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	<title>Orientación Pastoral</title>
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		<title>La predicación expositiva y la recuperación de la adoración cristiana I</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Sep 2010 18:49:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Adoración]]></category>

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		<description><![CDATA[Dr. Albert Mohler
La predicación expositiva es fundamental, imprescindible e innegociable para la misión de la Biblia, en cuanto a la auténtica adoración que agrada a Dios. La simple declaración de John Stott afirma esta cuestión de forma valiente: “La predicación es indispensable para el cristianismo”. De manera más específica diremos que la predicación es indispensable [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/09/Dr_Albert_Mohler.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/09/Dr_Albert_Mohler.jpg" alt="" title="Dr_Albert_Mohler" width="120" height="180" class="alignleft size-full wp-image-492" /></a><strong>Dr. Albert Mohler</strong></p>
<p>La predicación expositiva es fundamental, imprescindible e innegociable para la misión de la Biblia, en cuanto a la auténtica adoración que agrada a Dios. La simple declaración de John Stott afirma esta cuestión de forma valiente: “La predicación es indispensable para el cristianismo”. De manera más específica diremos que la predicación es indispensable para la adoración cristiana y no solo imprescindible, sino fundamental.</p>
<p>En estos últimos años, los cristianos evangélicos han prestado una atención especial a la adoración; han provocado un renacimiento del pensamiento y de la conversación acerca de lo que es en realidad la adoración y en cuanto a cómo se debería llevar a cabo. Aunque, lamentablemente, en algunas iglesias el resultado de este interés renovado haya sido lo que algunos llaman “guerras de adoración”, parece ser que se está recuperando lo que A.W. Tozer denominó una vez como la “joya ausente” de la adoración evangélica.</p>
<p><span id="more-491"></span></p>
<p>  Sin embargo, si la mayoría de los evangélicos se pusiesen rápidamente de acuerdo para decir que la adoración es fundamental para la vida de la Iglesia, no habría consenso a la hora de responder a una pregunta inevitable: “¿Qué es lo fundamental de la adoración cristiana? Históricamente, las iglesias más litúrgicas defendieron que los sacramentos son los que constituyen el corazón de la adoración cristiana. Estas iglesias sostienen que los elementos de la Santa Cena y el agua del bautismo son los que presentan el Evangelio de forma más poderosa. Entre los evangélicos, algunos presentan el llamamiento a la evangelización como el corazón de la adoración y planifican cada parte de los cultos —canciones, oraciones, sermón— teniendo siempre en mente la invitación evangelizadora. </p>
<p>  A pesar de que la mayoría de los evangélicos mencionen la predicación de la Palabra como algo necesario, o como parte tradicional de la adoración, el modelo que prevalece en las iglesias evangélicas a este respecto se define cada vez más por medio de la música, junto con innovaciones como el drama y las presentaciones de video. Cuando la predicación se retira, una hueste de innovaciones de entretenimiento va tomando su lugar.</p>
<p>  Las normas tradicionales de la adoración quedan ahora subordinadas a una demanda de relevancia y creatividad. Una cultura de imágenes, gobernada por los medios, ha sustituido a aquella que se centraba en la Palabra y de la que nacieron las iglesias de la Reforma. En un cierto sentido, la cultura impulsada por las imágenes de la evangelización moderna es la aceptación de todas aquellas prácticas que los reformadores rechazaron cuando llevaban a cabo su búsqueda de la verdadera adoración bíblica.</p>
<p>  La música llena el espacio en la mayoría de la adoración evangélica y gran parte de esa música llega bajo la forma de coritos contemporáneos de muy poco contenido teológico. Más allá de la popularidad de los coritos como forma musical, muchas iglesias evangélicas parecen profundamente preocupadas por imitar esas presentaciones musicales que tienen la calidad que se les suele dar en un estudio de grabación.</p>
<p>  En cuanto al estilo musical, las iglesias más tradicionales presentan grandes coros —a menudo con orquesta— e incluso cantan los himnos de la fe establecidos desde hace mucho tiempo. La contribución de la coral suele ser masiva en cuanto a su envergadura y profesional en lo que a la calidad se refiere. En cualquier evento, la música llena el espacio y conduce la energía del culto de adoración. Se efectúa una intensa planificación, se invierten cantidades económicas y se llevan a cabo muchos preparativos en las dimensiones musicales de la adoración. Un equipo profesional y todo un ejército de voluntarios pasan una gran parte de la semana en largas sesiones de ensayos.</p>
<p>  Y esto no escapa a las congregaciones. Algunos cristianos visitan las congregaciones como quien va de compra, con el fin de encontrar la iglesia que ofrece el estilo de adoración y la experiencia que llena sus expectativas. En la mayoría de las comunidades, las iglesias se dan a conocer por su estilo de adoración y sus programas musicales. Aquellos que no se sienten satisfechos con lo que encuentran en una iglesia pueden marcharse rápidamente a otra y, algunas veces, utilizan el lenguaje de la autoexpresión para explicar que la nueva iglesia “satisface nuestras necesidades” o “nos permite adorar”.</p>
<p>  Gracias sean dadas a Dios porque la evangelización tiene lugar en la adoración cristiana. Al ser confrontados con la presentación del Evangelio y la predicación de la Palabra, los pecadores se ven atraídos hacia la fe en Jesucristo y la oferta de salvación se presenta a todo aquel que responde de este modo. De la misma manera, la Santa Cena y el bautismo se honran como ordenanzas que el propio Señor instauró y cada una de ellas encuentra su lugar en la verdadera adoración.</p>
<p>  Además, la música es uno de los dones más preciosos que Dios ha dado a su pueblo y es un lenguaje por medio del cual podemos adorarle a Él en espíritu y en verdad. Los himnos de la fe transmiten un rico contenido confesional y teológico, y mucho de los coritos modernos recuperan un sentido de la doxología que se perdió con anterioridad en muchas iglesias evangélicas. Pero la música no es el acto fundamental de la adoración cristiana, como tampoco lo es la evangelización;  ni siquiera lo son las ordenanzas. El corazón de la adoración cristiana es la auténtica predicación de la Palabra de Dios.</p>
<p>  La predicación expositiva es fundamental, imprescindible e innegociable para la misión de la Biblia en cuanto a la auténtica adoración que agrada a Dios. La simple declaración de John Stott afirma esta cuestión de forma valiente: “La predicación es indispensable para el cristianismo”. De manera más específica diremos que la predicación es indispensable para la adoración cristiana y no solo imprescindible, sino fundamental.</p>
<p>  Lo primordial de la predicación es el tema de ambos testamentos de las Escrituras. En Nehemías 8, vemos que el pueblo exigía a Esdras, el escriba, que trajese el libro de la Ley ante la asamblea. Esdras y sus colegas se pusieron en pie sobre un estrado de madera elevado y Esdras leyó en el libro. Cuando abrió el libro para leerlo, la asamblea se puso en pie para honrar la Palabra de Dios y su forma de responder a la lectura fue diciendo: “¡Amén, Amén!”.</p>
<p>  Es interesante ver cómo el texto explica que Esdras y aquellos que le ayudaban “leyeron en el libro de la ley de Dios, traduciéndolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura” (Neh. 8:8). Este fantástico texto nos presenta un retrato de la predicación expositiva. Una vez leído el texto, se explicó cuidadosamente a la congregación. Esdras no representó un suceso ni orquestó un espectáculo; se limitó a proclamar la Palabra de Dios con sumo cuidado.</p>
<p>  Este texto es una acusación aleccionadora contra gran parte del cristianismo contemporáneo. Según el texto, del corazón del pueblo surgió la petición de una predicación bíblica. Se reunieron como una congregación y mandaron llamar al predicador. Esto refleja un hambre y una sed intensas por la predicación de la Palabra de Dios. ¿Dónde está ese deseo evidente entre los evangélicos de hoy?</p>
<p>  En demasiadas iglesias, la Biblia está prácticamente en silencio. En muchos cultos ya no se hace una lectura pública de las Escrituras; el sermón ya no tiene tanta importancia y se reduce a un breve devocional que se añade a la música. Muchos predicadores aceptan esto como concesión necesaria a la era del entretenimiento. Algunos esperan poder introducir un breve mensaje de aliento o exhortación antes de que el culto acabe.</p>
<p>  Como Michael Green dijo de forma bastante mordaz: “Esta es la era de los sermoncitos y estos producen cristianitos”</p>
<p>  La anemia de la adoración evangélica —dejando a un lado la música y la energía— es directamente atribuible a la ausencia de una predicación expositiva genuina. Una predicación de este tipo haría que la congregación tuviera que enfrentarse nada más y nada menos que a la Palabra viva y activa de Dios. Este tipo de enfrentamiento es el que moldea a la congregación, mientras el Espíritu Santo acompaña la Palabra, abre los ojos y aplica esa palabra a los corazones humanos.</p>
<p><strong>El Dr. R. Albert Mohler es presidente de <em>The Southern Baptist Theological Seminary </em>(Seminario Teológico Bautista del Sur) en los Estados Unidos. Este art&iacute;culo fue publicado originalmente en www.albertmohler.com y aparece aqu&iacute; con permiso. Traducci&oacute;n IBRNB, Derechos Reservados ©2010.</strong></p>
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		<title>Fidelidad en el ministerio II</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Aug 2010 12:33:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fidelidad ministerial]]></category>

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		<description><![CDATA[Pastor David Chanski
Quiero compartir con ustedes tres puntos, tres exhortaciones que encajan bajo este título principal, que debemos aferrarnos firmemente a la Palabra de Dios. 
