<p> En primera de Tesalonicenses, capítulo dos se nos da aún otra metáfora, por medio de la cual debemos entender el ministerio pastoral y esta es la de los padres.</p>
<p> En primera de Tesalonicenses dos, versículo siete leemos: “Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos”.</p>
<p> Aquí tenemos a una madre que cría a sus hijos, como descripción del ministerio y, después, en el versículo once leemos: “Así como sabéis de qué manera os exhortábamos, alentábamos e implorábamos a cada uno de vosotros […]”.</p>
<p> “A cada uno de vosotros”, ¿lo veis? El enfoque individual: cada uno de vosotros. “[…] como un padre lo haría con sus propios hijos”.</p>
<p> Así pues, como una madre que cría a su hijo tiernamente, cuidando, alimentando y ministrando, y también como un padre que exhorta, instruye y disciplina. El propósito de los padres, tanto de la madre como del padre, es ver al hijo madurar; que crezca, se desarrolle y se convierta en un adulto independiente.</p>
<p> Hay que enseñarles; predicar, pero también enseñar. Y la imagen que tenemos aquí es la de un maestro en medio de sus estudiantes. Sin embargo, la enseñanza no se limita simplemente a dar la información bíblica, aun con todo lo importante y crucial que esto es, sino que se trata de una instrucción sobre cómo seguir a Cristo, cómo vivir la vida cristiana y la forma de poner en práctica la verdad de las Escrituras. Así pues, en resumen, vemos el ministerio pastoral por medio de estas metáforas. La imagen dominante es la de un pastor en medio de sus ovejas, pero esta representación está ampliada por otras perspectivas, de manera que la labor del pastor es la tarea de alguien que debe proteger como un vigía, conducir como un gobernador, alimentar como hacen los padres e instruir como maestros, con el fin de poder guiar al rebaño de Dios por el camino del servicio obediente a Jesucristo.</p>
<p> Ahora que hemos visto esta amplia imagen del ministerio pastoral, centrémonos específicamente en el ministerio del pastoreo tal y como se describe en las Escrituras.</p>
<p> Nuestro ministerio como pastores debe seguir el modelo del propio Buen Pastor, Jesucristo, quien describe su ministerio pastoral en el Evangelio de Juan capítulo diez, comenzando a leer desde el versículo uno.</p>
<p> Bien; observemos algunos elementos de la descripción que Jesús hace de sí mismo como el Buen Pastor:</p>
<p>      Desde el versículo uno y hasta el seis se nos hace saber que el Pastor tiene un conocimiento íntimo de sus ovejas. El pastor tiene una relación personal con sus ovejas.</p>
<p>      Observemos cómo, desde el versículo siete hasta el diez, el Pastor se esfuerza con respecto a la provisión para las ovejas, para sus vidas y cómo procura protegerlas de cualquier amenaza o cualquier mal.</p>
<p>      Desde el versículo once hasta el trece, vemos de nuevo que el Pastor se compromete a proteger a las ovejas. Se le describe como aquel que se preocupa por ellas.</p>
<p>      Desde el versículo catorce hasta el dieciséis, el Pastor se niega a sí mismo por el bien de las ovejas.</p>
<p> Así pues, estos son los tres aspectos principales del pastoreo: provisión, protección, presidencia sobre las ovejas. Provisión, protección y presidir, guiar, dirigir y conducir.</p>
<p>En el Salmo veintitrés, quizás uno de los salmos sobre el pastoreo que nos resulta más familiar, se describe al Señor como nuestro pastor, en esta ocasión con términos del Antiguo Testamento. Una vez vista la descripción que se hace en Juan diez, en palabras del Nuevo Testamento, en el Salmo veintitrés leemos: El SEÑOR es mi pastor, nada me faltará.</p>
<p> Aunque el pastoreo implica muchas cosas, la labor del pastor siempre se compone de estos tres aspectos: provisión —alimentar al rebaño, cuidarlo para que esté bien alimentado—; protección, vigilancia sobre el rebaño, mantenerlo a salvo, protegerlo de las amenazas externas y cuidarlo de cualquier problema que pueda surgir de dentro del rebaño; presidir sobre él, o guiar, dirigir y liderar o conducir. Estamos llevando el rebaño a algún lugar. Le estamos dirigiendo a los caminos de un servicio obediente a Cristo para, finalmente, poder llevarlos al hogar del Padre. Estas tres responsabilidades siempre se mezclan entre sí para un ministerio fiel y bíblico de pastoreo.</p>