  Estamos viviendo en un tiempo en el que están ocurriendo muchos cambios, muchas alteraciones en la iglesia que profesa ser la de Cristo. Mi meta y mi deseo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/08/pastor_chanski_otra_foto.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/08/pastor_chanski_otra_foto.jpg" alt="" title="pastor_chanski_otra_foto" width="200" height="218" class="alignright size-full wp-image-474" /></a><strong>Pastor David Chanski</strong></p>
<p>Quiero compartir con ustedes tres puntos, tres exhortaciones que encajan bajo este título principal, que debemos aferrarnos firmemente a la Palabra de Dios. </p>
<p>  Estamos viviendo en un tiempo en el que están ocurriendo muchos cambios, muchas alteraciones en la iglesia que profesa ser la de Cristo. Mi meta y mi deseo, queridos hermanos, es simplemente alentarles a que se agarren a la Palabra de Dios firmemente. </p>
<p><strong>La primera exhortaci&oacute;n es esta: Reconocer la fuerte tentación que nos presiona para que dudemos de la obligación que tenemos de aferrarnos con todas nuestras fuerzas a la Palabra de Dios.</strong></p>
<p><span id="more-487"></span></p>
<p>  Por supuesto, queda más que claro que el mundo nos alienta a apartarnos de la Palabra de Dios. El mundo suele decirnos: “Bueno, está bien; es posible que desees agarrarte firmemente a la ley y al testimonio, pero —y estos suelen ser sus argumentos— ten en cuenta que eso no es lo que la mayoría de la gente desea ni lo que están diciendo y si tú te aferras fuertemente a la Palabra de Dios, te aseguro que no vas a tener mucho éxito”.</p>
<p>  En otras palabras, lo que la gente pretende decir es que no vamos a atraer al mayor número posible de personas a nuestros ministerios. No vamos a atraer a grandes cantidades de personas y no las vamos a llevar a la iglesia.</p>
<p>  De modo que este es el argumento que el mundo pone delante de nosotros: “El resultado que vas a obtener no va a ser ni de mucho éxito ni de mucha utilidad si te empeñas en pegarte firmemente a la Palabra de Dios&#8221;. </p>
<p>  Este es el tipo de presión que el mundo suele poner sobre nosotros para que nos apartemos de este principio que Isaías nos está declarando aquí. El mundo nos pone por delante una fuerte tentación para que nos apartemos de nuestra adhesión a las Escrituras, a la Palabra de Dios. </p>
<p>Si nos ponemos delante de alguien del mundo, en esta era presente y en nuestros días, y le decimos: “hacemos esto aunque sea distinto a lo que la mayoría del mundo hace, porque la Biblia así lo dice”, querrán darnos la espalda y pensarán que nuestra forma de razonar es la misma que la de cualquier musulmán extremista.</p>
<p>  El mundo está en contra de esto, hermanos, y por eso les digo que tenemos que reconocer la tentación que existe en apartarse de este principio.</p>
<p>  Se encuentra en el mundo; se encuentra en nuestra propia carne. Esta nos dice algunas veces: ¿Es verdaderamente necesario que estemos dándole la lata constantemente a la gente? Sin embargo, es realmente necesario que hagamos lo que dice la Palabra de Dios.</p>
<p>  La carne dice: “¿Tengo realmente que llegar al punto de perder amigos por algunas de las posturas que tomo, porque la Palabra de Dios así me lo dice? ¿Es necesario que siga cayendo relativamente mal a todo el mundo, cuando Dios me ha dado dones para entender el Evangelio, para predicar su Palabra y, sin embargo, tengo que ver a otros hombres con un nivel similar de dones, o quizás menos, y la gente va hacia ellos en manadas? La razón por la cual no vienen a mi es porque me adhiero firmemente a lo que las Escrituras dicen en todos los puntos. ¿De verdad tengo que dar lugar a que me miren por encima del hombro, por las cosas que creo y predico?</p>
<p>  Todo esto es lo que la carne nos dice y, encima de esto, tenemos que contar con su propia inclinación, hacia ella misma y a las presiones que nos llegan y que provienen de ella misma, para que no nos empleemos tan a fondo en el estudio; que no seamos tan meticulosos en nuestra enseñanza; que no nos agarremos a todo lo que sabemos que es verdad y no le demos el lugar de importancia que le corresponde.</p>
<p>  Recuerdo que cuando estuve en Minneapolis, hace varios años ya, leí un artículo de un periódico en el cual escribía el editor religioso los domingos. El hombre solía escribir sobre distintas iglesias que había visitado. Según contaba, una vez había visitado una pequeña iglesia protestante cuyos miembros eran pocos y mayores. Decía que su adoración era más tradicional y más conservadora. </p>
<p>Sin embargo, resaltaba en su crónica que aunque apenas había gente, él sintió en aquella iglesia que había un espíritu de reverencia que brillaba por su ausencia en muchas otras de las iglesias a las que solía ir y visitar, para poder después informar a los lectores de las ciudades gemelas acerca del tipo de iglesias que había por allí. Todos sus comentarios sobre ella fueron positivos. </p>
<p>Yo ni siquiera sé si era el tipo de iglesia que consideraríamos muy sólida, escrituraria o edificante, pero él señalaba esto en concreto. En su artículo de la semana siguiente, escribió sobre un puñado de respuestas que tuvo a lo que había escrito. Dijo: “Nunca había recibido tantos emails y cartas, que respondieran a un artículo mío de información sobre las iglesias visitadas como las que he tenido en esta semana”. La verdad es que inició una tormenta de comentarios acerca de la forma de adoración y uno de los hombres que le contestó era pastor. Esta persona le dijo: “Existe una constante batalla entre hacer lo que creemos correcto y hacer lo que la gente quiere que hagamos”.</p>
<p>  Hermanos, lo que Isaías nos está diciendo es que resistamos a la presión de hacer lo que nos apetece hacer y que no nos limitemos a llevar a cabo aquello que el mundo quiere que hagamos, una y otra vez; aunque se trate de lo que la gente de sus congregaciones pueda instarles a hacer, a menos que sea algo que se encuentre indicado en la ley y el testimonio.</p>
<p>  Me gustaría que nos remontásemos un poco más atrás, en el Antiguo Testamento, y que consideremos el ejemplo de un hombre que se refirió a la ley y al testimonio. Lo encontramos en el libro de Números capítulo 22. Debo decir que no se trata de un hombre al que catalogaríamos como un buen ejemplo en general, porque estamos hablando de Balán. Sin embargo, es o más bien fue un buen ejemplo para nosotros en un momento dado. Creo, en realidad, que se puede decir perfectamente que lo fue y lo sigue siendo, porque las Escrituras recogen la historia de Balán para nosotros y lo escrito quedará recogido en ellas perpetuamente. </p>
<p>En Números 22, vamos a comenzar con el versículo 8. Tomaremos aquí lo esencial de esta historia; de cualquier modo, ustedes están bastante familiarizados con ella. Probablemente recuerden ustedes cómo Balac quiso que el profeta Balán —que, en realidad, no era un verdadero profeta— maldijera al pueblo de Dios. Obviamente Balán no era un hombre temeroso de Dios.</p>
<p>  En el versículo 8 dice: “Balán los invitó [es decir a los hombres que vinieron de parte de Balac] a pasar allí la noche, prometiendo comunicarles después lo que el Señor le dijera. Y los gobernantes se alojaron con él”, y luego en los versículos 12 y 13 dice así: “Pero Dios le dijo a Balán: No irás con ellos, ni pronunciarás ninguna maldición sobre los israelitas, porque son un pueblo bendito. Al otro día Balán se levantó y les dijo a los gobernantes enviados por Balac: «Regresen a su tierra, porque el Señor no quiere que yo vaya con ustedes».</p>
<p>  En otras palabras, lo que él estaba diciendo era: “vuestro príncipe, vuestro líder, quiere que yo maldiga a los israelitas. No puedo hacerlo porque no hay ninguna maldición que Dios quiera que yo pronuncie sobre ellos. Dios no lo ha dicho y yo no puedo hacerlo”.</p>
<p>  En el versículo 18 dice después: “Pero Balán le respondió [al portavoz de los siervos de Balac que intentan persuadirle y ofrecerle más dinero]: Aun si Balac me diera su palacio lleno de oro y de plata, yo no podría hacer nada grande ni pequeño sino ajustarme al mandamiento del Señor mi Dios”.</p>
<p>  Y, ahora, observen ustedes que el versículo 19 nos muestra que, sin embargo, Balán dice: “Ustedes pueden también alojarse aquí esta noche, mientras yo averiguo si el Señor quiere decirme alguna otra cosa”.</p>
<p>  Bueno, el Señor ya le había dicho bastante, ¿no es así? Había declarado: “No pronunciarás ninguna maldición sobre ellos”. Eso era lo que la ley y el testimonio habían dicho, pero en el caso de Balán, que no creía realmente en Dios, él va y deja la puerta entreabierta para ver si, bueno, igual se puede hacer algo con el tema, porque están ofreciendo muy buenos regalos a cambio de una maldición.</p>
<p>  Vayamos un poco más abajo, al versículo 38; como ya saben ustedes, al final termina yendo con ellos y ahora llegamos al momento en el que Balac espera que Balán maldiga al pueblo. Pero él no lo hace; no quiere hacerlo y, en el versículo 38, dice: ¡Bueno, ya estoy aquí! —contestó Balán—. Solo que no podré decir nada que Dios no ponga en mi boca.</p>
<p>  De modo que, aunque en su carnalidad, su pecado, su avaricia y su codicia ha ido hasta allí, a pesar de todo se niega a decir cualquier cosa que la Palabra de Dios no diga.</p>
<p>  Y ahora vamos al versículo 7 del capítulo 23. De nuevo, se encuentra en otro lugar. Balac quiere que maldiga a los israelitas. Él está decidido a no decir más que lo que Dios diga y entonces vemos lo que Dios le dice aquí, en los versículos 7 y 8: “Y Balán pronunció su oráculo: «De Aram, de las montañas de Oriente, me trajo Balac, el rey de Moab. ‘Ven —me dijo—, maldice por mí a Jacob; ven, deséale el mal a Israel’. ¿Pero cómo podré echar maldiciones sobre quien Dios no ha maldecido? ¿Cómo podré desearle el mal a quien el Señor no se lo desea? Del mismo modo, los versículos 11 y 12 nos dicen: “Entonces Balac le reclamó a Balán: ¿Qué me has hecho? Te traje para que lanzaras una maldición sobre mis enemigos, ¡y resulta que no has hecho más que bendecirlos! Pero Balán le respondió: ¿Acaso no debo decir lo que el Señor me pide que diga?</p>
<p>  Esto es un buen ejemplo para nosotros, hermanos.</p>
<p>  Y luego vemos, de la misma manera, desde el versículo 17 y hasta el 20 que dice: “Balán se fue adonde estaba Balac, y lo encontró de pie, al lado de su holocausto, en compañía de los jefes de Moab. Baal le preguntó [ahora Balac, el líder, dice al profeta Balán]: ‘Qué dijo el Señor’</p>
<p>  Vemos que Balac sigue esperando poder sacarle una maldición a Balán e incluso utiliza los términos correctos para ello. Quiere una maldición de Dios, pero no puede retorcerle el brazo al profeta, de modo que según las Escrituras, Balán se levanta y pronuncia su oráculo con estas palabras: “Levántate, Balac, y escucha; óyeme, hijo de Zipor. Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice? Se me ha ordenado bendecir, y si eso es lo que Dios quiere, yo no puedo hacer otra cosa”.</p>