<p>Derechos Reservados.</p>
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		<title>Que el obispo sea irreprensible</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jul 2011 17:41:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Noble Vater Esta exigencia encabeza la lista de los requisitos pastorales. El concepto es abarcador. El Señor exige esto de todos sus hijos (Filipenses 2:15), pero el obispo tiene que demostrar esta cualidad en eminencia. Tiene que ser irreprensible. De otro modo no puede ser un supervisor del pueblo del Señor. (Obispo significa uno que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/07/que_el_obispo_sea_irreprensible.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2011/07/que_el_obispo_sea_irreprensible.jpg" alt="" title="que_el_obispo_sea_irreprensible" width="241" height="170" class="alignright size-full wp-image-300" /></a><strong>Noble Vater</strong></p>
<p>Esta exigencia encabeza la lista de los requisitos pastorales. El concepto es abarcador. El Señor exige esto de todos sus hijos (Filipenses 2:15), pero el obispo tiene que demostrar esta cualidad en eminencia. Tiene que ser irreprensible. De otro modo no puede ser un supervisor del pueblo del Señor. (Obispo significa uno que vela y cuida. Los obispos son pastores y ancianos también y viceversa. Véase Hechos 20:17, 28; 1 Pedro 5:1-4).</p>
<p>      El problema de pastores que carecen de las cualidades morales es grave. Oímos constantemente de pastores que fornican o cometen adulterio; otros no gobiernan bien sus casas. Hay aquellos deshonestos en su conducta, en sus negocios, y podríamos continuar hasta que el alma amante de Dios estaría grandemente entristecida. El celo por la casa de Dios nos consume y decimos, &#8220;Oh Señor, ven a tu templo y purifícalo&#8221;.</p>
<p><span id="more-299"></span></p>
<p>      Esta situación se debe a varias causas. Entre ellas está la confusión existente en la mayoría de las iglesias, por ejemplo, las iglesias confunden el aumento de miembros con la evangelización y conversión. Para ellas los ministros que logran resultados son los llamados del Señor y por eso no examinan sus calificaciones morales sino más bien su poder de administrar, de atraer a la gente y de hacer “crecer” la iglesia. Junto con esto, hay una confusión entre la mucha actividad y envolvimiento con los programas de la iglesia y la verdadera santidad y adoración. Los que no son convertidos en realidad pueden participar en toda actividad eclesiástica, pero no pueden llevar el fruto del Espíritu que es la verdadera santidad. Por eso tampoco pueden adorar de veras porque no tienen un corazón limpio delante de Dios.</p>
<p>      Como resultado de esta confusión, ya hace mucho tiempo que las iglesias están llenas de gente que no pueden soportar sana enseñanza que se opone a la conducta reprensible. Como muchos miembros no son irreprensibles ni quieren serlo así, no les importa tener un pastor irreprensible. Por supuesto, muchos no quieren a un adúltero ni a un ladrón, pero el que no es fiel en lo poco, no es fiel en lo mucho. Y las iglesias prefieren a un pastor un poco reprensible antes que a uno irreprensible.</p>
<p>Ahora bien, el lector quizás está preguntándose, ¿y qué pretende éste? ¿Cree que el pastor tiene que ser perfecto? Las Escrituras dicen que todos tenemos que ser perfectos como Dios es perfecto (Mateo 5:48; 1 Pedro 1:15, 16). También declaran que el que dice no tener pecado es mentiroso (1 Juan 1:8-10). Ser irreprensible no quiere decir que el cristiano nunca peca, pero que no ama y practica el pecado. No tiene algún pecado favorito que consiente y protege. Y no hay nadie que en justicia pueda decir que éste me ha hecho mal y no ha pedido perdón; no ha hecho restitución.</p>
<p>      Tenemos que dar gracias al Señor que en estos días hay muchos que otra vez han visto verdades que por ser suprimidas han causado tanta confusión y decadencia en la casa del Señor. Han visto como antes de la fundación del mundo Dios escogió un pueblo para sí para que fuese santo y sin mancha (Efesios 1:4). Ese pueblo fue rescatado por Jesucristo el Hijo. Murió por ellos para que no vivieran para sí sino para Él (2 Corintios 5:14, 15). El Espíritu Santo, por medio de la verdad, da vida a esos escogidos y los santifica (2 Tesalonicenses 2:13, 14).</p>
<p>Pero junto con aquellos que han visto estas verdades y han sentido el poder de ellas de modo que quieren honrar al Señor en todo, hay aquellos que todavía siguen los caminos de confusión. Tomando refugio en las doctrinas de la gracia soberana, viven desordenadamente y traen mal nombre sobre nosotros los que anhelamos conformarnos a la Palabra del Señor.</p>
<p>      Conocemos a algunos predicadores de la gracia soberana que se han divorciado sin causa bíblica y se han casado con otra (a veces también con una divorciada sin causa bíblica). Estos no piensan en lo reprensible de su conducta sino que siguen adelante sin poder alguno para dirigir los casados y las familias en los caminos de justicia por amor del nombre divino, porque su ejemplo hace vacías sus palabras.</p>
<p>Hay otros que están endeudados y que hacen poco o nada para pagar sus deudas, o que utilizan el dinero que deben a otros en cosas innecesarias en vez de limpiar su nombre ante todos. Otros con mal genio e impaciencia traen reproche sobre sí. El anhelo nuestro es que el Señor purifique las iglesias y que ponga en ellas pastores conforme a su corazón.</p>
<p>      Mientras tanto, con humildad y reconociendo que sólo Dios puede mantenernos irreprensibles, tenemos que desasociar nuestros nombres de aquellos que no son irreprensibles y que siguen pastoreando sin las calificaciones debidas.</p>
<p>Derechos Reservados. </p>
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		<title>La prioridad de la oraci&#243;n II</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Mar 2010 16:17:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Pastor Alan Dunn Hermanos, es necesario que oremos por las grandes preocupaciones del Reino, de manera que tengamos una vida tranquila. ¿Por qué? Para el crecimiento del Evangelio. Esto es bueno y aceptable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, quien desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/03/hands_over_bible1.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/03/hands_over_bible1.jpg" alt="" title="hands_over_bible" width="300" height="201" class="alignright size-full wp-image-284" /></a><strong>Pastor Alan Dunn</strong></p>
<p>Hermanos, es necesario que oremos por las grandes preocupaciones del Reino, de manera que tengamos una vida tranquila. ¿Por qué? Para el crecimiento del Evangelio. Esto es bueno y aceptable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, quien desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad. </p>
<p>Tenemos que orar por nuestros líderes civiles para que Dios, en gracia común, los capacite para mantener la paz civil y que nosotros, el pueblo de Dios, podamos vivir tiempos de tranquilidad para concentrarnos en los asuntos del Reino. </p>
<p>El propósito no es amasar más comodidades terrenales, sino que podamos centrarnos en hacer crecer el Reino y en dar a conocer a todos los hombres las genuinas y sinceras invitaciones que Dios hace, en el Evangelio, para que se arrepientan y vengan al conocimiento de la verdad en Jesucristo. Esto solo lo pueden hacer por medio de la proclamación del Evangelio mientras la Iglesia permanece fiel en sus oraciones, y en la proclamación, para exponer el Evangelio ante los hombres. </p>
<p><span id="more-278"></span></p>
<p>Necesitamos que nuestras reuniones de oración se centren en el Reino. Estos cultos de oración deben ocuparse de las grandes cuestiones del Reino. No podemos consentir que nuestras reuniones de oración se conviertan en un tiempo de autoindulgencia que se centre en nosotros mismos. No pueden ser momentos en los que, como iglesia reunida, se ore por cosas que serían aceptables en el contexto del entorno familiar, o en nuestros devocionales privados. </p>