<p>  De nuevo, vuelve a ser un ejemplo para nosotros y la historia sigue. Veamos lo que dicen los versículos 25 y 26: “Balac le dijo entonces a Balán: ¡Si no los vas a maldecir, tampoco los bendigas! Balán le respondió: ¿Acaso no te advertí que yo repetiría todo lo que el Señor me ordenara decir?</p>
<p>  Hermanos, es necesario que le imitemos. Tenemos que buscar en las Escrituras y acercarnos a ellas con la actitud de decir: Señor, cualquiera que sea tu palabra, ayúdame a transmitírsela a tu pueblo. Ayúdame a declarar a este mundo perdido y deshecho en sus pecados. No es necesario hacer que se sientan bien, ni hacerles creer que Dios no está disgustado con ellos. Necesitan comprender el Evangelio de Jesucristo que dice que son pecadores que van camino al infierno y que necesitan a un Salvador; que no pueden salvarse por sí mismos.</p>
<p>  Tenemos que declarar todo lo que dice la Palabra de Dios.</p>
<p>  Quiero concluir considerando el capítulo 24 y, si les parece a ustedes bien, lean y mediten en su tiempo privado sobre esto, sobre todas estas cosas. Lean ustedes desde el capítulo 22 hasta el 24 del libro de Números para que vean esta interacción entre Balac y Balán, y entre el Señor y Balán. Pero ahora pasemos de nuevo al capítulo 24, versículos 10 al 13: “Entonces la ira de Balac se encendió contra Balán, y chasqueando los dedos le dijo: Te mandé llamar para que echaras una maldición sobre mis enemigos, ¡y estas tres veces no has hecho sino bendecirlos! ¡Más te vale volver a tu tierra! Prometí que te recompensaría, pero esa recompensa te la ha negado el Señor. Balán le contestó: Yo les dije a los mensajeros que me enviaste: «Aun si Balac me diera su palacio lleno de oro y de plata, yo no podría hacer nada bueno ni malo, sino ajustarme al mandamiento del Señor mi Dios. Lo que el Señor me ordene decir, eso diré”.</p>
<p>  Piensen ustedes ahora en las palabras del pastor que mencioné anteriormente y que dijo: “Existe una constante batalla entre hacer lo que creemos correcto y lo que la gente quiere que hagamos”.</p>
<p>  Ahora bien; sabemos que Balán no era un hombre recto. Era un idólatra que, más tarde, conspiró para hacer que Israel pecara. Pero en este momento concreto, fue un excelente ejemplo para nosotros. ¡Ojalá que sigamos este ejemplo y podamos resistir a la fuerte tentación que pueda presionarnos para que nos apartemos de este principio y que hagamos caso de la ley y del testimonio.</p>
<p>En primer lugar: Reconocer la fuerte tentación que nos presiona para que dudemos de este punto y hacer que nos apartemos de él. </p>
<p> De modo que debemos aferrarnos firmemente a la Palabra de Dios.</p>
<p>Vis&iacute;tenos nuevamente para la continuaci&oacute;n de este tema.</p>
<p>Derechos Reservados ©2010</p>
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		<title>La fidelidad en el ministerio I</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Aug 2010 19:15:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fidelidad ministerial]]></category>

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		<description><![CDATA[Pastor David Chanski
En el Salmo 37 hay un texto en el que David dice: “Yo fui joven, y ya soy viejo” y, en un sentido, yo también puedo decir lo mismo. Crecí en la Iglesia Católica Romana y pasé en ella los primeros días de mi juventud. Cuando era un adolescente, el Señor me convirtió. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/iglesia/q/"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/08/pastor_david_chanski2.jpg" alt="" title="pastor_david_chanski" width="163" height="200" class="alignleft size-full wp-image-460" /></a><strong>Pastor David Chanski</strong></p>
<p>En el Salmo 37 hay un texto en el que David dice: “Yo fui joven, y ya soy viejo” y, en un sentido, yo también puedo decir lo mismo. Crecí en la Iglesia Católica Romana y pasé en ella los primeros días de mi juventud. Cuando era un adolescente, el Señor me convirtió. </p>
<p>Llegué a tener convicciones reformadas cuando tenía aproximadamente veintiún años. He sido cristiano durante casi cuarenta años y bautista reformado por más de treinta. He sido pastor durante veintiún años. Mi propósito, al mencionar ese texto de: “Yo fui joven, y ya soy viejo”, es para decir que, en el transcurso de mi peregrinaje, he visto y oído muchas cosas.</p>
<p>Lo que intento explicar es que he visto muchas cosas en la Iglesia de Cristo y en la Iglesia Universal, como solemos llamarla. He visto cómo se han ido desarrollando muchas cosas en lo que llamamos la evangelización e incluso en el cristianismo reformado o, al menos, en el cristianismo que se denominaría a sí mismo como calvinista. </p>
<p><span id="more-451"></span></p>
<p>En estos últimos años he visto cosas que, como cristiano reformado y como bautista reformado me han preocupado. Veo estas cosas que son desalentadoras e inquietantes cuando pienso en los efectos que pueden tener en la Iglesia de Cristo, sobre todo cuando considero el futuro, cuando intento ver un poco más allá, hacia el final del camino. </p>
<p>Y vosotros podréis preguntaros: ¿qué cosas son estas a las que usted se refiere en particular? Bueno, no tengo una lista a mano. Si estuviéramos sentados, manteniendo una conversación, me resultaría fácil ir sacando unas cuantas cosas. Iré mencionando una o dos concretamente a medida que vayamos avanzando en el mensaje de hoy. Básicamente estoy pensando en todas aquellas cosas que pueden constituir una desviación, o un alejamiento, de todo lo que han sido siempre las convicciones bíblicas que hemos mantenido, o aquellas similares que otros hombres han sostenido. </p>
<p>La razón por la que no tengo una lista detallada para vosotros es que mi objetivo, en esta mañana y de nuevo mañana por la mañana, no es ofreceros una crítica acerca de lo que está ocurriendo en el mundo cristiano, evangélico o reformado de nuestro alrededor. Mi propósito es simplemente alentaros a que permanezcáis firmes y que os aferréis a todas vuestras convicciones bíblicas, sin prestar atención a lo que pueda ir apareciendo a lo largo del camino en los próximos años, o más adelante, por así decirlo. </p>
<p>Mi consejo es que, cualquiera que sea el tipo de presión con el que podías enfrentaros, no os desviéis de las cosas que hoy consideráis como la enseñanza de la Palabra de Dios.</p>
<p>  De modo que, en el transcurso de esta mañana y también mañana por la mañana, quiero dejaros estas tres cosas para que os animen a ser fieles en vuestros ministerios y vuestras tareas, y todas proceden de la profecía de Isaías.</p>
<p>  Esta mañana tocaremos una de ellas y, Dios mediante, mañana veremos las otras dos.</p>
<p>  Lo primero que quiero que observéis es esto: que debemos agarrarnos firmemente a la Palabra de Dios.</p>
<p>  Ahora voy a leer en el capítulo 8 de Isaías, desde el versículo 16 hasta el 20. El Señor dice a Isaías: “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos. Aguardaré al Señor que esconde su rostro de la casa de Jacob; sí, a Él esperaré. He aquí, yo y los hijos que el Señor me ha dado estamos por señales y prodigios en Israel, de parte del Señor de los ejércitos que mora en el monte Sion. Y cuando os digan: Consultad a los médium y a los adivinos que susurran y murmuran, decid: ¿No debe un pueblo consultar a su Dios? ¿Acaso consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer”.</p>
<p>  Y es en el versículo 20 concretamente donde quiero que centréis vuestra atención en esta mañana.</p>
<p>  “¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer”.</p>
<p>  Hay dos preguntas que me gustaría que hiciéramos sobre este texto del versículo 20.</p>
<p>  La primera pregunta es: ¿qué es la ley y el testimonio?</p>
<p>  En el versículo 20, donde dice: “¡A la ley y al testimonio!”, ¿qué es la ley y el testimonio? Pues, lo más probable es que se esté refiriendo a la revelación que en ese momento Dios le estaba transmitiendo a Isaías.</p>
<p>  Cuando, en el versículo 16, dice: “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos”, se trata probablemente de la revelación que, en ese preciso instante, Dios está dando a y por medio de Isaías.</p>
<p>  Si volvemos al versículo 11, podéis observar que dice: “Pues así me habló el Señor con gran poder y me instruyó para que no anduviera en el camino de este pueblo, diciendo: No digáis: “Es conspiración”, a todo lo que este pueblo llama conspiración, ni temáis lo que ellos temen, ni os aterroricéis. Al Señor de los ejércitos es a quien debéis tener por santo. Sea Él vuestro temor, y sea Él vuestro terror. Entonces Él vendrá a ser santuario; pero piedra de tropiezo y roca de escándalo para ambas casas de Israel, y lazo y trampa para los habitantes de Jerusalén. Muchos tropezarán allí, y caerán y serán quebrantados; serán enlazados y apresados”.</p>
<p>  De modo que el Señor le está diciendo a Isaías lo que debe hacer. Le está diciendo que no tema a ese pueblo; le revela lo que va a ocurrir con esa gente y, luego, en el versículo 16, dice: “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos”.</p>
<p>  Si volvemos atrás y leemos el versículo 1, vemos que dice: “El Señor me dijo: «Toma una tablilla grande y, con un estilete común, escribe sobre ella: “Tocante a Maher Salal Jasbaz” (NVI).</p>
<p>  En otras palabras, Dios le dijo que escribiese esas cosas. Y, ahora, en el versículo 16, el Señor habla y dice “lo que has escrito, átalo y séllalo” —es parecido a lo que le dijo a Juan en el libro del Apocalipsis—. Luego, en el versículo 20, cuando declara “¡a la ley y al testimonio!”, se está refiriendo probablemente a las cosas que le dijo a Isaías que escribiera, aquí en este capítulo.</p>
<p>  De modo que, cuando habla de la ley y del testimonio, Dios se está refiriendo a eso. Y podemos decir, desde nuestra perspectiva, desde la posición de ventaja que tenemos, que lo que Isaías dice aquí: “¡A la ley y al testimonio!”, se aplica a toda la Palabra de Dios.</p>
<p>  Evidentemente, se aplica a lo que Dios le dijo aquí a Isaías, pero es extensible a toda la Palabra de Dios. Para nuestros propósitos, se aplica a toda las Escrituras y así es exactamente cómo deberíamos entender esas palabras de Isaías en este pasaje. Se trata de la revelación directa de Dios, que ahora se ha escrito exactamente como lo ha hecho Isaías en esa tablilla y con ese estilete. </p>
<p>Si tuviéramos que escuchar la voz de Dios diciéndonos: “¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer”, si escucháramos la voz de Dios que, desde el Cielo, nos dijera esas palabras, sabríamos sin lugar a dudas que Dios se estaría refiriendo a la Biblia, aunque estuviese dirigiendo nuestra mente a una porción específica de la misma.</p>