<p>No necesitamos movilizar todas las energías del ejército de Dios para orar por la tía Suzi que se ha golpeado el dedo del pie, o quizás por su salvación. Pero… verán ustedes, juntos somos un pueblo comprometido en una guerra spiritual. Debemos tomar todas las armas de la oración y comprometernos en el campo de batalla para el crecimiento del Reino de Dios; para dar prioridad a las grandes cuestiones de la Iglesia y del crecimiento del Evangelio en nuestros días; y para interceder de forma cierta por los temas específicos que afectan a la vida y al ministerio de la iglesia local. Sin embargo, debemos mantener una amplia visión de lo que la oración debería ser cuando el pueblo de Dios esté reunido como una congregación.</p>
<p> Pablo dice, en el versículo ocho, mientras define sus prioridades —recordemos que, en el capítulo tres y versículo quince, está escribiendo: “para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios”— de modo que, en el versículo ocho del capítulo dos dice: </p>
<blockquote><p>“Por consiguiente, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones”.</p></blockquote>
<p>Ahora bien; algunos de nosotros aplican este versículo de forma práctica en nuestros cultos de oración, de forma que solo a los hombres se les da la responsabilidad de dirigir a la iglesia en oración. Ciertamente todos deben estar comprometidos en la oración; ¡sin embargo, en este texto el deber de orar recae específicamente sobre los hombres! </p>
<p>De muchas maneras, en lo que a las Escrituras se refiere, la oración es un compromiso masculino. Pablo, o más bien Pedro, se dirige a nosotros como maridos, en 1 Pedro 3:7, y nos dice de vivir con nuestras esposas de forma sabia y con gracia, advirtiéndonos que, de no hacerlo, ¿qué ocurrirá? Nuestras oraciones se verán estorbadas. </p>
<p>¿Has experimentado esto alguna vez? ¿Has tenido alguna vez una discusión con tu esposa? —¿eres lo suficientemente sincero para reconocer que tienes discusiones con tu esposa?—; quiero decir que algunas personas contestan de forma negativa diciendo:  yo no discuto nunca con mi mujer&#8230; Pues yo sí. Ambos somos pecadores. ¿Has discutido alguna vez con tu esposa? Las cosas no están resueltas. Abre tu biblia por la mañana. Es hora de encontrarse con Dios; comienza a orar y es como si el Señor te tocara en el hombro y te dijera: “¿no tienes una esposa? ¿Qué haces aquí, hablando conmigo, cuando ella está por allí, todavía dolida? ¿No tienes algo que hacer antes? Y entonces te das cuenta de que hay algo que debes hacer, y es ponerte en paz con ella. Necesitas resolver este tema. </p>
<p>Necesitas vivir sabiamente, en gracia con tu esposa y después volver delante del Señor y sentir que ahora tus oraciones son bien acogidas. Mirad, la oración es algo que se nos asigna a nosotros, como hombres, en la iglesia. La oración no es para los niños. Es para los hombres.</p>
<p>  “Estad alertas, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes. Todas vuestras cosas sean hechas con amor” 1 Corintios 15, 16, más bien los versículos 13 y 14.</p>
<p>  “Quiero que en todo lugar los hombres oren”. Actuad como hombres. ¿Qué hacéis como hombres? Quiero que seas un hombre de oración. Quiero que seas un hombre de oración. Cuando ores, toma tu posición de liderazgo en la casa: el esposo sobre la esposa; el padre sobre los hijos; el hombre en la comunidad del pueblo de Dios y, como líder, ora por los líderes. Ora por aquellos que tengan responsabilidad en el área civil; por los reyes y por los que estén en una posición de autoridad.</p>
<p> Hermanos, tenemos que ser conscientes de lo crucial y lo eficaz que es la oración. Pablo nos dice, en Romanos 8:26 al 28 que, aunque no sepamos cómo ni qué orar, el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos indecibles, que suben hasta el oído de Dios nuestro Padre, y Él comprende aun los quejidos de nuestro corazón. Así como un padre comprende los gemidos y los llantos de un bebé en su cuna.</p>
<p> Aunque no articule palabras,  se sabe cuando el niño llora porque su pañal está mojado, porque tiene sueño e intenta dormirse, o si solo tiene un arranque de llanto porque quiere salir de la cuna. Uno puede decir qué tipo de llanto es el que el bebé está expresando aunque no sepa decir ni una palabra.</p>
<p> Pues bien, de esa misma manera el Padre reconoce los gemidos de sus hijos. Tenemos que venir con una expectativa expresada, entendiendo confiadamente que nuestras oraciones intercedidas por el Espíritu Santo están en línea con los propósitos de Dios, quien escucha y conoce las respuestas y hace que todas las cosas ayuden para bien. </p>
<p>Santiago nos señala a Elías, el hombre que estamos estudiando en esta conferencia, y nos recuerda el poder que tenía en la oración. Era eficiente en su ministerio de oración: puso fin a aquel periodo de hambruna y nos recuerda que las oraciones de un hombre justo pueden lograr muchas cosas.</p>
<p> Recientemente hice un estudio muy interesante, mientras recordaba el martirio de nuestros amigos Arif y Kathy Khan, con ocasión del primer aniversario de su muerte. Dirigí un estudio, en nuestra iglesia, en el que analizamos las oraciones de los santos que se hallaban debajo del altar en el capítulo seis, versículo nueve de Apocalipsis. Vimos cómo aquellos que han partido antes que nosotros están comprometidos en la oración. En su estado incorpóreo están haciendo crecer el Reino por medio de la oración. </p>
<p>Luego, en un estudio posterior, consideramos cómo las oraciones que proceden del altar juegan un papel en la revelación de los juicios de Dios sobre la tierra. Es muy interesante ver que, junto con el resultado de las trompetas y las copas, Juan nos recuerda una que otra vez las voces que salen del altar y las respuestas que Dios da a los santos que han sido martirizados. El libro de Apocalipsis debe hacernos entender que el trato de Dios con los hombres en la historia es, en mayor medida, una respuesta a las oraciones de los mártires.</p>
<p> ¡Entendamos lo crucial, lo importante y lo eficaz que es la oración!</p>
<p> Permitidme alentaros a que dirijáis a vuestra congregación para que tenga momentos de oración corporativa. Haced reuniones que solo sean para la oración, reuniones regulares de oración. Organizad espacios de tiempo dedicados a extensos momentos de oración. Que sean tiempos, en la vida de la congregación, donde haya una preocupación: ¡vamos a tener un día de ayuno y oración! ¡Tengamos un tiempo durante el cual busquemos el rostro de Dios! ¡Saturad las reuniones corporativas con la oración!</p>
<p> Haced que los visitantes que vengan a vuestra iglesia —y que puedan estar acostumbrados a ver todo tipo de cosas: que todo se mueve, que todo relampaguea, que hay colores, humos y todas esas cosas— vengan a vuestra iglesia y queden impresionados con palabras; esas palabras que Dios habla a los hombres y aquellas que estos eleven hacia Él. Que sean palabras; personas saturadas de palabras que escuchan la Palabra de Dios y que dirigen palabras a Dios.</p>
<p> Orad por vuestros gobernantes pidiendo a Dios que conceda la paz social para que el Evangelio pueda prosperar en medio de vosotros. Orad por vuestras iglesias hermanas en las que se proclama la Palabra de Dios. </p>
<p>Orad los unos por los otros, como creyentes, pero sobre todo por el crecimiento del Reino en la vida de cada uno. Orad por un crecimiento en santidad; por un mayor entendimiento de la Palabra de Dios; por vuestros esfuerzos a la hora de evangelizar, llevando las cargas los uno de los otros y cumpliendo así la ley de Cristo.</p>
<p> Yo creo que es sabio asignar a los hombres la responsabilidad de orar; entrenarlos para que se levanten,  hablen y hagan oír su voz y que todos puedan decir “amen” una vez oído y entendido lo que se ha orado. Recordemos el principio regulador de Pablo en 1 Corintios 14:40: “Que todo se haga decentemente y con orden”.</p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