<p>  Franz Delitch, el comentarista del Antiguo Testamento, dijo esto cuando comentó sobre este versículo: “Estas palabras de Isaías toman la forma de una palabra de vigilancia en tiempos de batalla. Es exactamente igual que en el pasaje de Jueces 7:18, cuando Gedeón dijo a sus tropas que gritaran: “La espada del Señor y de Gedeón”.</p>
<p>  Si Gedeón tenía que decir: “La espada del Señor y de Gedeón” y debía sostener una espada sobre su cabeza mientras pronunciaba esas palabras, consideraríamos que sería perfectamente adecuado que alzara su arma de ese modo mientras profería esa frase.</p>
<p>  Eso quiere decir que, de una forma similar, si yo tuviera que repetir las palabras que Isaías dice aquí, al principio del versículo 20: “¡A la ley y al testimonio! y, mientras lo estuviera diciendo, sostuviera en alto mi Biblia, sería igual de adecuado que cuando Gedeón levantó una espada y pronunció la frase de: “La espada del Señor y de Gedeón”.</p>
<p>  Hermanos, la declaración que tenemos aquí, “¡a la ley y al testimonio!” es parecida a la palabra de alerta de la Reforma: “Sola Scriptura”, solo la Biblia. “¡A la ley y al testimonio!”.</p>
<p>  Así  que, esta es la primera pregunta: ¿qué es la ley y el testimonio? En el contexto, se trata de la revelación de aquel momento, la palabra que Dios le dio a Isaías y, para nosotros, hoy en el siglo veintiuno, es la Palabra de Dios, las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento.</p>
<p>  De modo que esa es la primera pregunta: ¿qué es la ley y el testimonio? La segunda pregunta es esta: ¿cómo deberíamos considerar a las personas que no se adhieren a las Escrituras?</p>
<p>  Si no se adhieren a la Palabra de Dios, si no procuran entender lo que ella dice, si no creen todo lo que en ella se declara y su objetivo no es el de aplicar todo lo que en ella se afirma, para sus vidas y para sus iglesias, ¿qué deberíamos pensar de una gente así?</p>
<p>  Pues, aquí, en el versículo 20 dice que si no hablan de acuerdo con esta Palabra es porque no hay luz en ellos. Algunas traducciones lo dicen de este modo: “no hay para ellos amanecer”.</p>
<p>  No he verificado lo que dice la traducción en español porque no entiendo el idioma, pero eso es lo que dicen los traductores ingleses. No hay amanecer para ellos o, como dice la New King James: “No hay luz en ellos”.</p>
<p>  Lo que esto quiere decir es que no pueden esperar que llegue el amanecer del próximo día. No pueden esperar despertar a la luz de la mañana.</p>
<p>  Así  que la luz de la que está hablando no es la del entendimiento, o de la iluminación o del conocimiento, sino que es la de la esperanza. No tienen luz para levantarse por la mañana.</p>
<p>  No está  diciendo aquí que si no hablan de acuerdo con esta palabra, están mudos. No dice que si no hablan según la Palabra de Dios no la entienden. Dice que si no hablan según ella, están bajo la nube del juicio de Dios. Dice que la ira de Dios pende sobre sus cabezas. No dice que no tendrán la menor idea, sino que declara que no tendrán una oración. No hay esperanza para ellos. Este es el significado de “no hay para ellos amanecer”.</p>
<p>  El comentarista E. J. Young dijo: “Hoy día, necesitamos por encima de cualquier otra cosa, que nuestra forma de pensar esté basada y en conformidad con las Santas Escrituras”.</p>
<p>  Esto es lo que dice aquí Isaías; lo que dice el Señor por medio de Isaías cuando dice: “¡A la ley y al testimonio!”.</p>
<p>  Es necesario que busquemos nuestro entendimiento en la Palabra de Dios. Debemos procurar encontrar nuestras directrices en la Palabra de Dios, para saber cómo debemos vivir nuestra vida de cristianos en la Iglesia de Jesucristo y cómo debemos, nosotros que somos ministros del Evangelio, llevar adelante nuestros ministerios.</p>
<p>  Nuestro objetivo debería ser realizarlo en conformidad con todo lo que la Palabra de Dios enseña.</p>
<p>  Así  que esto es lo que este texto nos está diciendo a nosotros cuando dice: “¡A la ley y al testimonio!”.</p>
<p>Derechos Reservados ©2010</p>
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		<title>Spurgeon acerca de la lectura</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Aug 2010 14:55:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuidado personal]]></category>
		<category><![CDATA[Lectura]]></category>
		<category><![CDATA[Persona]]></category>

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		<description><![CDATA[Como de costumbre, Charles Spurgeon da un buen argumento acerca de esto. Aquí, en un sermón  sobre 2 Timoteo 4:13, acerca de la capa y los libros de Pablo, toca el tema de lo valioso que es ser un lector:
Consideraremos los libros [de Pablo]. No sabemos de qué trataban aquellos libros y solo podemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/08/pablo_escribe.png"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/08/pablo_escribe.png" alt="" title="pablo_escribe" width="250" height="186" class="alignleft size-full wp-image-448" /></a>Como de costumbre, Charles Spurgeon da un buen argumento acerca de esto. Aquí, en un sermón  sobre 2 Timoteo 4:13, acerca de la capa y los libros de Pablo, toca el tema de lo valioso que es ser un lector:</p>
<p>Consideraremos los libros [de Pablo]. No sabemos de qué trataban aquellos libros y solo podemos hacernos una idea de lo que podían ser aquellos pergaminos. Pablo se había dejado unos cuantos libros, quizás envueltos en la capa, y Timoteo debía tener un cuidado especial en traerlos. Hasta un apóstol tiene que leer. </p>
<p>Algunos de nuestros hermanos ultracalvinistas piensan que un ministro que lee libros y estudia su sermón debe ser un espécimen vergonzoso de predicador. Un hombre que se sube al púlpito, profesa tomar el texto en aquel mismo momento y habla una cantidad de sandeces, es el ídolo de muchos. Si habla sin premeditación, o finge hacerlo, y no consigue lo que ellos llaman un plato de sesos de muertos, ¡oh, ese es un predicador! </p>
<p><span id="more-440"></span></p>
<p>¡Cuánto los reprendía el apóstol! Él es un hombre inspirado por Dios y, sin embargo, quiere los libros. Ha estado predicando durante treinta años por lo menos, ¡y sigue queriendo libros! Ha visto al Señor ¡y sigue queriendo libros! Había tenido una experiencia más amplia que la mayoría de los hombres, ¡y seguía queriendo libros! Había sido arrebatado al tercer cielo, había oído cosas que a un hombre no le estaba permitido pronunciar, ¡y seguía queriendo libros! Había escrito la mayor parte del Nuevo Testamento, ¡y seguía queriendo libros! </p>
<p>El apóstol dice a Timoteo, y del mismo modo a cada predicador: “¡Entréguese a la lectura!”. El hombre que nunca lee no será leído jamás; el que nunca cita, jamás será citado. Aquel que no utiliza los pensamientos del cerebro de otros hombres, demuestra que no tiene un cerebro propio. Hermanos, lo que es verdad para los ministros, también lo es para toda nuestra gente. Necesitan leer. Renuncien cuanto quieran a la literatura liviana, pero estudien cuanto puedan las obras teológicas sanas, especialmente la de los escritores puritanos, y las exposiciones sobre la Biblia. </p>
<p>Estamos persuadidos de que la mejor forma en la que se puede pasar el tiempo de ocio es leyendo u orando. Pueden conseguir mucha instrucción de los libros que, posteriormente, podrán utilizar como un arma verdadera al servicio de su Señor y Maestro. Pablo grita: “trae los libros”; únanse a ese grito.</p>
<p>Derechos Reservados ©2010</p>
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		<title>Valor ministerial</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Jul 2010 14:26:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pastor]]></category>

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		<description><![CDATA[J.C. Ryle
&#8220;Porque Herodes mismo había enviado a prender a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe, pues Herodes se había casado con ella. Porque Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. Y Herodías le tenía rencor y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/07/valor_ministerial.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/07/valor_ministerial.jpg" alt="" title="valor_ministerial" width="130" height="162" class="alignleft size-full wp-image-432" /></a><strong>J.C. Ryle</strong></p>
<p>&#8220;Porque Herodes mismo había enviado a prender a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe, pues Herodes se había casado con ella. Porque Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. Y Herodías le tenía rencor y deseaba matarlo, pero no podía, porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo mantenía protegido. Y cuando le oía se quedaba muy perplejo, pero le gustaba escucharlo&#8221;. (Marcos 6:17-20)</p>
<p>Vemos, con que valor un fiel ministro de Dios debe reprochar el pecado. Juan Bautista hablo muy francamente a Herodes de la maldad que cometía. No se excusó de hacerlo so pretexto que decírselo pudiera ser imprudente, impolítico, inoportuno ó inútil. No lo trató con suavidad, ni intentó paliar la maldad del rey empleando palabras blandas para describir su falta. Dijo a su real oyente la verdad sencilla sin mirar a las consecuencias: &#8220;No es justo que tengas a la mujer de tu hermano&#8221;. </p>
<p><span id="more-431"></span></p>
<p>He aquí un ejemplo que todos los ministros debieran imitar. En público y en privado, desde el púlpito y en sus visitas domiciliarias, deben reprochar todo pecado conocido, y apercibir a todos los que viven en él. Quizás incomode; quizás se haga impopular; pero no deben ocuparse de ello; cumplan con su deber y dejen a Dios las consecuencias.</p>
<p>No hay duda que se necesita mucha gracia y mucho valor para manejarse así. No hay duda que un acusador, como Juan Bautista, debe trabajar con mucho amor y mucha prudencia al cumplir con la comisión que ha recibido de su Maestro de reprochar a los malvados; pero es asunto en que su fidelidad y su caridad están empeñadas. Si cree que una persona está perjudicando su alma, debe decírselo; si lo ama realmente, no debe dejar de advertirle que corre a su ruina. Por grande que la ofensa parezca al principio, el acusador fiel al cabo será generalmente respetado. &#8220;El que reconviene a un hombre, encontrará después más favor en él, que el que lo lisonjea con sus palabras.&#8221; Prov. 28:23</p>
<p>Extracto de <i>Los evangelios explicados</i>, J.C. Ryle, editado por Editorial Clie. Derechos Reservados.</p>
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		<title>¿Hay realmente necesidad de predicación?</title>
		<link>http://www.ibrnb.com/op/?p=413</link>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 13:29:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Predicación]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Podemos justificar la predicación?¿Hay realmente necesidad de predicación?
&#8230;¿Cuál es la causa de la presente reacción contra la predicación?¿Por qué ha caído la predicación de la posición que antes ocupaba en la vida de la Iglesia y en la estima de la gente? 
No se puede leer la historia de la Iglesia, aun haciéndolo por encima, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/07/hay_necesidad_de_predicacion.png"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/07/hay_necesidad_de_predicacion.png" alt="" title="hay_necesidad_de_predicacion" width="282" height="240" class="alignleft size-full wp-image-417" /></a>¿Podemos justificar la predicación?¿Hay realmente necesidad de predicación?</p>
<p>&#8230;¿Cuál es la causa de la presente reacción contra la predicación?¿Por qué ha caído la predicación de la posición que antes ocupaba en la vida de la Iglesia y en la estima de la gente? </p>
<p>No se puede leer la historia de la Iglesia, aun haciéndolo por encima, sin notar que ha ocupado siempre una posición central y predominante en la vida de la misma, en particular en el protestantismo. ¿Por qué entonces este declive del lugar y del poder de la predicación? ¿Y por qué se cuestiona la necesidad misma de la predicación?</p>
<p>Yo dividiría mi respuesta a estas preguntas bajo dos apartados generales. <strong>En primer lugar, hay ciertas razones generales que deben tenerse en cuenta para esto, y después existen ciertas razones particulares en la Iglesia misma.</strong> Cuando digo &#8220;generales&#8221; me refiero a ciertas ideas populares que circulan por el mundo, fuera de la Iglesia.</p>
<p><span id="more-413"></span></p>
<p><strong>&#8230;Ha habido una nueva actitud hacia la oratoria, la elocuencia y la disertación digna de ese nombre.</strong> Es una actitud de desconfianza hacia el orador. Y, por supuesto, acompañando a esto y reforzando toda esta actitud, ha habido una nueva insistencia en el lugar de la lectura. </p>
<p>El argumento que se emplea es que hoy día somos un pueblo más educado y con más cultura; que en el pasado la gente no leía por sí misma y dependía de los grandes disertadores, de los grandes oradores, pero que eso ya no es necesario porque ahora tenemos libros y bibliotecas, etc. </p>
<p>Y además tenemos la radio y la televisión, que nos imparten conocimientos e información concerniente a la Verdad y llegan directamente a nuestros hogares. Yo creo que todo esto, en general, ha influido en la Iglesia y en la actitud de esta y del pueblo cristiano hacia la palabra hablada y la predicación como tal.</p>
<p>Ahora bien, yo no quiero ocupar mucho tiempo en refutar esta actitud general que es hostil a la predicación; simplemente me conformo con decir esto: es muy interesante notar que algunos de los más grandes hombres de acción que el mundo ha conocido han sido también grandes disertadores y grandes oradores. </p>
<p>No creo que haya sido un accidente el hecho de que en  Gran Bretaña, por ejemplo, durante las dos guerras mundiales en este siglo XX, los dos grandes líderes que surgieron resultaran ser grandes oradores; y aquellos hombres que tenían tendencia a dar la impresión de que si un hombre sabe hablar es porque es un mero charlatán y no hace nada, han sido refutados por las evidencias de la Historia. </p>
<p>Los grandes hombres de acción han sido grandes oradores; y, por supuesto, es una parte de la función del líder y un esencial desiderátum el ser capaz de entusiasmar a las gentes, despertarlas y hacer que se pongan en acción.</p>
<p>&#8230;Así son las cosas por lo general. <strong>Pero nos preocupan más ciertas actitudes de la Iglesia misma o ciertas características en ella que explican la decadencia de la posición que ocupaba la predicación.</strong> Yo creo que aquí se encuentran algunos de los principales y más dominantes factores bajo este apartado. </p>
<p>No titubearía en poner en primera posición lo siguiente: una pérdida de la creencia en la autoridad de las Escrituras y una disminución de la fe en la Verdad. Pongo esto en primer lugar porque estoy seguro de que es la causa principal. Si tú no tienes autoridad, no puedes hablar bien, no puedes predicar. La predicación poderosa se apoya siempre sobre grandes temas.</p>
<p>&#8230;Pero hay una segunda causa; y hemos de ser justos en estos asuntos. Creo que ha habido una reacción contra aquellos que fueron llamados &#8220;los grandes &#8216;pulpiteros&#8217;&#8221;, especialmente de la segunda mitad del siglo XIX. Se hallaban en gran número en Inglaterra y también en los Estados Unidos. </p>
<p>Siempre pienso que el hombre más típico en cuanto a esto en los Estados Unidos fue Henry Ward Beecher. Él ilustra perfectamente las principales características del &#8220;pulpitero&#8221;. El término mismo es muy interesante y creo que muy preciso. Estos hombres eran &#8220;pulpiteros&#8221; en vez de predicadores. Quiero decir que eran hombres capaces de ocupar un púlpito, dominarlo y dominar a la gente. Eran profesionales. Había en ellos bastantes de las características de un profesional del espectáculo y eran expertos en manejar a las congregaciones y jugar con sus emociones. Al final podían hacer con ellos lo que quisieran. </p>
<p>Ahora bien, estoy seguro de que esto ha producido una reacción; y eso es algo muy bueno. Según mi enfoque de la predicación, esos &#8220;pulpiteros&#8221; eran, en mi opinión, abominables; y en muchos aspectos son ampliamente responsables de esta reacción en la actualidad.</p>
<p>&#8230;Por último quiero indicar que otro factor ha sido la concepción errónea de lo que realmente es un sermón y, por tanto, de lo que es la predicación en realidad.</p>
<p>Se trata de lo mismo, tiene que ver de nuevo con la forma; no de una manera tan cruda como la que he estado planteando, pero yo creo que la impresión y publicación de sermones ha tenido un mal efecto sobre la predicación. Me refiero particularmente a la publicación de sermones desde alrededor del año 1890, y (me atrevo a decir) tengo la impresión de que la escuela escocesa de predicadores ha sido la mayor culpable en lo que a esto se refiere. </p>
<p>Creo que así fue como ocurrió. Aquellos hombres fueron agraciados con un verdadero don literario, y el acento&#8211;nuevamente inconscientemente&#8211;se trasladó desde la verdad del mensaje a la expresión literaria. Prestaron gran atención a las alusiones y citas literarias e históricas. En otras palabras&#8230;eran ensayistas en vez de predicadores; pero, como ellos publicaron esos ensayos como sermones, fueron aceptados como tales. </p>
<p>Aquello, indudablemente, ha tenido un efecto en la manera de pensar de muchos en la Iglesia en cuanto a los que debe ser un sermón y lo que es realmente la predicación. Por tanto, yo atribuiría una buena parte de la decadencia de la predicación en la actualidad a esas efusiones literarias que se han colado bajo el nombre de sermones y de predicación. </p>
<p>El resultado de todas estas cosas ha sido que se ha infiltrado una nueva idea en cuanto a la predicación que ha adoptado varias formas. Una de las más significativas fue que la gente comenzó a hablar de &#8220;discurso&#8221; en el culto, en vez de llamarle sermón. Ya no se hablaba de un sermón, sino de un &#8220;discurso&#8221; o quizá aun de una &#8220;conferencia&#8221;.</p>
<p>Y enseguida, además, se hizo un nuevo hincapié en el &#8220;culto&#8221;, lo que a menudo es llamado &#8220;el elemento de la adoración&#8221;. Ahora bien, estos términos son muy engañosos. </p>
<p>Recuerdo a un hombre decir en una conferencia: &#8220;Por supuesto que en las iglesias episcopales prestamos mayor atención a la adoración que la prestada por los que pertenecen a las iglesias independientes&#8221;. Pude entender que lo que él realmente quería decir era que ellos tenían una forma litúrgica de culto y nosotros no. Pero él igualaba la lectura de la liturgia a la adoración. Por tanto, la confusión aumenta. </p>
<p>&#8230;Peor aún ha sido el incremento en el elemento de diversión en el culto público: la utilización de películas y la introducción de más y más canto, acortándose drásticamente la lectura de la Palabra y la oración a la vez que se dedica cada vez más tiempo a cantar. </p>
<p>Ahora existe el &#8220;director musical&#8221; como una nueva clase de oficiante en la iglesia, y él dirige la música y se supone que crea un ambiente determinado.¡Pero a veces le lleva tanto tiempo crear el ambiente que no queda tiempo para la predicación en dicho ambiente! Esto forma parte de toda esa depreciación del mensaje. </p>
<p>Luego, además, están los testimonios. Es interesante observar que, a medida que la predicación como tal ha ido en declive, los predicadores han utilizado más y más a las personas para que den sus testimonios; y particularmente si son importantes en alguna esfera. </p>
<p>Se dice que esto atrae a la gente al Evangelio y la persuade para que lo escuche. Si encuentras a un almirante o un general, o a cualquiera que tenga algún título especial o que sea un jugador de béisbol, un actor o una actriz, una estrella de cine, un cantante pop o alguien famoso para el público, hay que hacer que den sus testimonios. </p>
<p>Esto es estimado como algo de mucho más valor que la predicación y que la exposición del Evangelio. ¿Has notado que ha englobado todo esto bajo el término &#8220;diversión&#8221;? A esa área es a la que yo creo que pertenece. Pero a eso es a lo que se ha vuelto la Iglesia a la vez que daba la espalda a la predicación. </p>
<p>&#8230;También hay ciertos cambios generales que han tenido lugar en la iglesia misma. Hasta aquí he estado hablando acerca de gente que cree en la Iglesia y que asiste a una iglesia. Entre ellos se ha dado este desplazamiento del lugar y la posición de la predicación. </p>
<p>A veces esto se ha expresado aun de manera puramente física. He notado que la mayoría de las capillas nuevas que se han edificado en nuestro país ya no tienen un púlpito central; este ha sido desplazado a un lado. Antes, el púlpito estaba en el centro, pero ya no es así; y te encontrarás mirando a algo que corresponde a un altar en vez de estar mirando al púlpito, el cual generalmente dominaba todo el edificio. Todo esto es muy significativo. </p>
<p>Extracto del libro &#8220;La predicaci&oacute;n y los predicadores&#8221;, cortes&iacute;a de Editorial Peregrino. Publicado por Editorial Peregrino, Derechos Reservados ©2003. </p>
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		<title>Una teología bíblica de la predicación</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jun 2010 13:14:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Predicación]]></category>

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		<description><![CDATA[Brian Borgman
La predicación apasionada, potente y bíblica, característica de Dios, comienza con su llamamiento genuino al ministerio pastoral. Esa semilla del llamamiento crece en el terreno rico y profundo de la auténtica piedad auténtica. La salud y el vigor del hombre de Dios, en la totalidad de su humanidad redimida, es lo que le confiere [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://dist-ch.com/bmi-corazón-por-tu-causabbrmy-heart-for-thy-cause-p-4495.html"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/06/mi_corazon_por_tu_causa2.jpg" alt="" title="mi_corazon_por_tu_causa" width="150" height="242" class="alignleft size-full wp-image-394" /></a><strong>Brian Borgman</strong></p>