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		<title>La prioridad de la oraci&#243;n I</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 15:52:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Oración]]></category>
		<category><![CDATA[Alan Dunn]]></category>
		<category><![CDATA[Oración]]></category>

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		<description><![CDATA[Pastor Alan Dunn El puritano Samuel Chadwick dice que Satanás solo le tiene pavor a la oración. Las actividades se pueden multiplicar hasta el punto en que la oración no tenga lugar, y las organizaciones crecen hasta no dejar sitio para ella. La única preocupación del diablo es impedir que los santos oren. Él no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/03/praying_over_bible1.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/03/praying_over_bible1.jpg" alt="" title="Praying hands on an open bible" width="310" height="206" class="alignleft size-full wp-image-276" /></a><strong>Pastor Alan Dunn</strong></p>
<p>El puritano Samuel Chadwick dice que Satanás solo le tiene pavor a la oración. Las actividades se pueden multiplicar hasta el punto en que la oración no tenga lugar, y las organizaciones crecen hasta no dejar sitio para ella. La única preocupación del diablo es impedir que los santos oren. Él no le teme a los estudios bíblicos en los que no se ora, ni a las obras en las que no cabe la oración, ni a la religión sin ruego. Él se ríe de nuestros esfuerzos y se burla de nuestra sabiduría, pero tiembla cuando oramos.</p>
<p>A la Iglesia se le ha dado la misión de la oración corporativa y el pastor, como aquel que pastorea a un rebaño, debe guiar al pueblo de Dios en la responsabilidad que le ha sido encomendada. Debemos convertir la oración corporativa en la prioridad de la Iglesia, de forma que esta cumpla con sus deberes en relación con su Maestro y Señor Jesucristo.</p>
<p><span id="more-254"></span></p>
<p>Consideremos algunas de las razones por las que la Iglesia se reunía para orar en el libro de los Hechos de los Apóstoles.</p>
<p>Recepción del don del apostolado:</p>
<p><b>En el capítulo uno vemos que la primera razón era para reconocer y recibir los dones del liderazgo que les llegaba de manos del Cristo exaltado</b>. Vemos la recepción del don del apostolado en Hechos capítulo uno versículo catorce.<br />
Todos éstos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con los hermanos de &Eacute;l.</p>
<p>Durante diez días, la Iglesia perseveró en la oración, esperando que el Espíritu les ministrara, y fue después de este tiempo extenso de oración que se llenó el puesto de apóstol [dejado por Judas]. En el versículo veinticuatro leemos lo que oraron y dijeron,<br />
Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has escogido para ocupar este ministerio y apostolado, del cual Judas se desvió para irse al lugar que le correspondía.</p>
<p>Fueron dirigidos a obedecer la Palabra de Dios a la hora de sustituir a Judas en el apostolado. Oraron. Recibieron dirección y eligieron a Matías según la provisión de Dios.</p>
<p>Institución del ministerio del diaconato:</p>
<p>En Hechos capítulo seis vemos la institución del ministerio del diaconato y el de un líder: el liderazgo que nace en el contexto de la oración. Y en Hechos seis, versículo seis, después de elegir a esos hombres, una vez más cualificados según las Escrituras, capacitados por el Espíritu para tener las cualidades especificadas en la Biblia y reconocidas por el pueblo [de Dios], versículo 6, </p>
<blockquote><p>…los… presentaron ante los apóstoles, y después de orar, pusieron sus manos sobre ellos.</p></blockquote>
<p> Como en Hechos capítulo uno, los apóstoles establecieron las cualificaciones necesarias que vemos en el versículo tres de dicho capítulo. La congregación estaba implicada en la responsabilidad de reconocer y escoger a los hombres cualificados según el versículo cinco. Luego, la congregación junto con los líderes oraron unánimes y recibieron los dones de los diáconos.</p>
<p>La función de anciano:</p>