<p>La predicación apasionada, potente y bíblica, característica de Dios, comienza con su llamamiento genuino al ministerio pastoral. Esa semilla del llamamiento crece en el terreno rico y profundo de la auténtica piedad auténtica. La salud y el vigor del hombre de Dios, en la totalidad de su humanidad redimida, es lo que le confiere a su predicación credibilidad y poder. </p>
<p>No obstante, esto debe ser conciliado al decir que no es tan solo el llamamiento genuino y una vida santa lo que hacen que una predicación sea propia de Dios, también es importante la cabal posesión de una teología bíblica de predicación. La teología de la predicación debe ser parte del predicador; debe correr enteramente por sus venas y ser el soporte de su ministerio. </p>
<p><span id="more-388"></span></p>
<p>John Stott reconoció esto cuando declaró:  </p>
<blockquote><p>“En un mundo que no parece estar dispuesto a escuchar o que es incapaz de hacerlo, ¿cómo podríamos persuadirnos de seguir predicando, y aprender a hacerlo con efectividad? El secreto esencial no es dominar ciertas técnicas sino ser dominado por ciertas convicciones. En otras palabras, la teología es más importante que la metodología. Con esta declaración tan contundente, no estoy despreciando la homilética como tema de estudio en los seminarios, sino que sostengo que la homilética pertenece propiamente al departamento de teología práctica y que no puede ser enseñada sin una sólida base teológica. </p>
<p>Indudablemente, hay principios de predicación que deben aprenderse y una práctica que debe desarrollarse, pero lo más fácil es que pusiéramos demasiada confianza en estos. La técnica solo nos puede hacer oradores; si queremos ser predicadores, necesitamos teología. <i>Si nuestra teología es correcta, tenemos todos los conocimientos básicos que necesitamos para hacer los que debemos, y los incentivos necesarios para inducirnos a hacerlo fielmente</i> (cursivas del autor)” <SUP>1</SUP>.</p></blockquote>
<p>Una teología bíblica de la predicación debe comenzar y terminar con Dios (cf. Ro 11:36). Su gloria es el gran fin de la predicación. Cotton Mather dijo: “El gran diseño e intención del oficio de un predicador cristiano es restaurar el trono y el dominio de Dios en las almas de los hombres” <SUP>2</SUP>. El hombre de Dios debe estar convencido de que la predicación bíblica es ordenada por Dios como su medio designado para glorificarse a sí mismo mediante la salvación de los pecadores y la edificación de los santos (cf. 1 Co 1:17-2:5). “Dios utiliza la predicación contemporánea para traer su salvación a las personas en la actualidad, para edificar su Iglesia e introducir su reino. En resumen, <i>la predicación bíblica contemporánea es nada menos que un evento redentor</i>” (cursivas añadidas)<SUP>3</SUP>.  </p>
<p>La predicación bíblica característica de Dios, que alcanza a las personas con la verdad, puede representarse como la convergencia de dos fuerzas, una de arriba y una de abajo. La fuerza de arriba es la unción del Espíritu, el poder sentido de la verdad, que viene con potencia sobre el hombre de Dios cuando predica. </p>
<p>La fuerza que irrumpe desde abajo es la propia teología bíblica de predicación del hombre de Dios, que siempre está debajo de él, pero que en el acto de la predicación, combinada con la fuerza de arriba, sirve para impulsar al hombre de Dios de tal manera que la predicación se convierte en una “verdad en llamas”. ¡Sin una teología de predicación suficiente, el ministerio de predicación del pastor carecerá de poder! Él debe saber lo que tiene que hacer.  </p>
<p>El concepto de predicación que asumimos aquí es claramente reformado y experimental. La profunda convicción es que el tipo de predicación más representativa de Dios y que se usa mayormente para la conversión de los pecadores y la edificación de los santos es reformada y experimental. </p>
<p>Este tipo de predicación no es ni más ni menos que la predicación bíblica. Es verdaderamente una exposición bíblica, pero al mismo tiempo, este tipo de predicación tiene ciertos distintivos. El término “reformada” designa dos aspectos de esta clase de predicación. </p>
<p>Primero está el aspecto histórico. La predicación reformada se sustenta en las tradiciones gloriosas de los reformadores, los puritanos y sus herederos; su origen no es más que la predicación apostólica. </p>
<p>El segundo aspecto de la predicación reformada tiene que ver con el contenido. Las grandes verdades de la Reforma, expresamente una visión del mundo centrada en Dios, la centralidad de Cristo, la supremacía de su Palabra, la soberanía de la gracia y la vida de fe, saturan el contenido de esta clase de predicación. Es una predicación que, ante todo, se preocupa del sumo <i>solus</i> de la Reforma: <i>Soli Deo gloria</i>: “solo a Dios sea la gloria”. </p>
<p>Esta clase de predicación es también “experimental”, e implica un conocimiento que se adquiere por medio de la “experiencia”. El Dr. Joel Beeke define la “predicación experimental” como:  </p>
<blockquote><p>“Aquella que se refiere a los aspectos vitales de la experiencia cristiana. Es una predicación que recalca la necesidad de conocer la verdad de Dios por experiencia propia. Es una predicación discriminadora, que define las diferencias entre cristianos y no cristianos, recalcando las promesas del perdón y la vida eterna para aquellos que creen, y las promesas de ira y juicio para los inconversos. </p>
<p>Presenta a Cristo como Aquel que salva a los pecadores y que debe experimentarse de forma personal. Es una predicación para aplicar, que procura referir la verdad de la Palabra de Dios a todos los aspectos de la vida. El objetivo de la predicación experimental es promover una religión que sea poder y no un mero formalismo (cf. 2 Ti 2:5). La predicación experimental trata la salvación y la condenación con ahínco. Exalta la gloria de Dios y pinta los horrores de la separación. Enseña las marcas y los frutos de la gracia, y expone a los falsos maestros”<SUP>4</SUP>.</p></blockquote>
<p><BR><BR><strong>Referencias:</strong> </p>
<p>   1. John Stott: <i>Between Two Worlds</i> (Grand Rapids. Eerdmans 1982), 92<br />
   2. Citado en John Piper: <i>The Supremacy of God in Preaching</i> (Grand Rapids: Baker Book House 1990), 22<br />
   3. Sydney Greidanus: <i>The Modern Preacher and the Ancient Text</i> (Grand Rapids: Eerdmans 1988), 9<br />
   4. Joel R. Beeke: “Reformed Experiental Preaching”—apuntes de clases, Seminario Teológico de Westminster en California, enero 1997.<br />
<BR>Derechos Reservados ©2010<br />
<center><BR><BR>Extracto tomado del libro <i><a href="http://dist-ch.com/bmi-corazón-por-tu-causabbrmy-heart-for-thy-cause-p-4495.html">Mi coraz&oacute;n por tu causa: la teolog&iacute;a b&iacute;blica de la predicaci&oacute;n de Albert N. Martin</a></i> por Brian Borgman.<BR></center></p>
<p><center><a href="http://dist-ch.com/bmi-corazón-por-tu-causabbrmy-heart-for-thy-cause-p-4495.html"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/06/mi_corazon_por_tu_causa4.jpg" alt="" title="mi_corazon_por_tu_causa" width="120" height="194" class="aligncenter size-full wp-image-400" /></a><br />
<BR>Para comprar este libro, <a href="http://dist-ch.com/bmi-corazón-por-tu-causabbrmy-heart-for-thy-cause-p-4495.html">haga clic.</a></center></p>
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		<title>La importancia de la vida devocional del pastor</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 20:32:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Devocional]]></category>
		<category><![CDATA[Albert N. Martin]]></category>

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		<description><![CDATA[Pastor Albert N. Martin
Ante todo, quisiera considerar el principio general.
En 1 Timoteo 4:16, el apóstol Pablo dice a Timoteo en presente de imperativo: &#8220;Presta atención continuamente a ti mismo&#8220;.  Entonces, después de esto, añade: &#8220;A tu enseñanza&#8221;. 
En otras palabras, en medio de todos los deberes que Pablo le ha impuesto ( y había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/06/orando_pastor_devocional_I.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/06/orando_pastor_devocional_I.jpg" alt="" title="orando_pastor_devocional_I" width="160" height="238" class="alignleft size-full wp-image-386" /></a><strong>Pastor Albert N. Martin</strong></p>
<p>Ante todo, quisiera considerar el principio general.<br />
En 1 Timoteo 4:16, el apóstol Pablo dice a Timoteo en presente de imperativo: &#8220;Presta atención continuamente a <strong>ti mismo</strong>&#8220;.  Entonces, después de esto, añade: &#8220;A tu enseñanza&#8221;. </p>
<p>En otras palabras, en medio de todos los deberes que Pablo le ha impuesto ( y había muchas responsabilidades arduas y que requerían mucho tiempo), Timoteo debe prestar una constante y cuidadosa atención a sí mismo. </p>
<p>Pablo no se contenta con dar una orden en presente de imperativo. Además, por así decirlo, refuerza la orden con la exhortación adicional: &#8220;persevera en estas cosas&#8221;. La vida de Timoteo no había de ser cuestión de ajustes y comienzos. </p>
<p><span id="more-376"></span></p>
<p>Pablo no habla de asistir a una conferencia y que su conciencia sea reprobada en lo que concierne a la falta de oración; o que su espíritu sea inquietado en lo que concierne a la ausencia de asimilación devocional de la Escritura; y luego, durante unas pocas semanas o días, entregarse con cierto grado de entusiasmo a esta tarea. ¡No, no! Pablo manda a Timoteo que persevere en estas cosas. Esta es, precisamente, la orden que el Apóstol da a los ancianos de Éfeso. En Hechos 20:28, al dirigirse a estos ancianos de la Iglesia con respecto a sus deberes dados por Dios, dice: &#8220;Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre&#8221;. </p>
<p>¿Cuál es el primer y principal deber de estos ancianos de Éfeso? Tener cuidado de sí mismos. Esta exhortación ocurre en medio de la realidad anunciada de la presencia de la herejía y el error desde dentro y desde fuera, en medio de todas las demás tareas implícitas al pastorear el rebaño de Dios. Estos ancianos debían considerar esta tarea como teniendo por punto focal la educación y el cultivo de su propio caminar con el Dios viviente. </p>
<p><strong>Los Mandamientos</strong></p>
<p>Podemos relacionarlo también con la estructura de los Mandamientos cuando a nuestro Señor se le preguntó: ¿Cuál es el gran mandamiento de la ley? Él respondió: &#8220;AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO&#8221; (Mt. 22:36-39). En la obra del ministerio efectuamos los deberes de la segunda tabla de la Ley. Ministramos a nuestros semejantes. Pero el primer mandamiento es el primero en importancia.</p>
<p>Nunca debemos servir a nuestro prójimo de tal manera que socavemos esa disciplina esencial de alimentar nuestro propio amor hacia el Dios viviente. Como alguien ha dicho: &#8220;La vida del ministerio de un hombre es la vida del ministro&#8221;.  Si la vida de un ministro es la vida de su ministerio, entonces el alma misma de su vida son sus propios ejercicios devocionales. </p>
<p>Si es verdad que de la abundancia del corazón habla la boca, entonces la preparación más necesaria para las disciplinas formales del ministerio oral es la alimentación del corazón. “Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él [brotan] los manantiales de la vida” (Pr. 4:23). Por tanto, la importancia de la vida devocional de un pastor puede verse, ante todo, a la luz de este principio general que he expresado a partir de estos textos. </p>
<p><strong>Confirmar la experiencia espiritual</strong></p>
<p>Ahora permítaseme indicar cuatro aspectos específicos de la importancia de mantener una fructífera vida devocional como pastor. Esto es importante, ante todo, para confirmar la realidad de la experiencia espiritual que profesamos. Nota que he dicho “confirmar”, no “impartir”. </p>
<p>Hermano, mientras Mateo 7:21-23 exista en la Escritura, debemos recordar siempre que hay una temible posibilidad de que un hombre tenga grandes dones ministeriales y abundante éxito ministerial, ¡pero que esté totalmente desprovisto de gracia salvadora y santificante! Nuestro Señor dijo en ese pasaje tan aleccionador: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”. Nuestro Señor no discute las reivindicaciones de ellos. Responde diciendo: “Jamás os conocí; APARTAOS DE MÍ, LOS QUE PRACTICÁIS LA INIQUIDAD”. En otras palabras, ellos tenían dones ministeriales y un éxito manifiesto, pero estaban desprovistos de la gracia salvadora. </p>
<p><strong>Pocas cosas son un índice más preciso de la ausencia de gracia salvadora que la ausencia de estas disciplinas espirituales en que el alma tiene una relación directa con Dios.</strong> Una de las cosas que me preocupan en ese texto es que está en la misma sección en que Jesús, hablando de la senda ancha que conduce a la destrucción dice: “Muchos son los que entran por ella”. En el mismo contexto dice: “Muchos me dirán en aquel día [y eso no se refiere a los liberales]: ¿No profetizamos en tu nombre?. Esa es su reivindicación. Ellos reconocieron en Jesús de Nazaret la revelación de Jehová, que el nombre de Dios estaba con Él. Además, no hablaba a los liberales porque los liberales no creen en lo demoníaco. Ellos lo explican todo en términos de psicología. No creen en la instrumentalidad sobrenatural del Espíritu Santo que incide directamente en la personalidad humana y libera esa personalidad de un falso espíritu del Infierno llamado demonio. ¡Ningún liberal hará, por tanto, esa reivindicación en el último día!</p>
<p>Esta es una terminología ortodoxa: “[...]¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”. Los liberales no creen en lo milagroso. Hermano, solo los predicadores ortodoxos harán esa reivindicación, y Jesús dijo que habrá un ejército de estos: “<strong>Muchos</strong> me dirán en aquel día”. </p>
<p>Pocas cosas son más reveladoras en confirmar la realidad de una vida espiritual vital (¡o en denunciar su ausencia!) que esas disciplinas relacionadas con la vida devocional del pastor. </p>
<p><strong>Verdadera filiación</strong></p>
<p>¿Qué es lo que caracteriza al hijo de Dios por encima de todo? ¿Qué es lo que le diferencia como totalmente singular? ¿No son cualidades como las descritas en textos tales como Filipenses 3:3: “nosotros somos la [verdadera] circuncisión, que adoramos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no poniendo la confianza en la carne”? </p>
<p>Cualquier hombre que sea de la verdadera circuncisión, cuyo corazón haya sido circuncidado por el Espíritu Santo, adora en el Espíritu. En otras palabras, ha probado la realidad de una sentida comunión con el Dios viviente. Habiendo probado esa realidad, su adoración es algo más que una lectura de la rúbrica del Libro de Oración o una mera articulación de las frases que ha absorbido en su tradición evangélica.  Nosotros somos la verdadera circuncisión, que adoramos en el Espíritu de Dios. En otras palabras, nuestra adoración es de carácter espiritual. Tiene dimensiones de vitalidad y perspectiva que solo Dios el Espíritu Santo puede dar. </p>
<p>Luego está la consecuencia de gloriarse en Cristo Jesús. El espíritu de la profecía es el espíritu o el testimonio de Jesús. Donde hay adoración en el Espíritu, habrá esta preocupación, esta fijación, con Cristo Jesús, una fijación que no puede en ninguna forma ser satisfecha con nombrar simplemente su nombre en público, con introducir su nombre como un apéndice en una oración en las disciplinas públicas del ministerio. Debe haber algo de ese anhelo interior por la fragancia de su presencia que se destila sobre el corazón en el lugar secreto. </p>
<p>Los que se glorían en Cristo Jesús encuentran una luz en todo lo que Él es en la singularidad de su Persona y en la perfección de su obra y, por lo tanto, no ponen su confianza en la carne. En el contexto, significa no tener confianza en la carne para la aceptación ante Dios en la cuestión de la justificación, pero sin duda no se limita a eso. Está condicionado por ello, pero no limitado por ello. Cuando he sido despojado de todo último refugio en lo que se refiere a mi aceptación ante Dios, si he visto que nada soy, que nada puedo hacer sin pecar, y nada tengo que me recomiende a Dios, esa disposición penetra en mi perspectiva total de la vida. </p>
<p>Sé que  llevo dentro de mí los restos de la corrupción, una verdadera bomba lista para estallar en una conflagración de los pecados más sucios imaginables. Por tanto, no teniendo confianza en la carne, estaré frecuentemente ante el trono de la gracia orando: “¡Oh Padre mío, no me metas en tentación, somete mis pasiones, disciplina mi orgullo, pon freno a mi impetuosidad!&#8221;. Ante el trono de la gracia, presentaré muchos asuntos que no tienen nada que ver con la campana de la iglesia a las 11:00 el domingo por la mañana. </p>
<p><strong>El hipócrita</strong></p>
<p>Oye a Jonathan Edwards, en su penetrante sermón sobre los hipócritas que son deficientes en los deberes de la oración secreta:</p>
<blockquote><p>Cuando un hipócrita ha tenido su falsa conversión, sus necesidades están ya provistas según él, sus deseos ya están cumplidos; y así no encuentra nada que hacer ante el trono de la gracia. Nunca fue consciente de tener cualquier otra necesidad, sino la necesidad de estar a salvo del Infierno. Y ahora que está convertido, según piensa, esa necesidad está cubierta. </p>
<p>¿Por qué entonces debe aún continuar recurriendo al trono de la gracia con peticiones sinceras? Está fuera de peligro; todo aquello que temía ha sido quitado; tiene lo suficiente para ser llevado al Cielo, ¿y qué más debe desear? </p>
<p>Mientras estaba bajo un despertar, se estimulaba para ir a Dios en oración diciendo que tenía continuo temor del Infierno. Pero puesto que en su propia opinión está convertido, ya no tiene ningún asunto respecto al cual ir a Dios. Y aunque pueda conservar el deber de la oración en su forma externa durante un poco de tiempo, por temor a estropear su esperanza, encontrará tedioso continuarlo sin necesidad, y así gradualmente abandonará la práctica. La obra del hipócrita se hace cuando se convierte y, por tanto, no siente ninguna necesidad adicional de ayuda<SUP>1</SUP>.</p></blockquote>
<p>Unas palabras muy escrutadoras, ¿no es así, hermano mío? Si bien el hipócrita puede orar solo lo necesario para apaciguar su conciencia en cuanto a que está convertido, el ministro inconverso puede orar solo lo necesario para descargar su conciencia en cuanto a que es un ministro evangélico. Pero de esa oración que nace de la presión de un anhelo incumplido de tener comunión con Dios nada sabe. De esa oración que nace de la presión por una sentida comunión con Cristo nada sabe. De esa oración que sale de un corazón consciente del terrible fomento de la presión del pecado que mora en él nada sabe. </p>
<p>Mi amigo predicador, si nada sabes de ejercicios devocionales, es decir, oración secreta y lectura meditativa y reflexiva de la Palabra de Dios, sin relación consciente con los deberes ministeriales públicos oficiales, esto bien podría ser el indicador de tu verdadero estado espiritual. </p>
<p>Sería un necio si supusiera que cada hombre en esta Conferencia [o cada lector--N.T.--] está verdaderamente en Cristo. Cuando me presente ante Dios, quiero que mis manos estén limpias de tu sangre, y quiero hacer sonar esta nota con todo fervor, amigo mío. ¿Es esta quizá la clave de tu falta crónica de oración, que nunca has probado ni sentido la realidad de la verdadera unión con Jesucristo? </p>
<p>Una y otra vez, Whitefield habla en su diarios de ministros de quienes estaba convencido que predicaban a un Cristo no sentido. ¿De qué hablaba? De esta mismísima cosa. Pues es por la Palabra de Dios por la que vemos el rostro de nuestro Salvador: &#8220;Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor&#8221; (2 Co. 3:18). </p>
<p>Nuestro Señor se refleja en las Escrituras y, por tanto, nos volvemos a ellas tan naturalmente como me vuelvo día y noche a las fotos que están sobre el pequeño escritorio de mi habitación. Adondequiera que voy, lo primero que sale de mi cartera es ese sobre con las fotos de mi esposa y de mis hijos. Algo de lo que son y de lo que significan para mí se refleja en ese pedacito de papel fotográfico. No necesito que alguien llame a mi puerta dos veces al día y me diga: ¿Has tenido tu tiempo personal con las fotos? Es completamente ridícula la idea de que hay que presionar a las personas con la pregunta: &#8220;¿Has tenido tu tiempo devocional?&#8221;</p>
<p>Cuando el alma está cautivada por la gloria de Cristo hay ese anhelo instintivo por contemplar su rostro. Así pues, la importancia de la vida devocional del pastor se ve no solamente a la luz del principio general, sino también a la luz de esta primera cosa en especial. Confirma la realidad de la experiencia espiritual que se profesa.   </p>
<p>1. Edwards, Jonathan: <i>Works</i>, Vol. 2, p.73 (B. of T. 1974). </p>
<p>Extracto tomado del libro <i>Preparados para predicar</i> por Albert N. Martin</p>
<p>Derechos Reservados ©2010</p>
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		<title>La necesidad de cultivar nuestros dones</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jun 2010 13:35:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuidado personal]]></category>
		<category><![CDATA[Pastor]]></category>
		<category><![CDATA[Persona]]></category>

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		<description><![CDATA[Pastor Albert N. Martin
Al considerar la necesidad del cultivo consciente de nuestros dones para la predicación, quiero enfocar varios textos muy cruciales de las Epístolas Pastorales. El primero ya se ha leído a esta audiencia. Pablo estaba escribiendo a su hijo espiritual, Timoteo, quien había sido dejado atrás para servir en la obra de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/06/preparados_para_predicar2.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/06/preparados_para_predicar2.jpg" alt="" title="preparados_para_predicar" width="170" height="260" class="alignleft size-full wp-image-374" /></a><strong>Pastor Albert N. Martin</strong></p>