<p>En Hechos capítulo catorce, tenemos lo mismo con respecto a la función de anciano. En Hechos catorce, versículo veintitrés Pablo ha vuelto a Listria, Listra, Iconio y Antioquía. Ha animado a los discípulos y en conjunto con este ministerio, versículo veintitrés,<br />
Después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído. </p>
<p>¿Cuál era el contenido de su oración? No se nos dice. Se nos dice simplemente que los encomendaron al Señor. </p>
<p> Ahora bien; en el versículo diecinueve vemos que esa iglesia se veía inmersa en una situación de oposición y persecución. Pablo había sido apedreado. Se veían inmersos en la tribulación. Es lo que Pablo les había predicado en el versículo veintidós: entraremos en el reino por medio de la tribulación. Así pues, en esta ocasión, encomendar estos hombres al Dios en el que creían implicaba confiarlos a la protección del Señor, pidiendo a Dios que los cuidara y los usara.</p>
<p> En Hechos capítulo veinte se da la ocasión en la que el Apóstol habla a los ancianos de Éfeso que vienen a Mileto para encontrarse con él y vemos el mandamiento que les da en el versículo veintiocho. El les dice,</p>
<blockquote><p>Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual El compró con su propia sangre. Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán el rebaño, y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas. Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados.</p></blockquote>
<p>De modo que tenemos la petición del Apóstol. Encomienda a los ancianos al Señor como lo hizo anteriormente en Hechos catorce.</p>
<p>Observe el versículo treinta y seis:</p>
<blockquote><p>Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos.</p></blockquote>
<p> Por ello, no podemos más que asumir que la oración consistía en llevar a cabo lo que había predicado, lo que les había encomendado, pidiendo por su protección; rogando que la gracia les fuese concedida para que pudiesen cuidarse de ellos mismos y velar por el rebaño; que fuesen conscientes de las estratagemas del maligno que pudieran surgir aun de entre ellos mismos; en resumen, encomendarles a la gracia de Dios de modo que pudieran ser edificados. Creo que estas cosas fueron las que Pablo oró con respecto al ministerio de los ancianos.</p>
<p><b>La Iglesia no solo oró para que los líderes fuesen reconocidos y recibidos sino que, en segundo lugar, pidió protección contra la oposición.</b></p>
<p>Volviendo al libro de los Hechos capítulo doce, leemos desde el versículo uno al cinco.<br />
Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos que pertenecían a la iglesia para maltratarlos. E hizo matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan. Y viendo que esto agradaba a los judíos, hizo arrestar también a Pedro. Esto sucedió durante los días de los panes sin levadura. Y habiéndolo tomado preso, lo puso en la cárcel, entregándolo a cuatro piquetes de soldados para que lo guardaran, con la intención de llevarlo ante el pueblo después de la Pascua.</p>
<p>Vemos que Pedro fue encarcelado, pero la Iglesia de Dios oraba fervientemente por él. Aquí tenemos, pues, una circunstancia de oposición y persecución; el liderazgo de la Iglesia se ve atacado. Santiago había sido martirizado. Pedro está en prisión y la Iglesia hace una petición, empieza a serigrafiar camisetas con el eslogan de “¡liberad a Pedro!” y emprende una marcha alrededor de la cárcel con pancartas y gritos de protesta. ¡No, no! La Iglesia comienza a orar. La Iglesia se pone a orar y, como resultado, leemos que Pedro fue liberado de la prisión por medio de un ángel.</p>
<p>Luego, en el versículo doce, dándose cuenta de que había sido liberado, se dirigió a casa de María, la madre de Juan también conocido como Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. La Iglesia está reunida para celebrar un culto de oración.</p>
<p>Ahora bien, ¿por qué oraban? Una vez más, Lucas no nos lo dice específicamente, ¿pero cuál era el motivo de esas oraciones? Sus enemigos les habían atacado. Santiago había sido decapitado. Pedro está en la cárcel. ¿Qué podían estar orando?</p>
<p>Su Maestro les había dicho:</p>
<blockquote><p>Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos […] (Mt. 5:44-45).</p></blockquote>
<p>Lucas no nos lo dice pero creo que tenemos suficientes razones para esperar, y pensar, que estaban orando por sus enemigos y que Dios oyó sus oraciones y liberó a Pedro de la cárcel.</p>
<p>Esa oración por los enemigos se ve en el primer martirio, el de Esteban, en Hechos capítulo siete y versículo sesenta; mientras le apedreaban hasta la muerte se nos dice que él oraba diciendo: </p>
<blockquote><p>Señor, no les tomes en cuenta este pecado.</p></blockquote>
<p> Oraron para reconocer y recibir líderes; pidieron protección de sus enemigos y para sus enemigos. <b>En tercer lugar, la Iglesia se reunió para orar por la proclamación del Evangelio.</b> En Hechos capítulo cuatro vemos que el Evangelio se estaba predicando en medio de una intensa oposición y, en medio de esa persecución, la Iglesia creció. La oposición y la persecución se convirtieron en el entorno de la oración corporativa.</p>
<p>En el capítulo cuatro de Hechos, leemos desde el versículo veintitrés,</p>
<blockquote><p>Cuando quedaron en libertad</p></blockquote>
<p> Aquí  se está refiriendo a Juan y a Pedro con el Sanedrín. </p>
<blockquote><p>…fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. </p>
<p>Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor, tú eres el que HICISTE EL CIELO Y LA TIERRA, EL MAR Y TODO LO QUE EN ELLOS HAY, el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste:</p>
<p>¿POR QUE SE ENFURECIERON LOS GENTILES,<br />
Y LOS PUEBLOS TRAMARON COSAS VANAS? </p>
<p>SE PRESENTARON LOS REYES DE LA TIERRA,<br />
Y LOS GOBERNANTES SE JUNTARON A UNA<br />
CONTRA EL SEÑOR Y CONTRA SU CRISTO. </p>
<p>Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera. Y ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza, mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús. </p>
<p>Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.</p></blockquote>
<p>¿Os acordáis que Juan y Pedro habían sido llevados ante el Sanedrín a causa de la prioridad de predicar? Habían decidido predicar y se les dijo que no lo hicieran; pero ellos siguieron haciéndolo. Después de azotarlos fueron liberados y continuaron predicando, y fueron a la Iglesia y esta siguió y decidió perseverar en la oración.</p>
<p>En el versículo veinticuatro se dirigen a Dios como Creador suyo, citando las palabras del Salmo 146, versículo seis. Observad, hermanos, cómo este ejemplo de oración nos enseña la forma en la que deberíamos orar. Deberíamos orar nuestra Biblia. </p>
<p>Deberíamos utilizar nuestra Biblia como contenido y sustancia de nuestra oración. Ellos oraron las palabras del Salmo 146 versículo seis. Luego, desde el versículo veinticinco al veintiocho, oraron las palabras del Salmo 2. Este salmo es una profecía mesiánica que vio su cumplimiento en la crucifixión de Jesucristo. </p>
<p>Lo que hacen es buscar el lugar puntual de su Biblia en el que se encuentran. Buscan su lugar exacto en la historia de la redención; en su relación con Cristo; en relación con la obra de Dios y su plan de redención. Se sitúan en las Escrituras. Toman las Escrituras y las convierten en el contenido de sus oraciones. Confían en que están orando según la voluntad de Dios porque están orando la Palabra de Dios. </p>
<p>Oran situando el lugar puntual en el que se encuentran dentro de la Palabra de Dios. No se limitan a venir y derramar sus emociones sin forma, sin estructura y sin dirección de la Palabra de Dios. Oran según su situación en particular, versículos veintinueve y treinta. </p>
<p>Piden protección y valor para no descuidar la prioridad de la predicación, ese llamamiento que han recibido de Dios como iglesia; y para que sus portavoces, en particular,  sean capacitados para hablar la Palabra de Dios. En el versículo treinta y uno eso es precisamente lo que hacen con valentía, coraje y con el poder y la manifestación del espíritu. Se reunieron para orar por la proclamación del Evangelio.</p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
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