<p>Al considerar la necesidad del cultivo consciente de nuestros dones para la predicación, quiero enfocar varios textos muy cruciales de las Epístolas Pastorales. El primero ya se ha leído a esta audiencia. Pablo estaba escribiendo a su hijo espiritual, Timoteo, quien había sido dejado atrás para servir en la obra de la Iglesia allá en la zona de Éfeso. Este era un mandato y admonición muy extraño: “Por lo cual te recuerdo que avives el [fuego del] don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos” (2 Ti. 1:6 LBLA). Una traducción más literal sería: “Continúa soplando hasta que sea una llama viva el carisma de Dios”. </p>
<p>Ahora bien, sin tratar las cuestiones discutibles con respecto a la naturaleza precisa del don o carisma de Timoteo; o la relación de ese carisma con la imposición de manos del Apóstol (¡y esas cuestiones son ciertamente discutibles!), una cosa está clara: que Timoteo ha de continuar en el cultivo consciente de este don ministerial dado por Dios. </p>
<p><span id="more-364"></span></p>
<p>Pablo escribe a Timoteo diciendo que él, Timoteo, ha de estimular hasta ser una llama viva este carisma de Dios. No ha de orar que Dios aumente la llama de este don. No ha de orar que otros lo hagan. Viene a él como un mandato; una responsabilidad que se coloca firmemente sobre los hombros de Timoteo. Si tal responsabilidad es verdadera en cuanto a los dones más extraordinarios que Timoteo posee, y a la luz de la manera tan extraordinaria como esos dones se confirieron, ¡cuánto más es verdadero en el caso de dones ordinarios conferidos de una manera ordinaria! </p>
<p>¿Ves el razonamiento? Si alguien pudiera excusarse diciendo: “Bien, mi don me vino en unas circunstancias muy peculiares, y es, en un sentido, un don extraordinario; por tanto, la dimensión de la capacitación divina, la dimensión de la iniciativa divina en el desarrollo de ese don deben ser supremas, no sea que de alguna manera dé la impresión de que esto es simplemente un don ordinario. Si alguien puede razonar de esa manera, Timoteo podría; pero no después de recibir la segunda carta de Pablo. Su conciencia estaba atada por el deber del cultivo consciente de sus dones divinos para la predicación.</p>
<p>     En el capítulo 2 de esta misma carta, tenemos una perspectiva similar: “Recuérda[les] esto, encargándo[les] solemnemente en la presencia de Dios, que no contiendan sobre palabras, [lo cual] para nada aprovecha [y lleva] a los oyentes a la ruina. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, [como] obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:14- 15). </p>
<p>A Timoteo se le recuerda esta responsabilidad de hacer constantemente lo máximo, con el fin de que se convierta en un obrero que no se avergüenza. Debe entregarse al cultivo, así como también al ejercicio, de sus dones de ministerio, para que en la presencia de su Dios no haya ningún motivo de vergüenza cuando maneje esa Palabra que es la esencia misma de su tarea ministerial.</p>
<p>     En la primera carta de Pablo a Timoteo, en el capítulo 4, sinencontramos un acento similar. Entre los muchos deberes que Pablo había colocado sobre Timoteo con respecto a la vida y el gobierno de las iglesias, incluyó: “No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio. Reflexiona sobre estas cosas; dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos” (1 Ti. 4:14-15).</p>
<p>     Aquí nuevamente, el Apóstol dice a Timoteo que nunca debe permitirse quedarse pasivo; nunca debe quitar sus manos de los remos y sentir que porque ha logrado algún grado de pericia, algún grado de reputación ganada entre el pueblo de Dios, puede simplemente quedarse pasivo en su nivel actual de pericia ministerial. ¡No! </p>
<p>Él se lo dice, por un lado, negativamente: “No descuides”, dando por supuesta, desde luego, la contrapartida en sentido positivo: dar atención constante a ese don que se te dio mediante profecía. Sé diligente en estas cosas; tan diligente, Timoteo, que tu propio progreso, tanto como hombre como predicador, se manifieste a todos. </p>
<p>Timoteo, cuando vuelva a esa zona para hablarle de ti a las personas, quiero que todos pregunten: “Pablo, ¿cuándo fue la última vez que oíste predicar a Timoteo?”. Mi respuesta será: “Le oí predicar hace ocho meses”. “¿Qué pensaste de él entonces?”. Entonces responderé: “Oh bien, estaba muy orgulloso de mi hijo espiritual; en el sentido correcto, por supuesto. Manejó la Palabra de una manera muy admirable. Trazó un camino derecho en la Palabra de verdad”.</p>
<p>     Pablo exhorta a Timoteo a hacer tal progreso que cuando ese pequeño cambio continúe, las personas digan: “¡Ah, Pablo, tú no has oído nada aún! Hay una riqueza; hay un entusiasmo; hay una unción; hay una precisión; hay una agudeza; hay un poder sobre la conciencia ahora, como nunca lo hubo en el ministerio de Timoteo anteriormente”.</p>
<p>     Timoteo, deja que tu progreso sea manifiesto a todos. Ahora bien, ¿cómo ha de venir esto? ¿Simplemente con el paso de tiempo? ¡No! Solo en la medida en que Timoteo tenga cuidado de no descuidar el don que se le ha dado; en la medida en que Timoteo tenga cuidado de ser diligente en el cultivo del don que le ha dado Dios.</p>
<p>     Ahora bien, sin duda estos textos (y hay otros que pueden utilizarse) establecen el deber del cultivo consciente de nuestros dones ministeriales. Ahora debemos pedir y tener una respuesta bíblica para una pregunta muy sencilla: “¿Por qué es esto necesario?”. </p>
<p>Si el don es un carisma de Dios; si finalmente encuentra su origen en la actividad de Dios, en la soberana voluntad de Dios, en la obra eficaz del Espíritu Santo de Dios, ¿por qué debe estar el receptor tan conscientemente implicado en su desarrollo, en su maduración, en su mejoramiento? </p>
<p>No conozco un texto que responda a esa pregunta, al menos en principio, con más concisión y precisión, que ese texto crucial en lo que concierne a cualquier pregunta de esta naturaleza: Filipenses, capítulo 2, versículos 12-13: “Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para [su] beneplácito”.<br />
Tres principios</p>
<p>     Los tres grandes principios en este texto tan contundentemente aplicables al asunto en cuestión son estos:<br />
     La obra de Dios y la ocupación nuestra son realidades concurrentes. “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor […]”. Esto es, hay una ocupación que trae dentro de su órbita el pleno compromiso de todas nuestras facultades. Ha de haber una ocupación con temor y temblor; esto es, sin tiendo el tremendo peso de las cuestiones espirituales implícitas. En su contexto, por supuesto, Filipenses 2:12 se refiere a la salvación continua general; pero para nuestros propósitos, lo aplicamos al asunto de nutrir nuestros dones. Este, entonces, es el primer y gran principio: la obra de Dios y la ocupación del creyente son realidades concurrentes.</p>
<p>     La obra de Dios constituye la base de nuestra ocupación. Cuando el Apóstol manda a los filipenses que se ocupen en su salvación, ofrece su razonamiento en el versículo 13: “Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para [su] beneplácito”. En otras palabras, como Pablo exhorta a los filipenses a ocuparse en su salvación, les anima con la afirmación de que ellos nunca necesitarán temer que su obra supere la de Dios. Él está constantemente obrando en los suyos, el querer y el hacer para su beneplácito.</p>
<p>     Nuestra ocupación es la demostración y la manifestación de la obra de Dios. ¿Cómo obra Dios? Bien, considera el texto: “[…] Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer”. Esto expone uno de los defectos mortales de la teoría de la vida cristiana que llaman la “Teoría de Embudo”. Es la idea de que Cristo vive su vida a través de nosotros, cuando simplemente conseguimos rendirnos tan perfectamente que desaparece hasta el menor movimiento de tu dedo meñique, y entonces su vida simplemente fluye a través de nosotros. </p>
<p>Bien, eso suena simplemente maravilloso para alguien que ha anhelado tal vida durante largo tiempo. Pero viola la perspectiva de este pasaje y la enseñanza entera de la Palabra de Dios en lo que concierne a lo que podemos llamar la teología de que Dios obra en nuestra obra. ¡No! ¿Cómo se manifiesta la obra de Dios? Él obra en ti. En las profundidades ocultas de tu personalidad redimida, así obra. Es al nivel de tu elección y tu acción como su obra ad- quiere vida. Él obra en ti, no pasando por alto tu voluntad, ni negando tu acción, sino que obra en ti el querer y el hacer para su beneplácito.</p>
<p>     Ahora bien, llevemos esto al terreno del asunto que tenemos delante. ¿Está un predicador, mientras tiene aliento, mientras ocupa este ministerio sagrado, aunque tenga experiencia y haya predicado durante treinta, cuarenta y cincuenta años, bajo una obligación solemne —conscientemente y constantemente— de cultivar sus dones de predicación? Sí, lo está. </p>
<p>Nunca debe sentir que ha llegado a un nivel que le permita quedarse inactivo, y la razón teológica que está detrás de esto es la responsabilidad planteada en un pasaje como Filipenses capítulo 2. La obra de Dios y nuestra ocupación son realidades concurrentes. Su obra constituye la base de nuestra ocupación. Nuestra ocupación es la demostración y la manifestación de su obra. </p>
<p>Por tanto, en predicación, como asimismo en cada otra área de la vida cristiana, es la fusión de la oración y los sufrimientos lo que resulta en progreso. Ni sufrimiento sin oración, ni oración sin sufrimiento; pero la fusión del sufrimiento y la oración obra para el progreso. Esta es la unión de la confianza y el esfuerzo; la ensambladura de la dependencia y la resolución. Aquí tenemos la interacción de lo natural y lo sobrenatural; los principios que operan en la naturaleza y los principios que operan en la gracia.</p>
<p>     En el pasado año, he tenido la enorme responsabilidad de tratar de enseñar a los jóvenes algunos principios en cuanto a la predicación. Por primera vez, he tenido que martillear una teología relativamente amplia y completa de la predicación. Bien, uno de los principios que se han destacado una y otra vez es este mismo principio de que la obra de Dios y nuestra ocupación son realidades concurrentes. </p>
<p>Algunas de las grandes razones para la falta de predicación poderosa en nuestro tiempo deber incluir el bajo nivel de espiritualidad manifestado en la falta de oración y en una manipulación altanera y descuidada de la Palabra de Dios, junto con la mera pereza. Pero otra razón es que hay este temor sutil de que hay algo carnal en cuanto a comenzar a cultivar conscientemente nuestros dones de predicación. La Palabra de Dios te manda avivar el fuego del don de Dios que está en ti. Dedícate a estas cosas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos.</p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
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		<title>La piedad ministerial</title>
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		<pubDate>Tue, 25 May 2010 21:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lillian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Piedad]]></category>

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El hombre de Dios debe considerar que su deber primordial consiste en alimentar su propia alma, y crecer en las verdaderas gracias de la piedad y en la semejanza de Cristo. 
Thomas Murphy no exagera cuando declara:
&#8220;El requisito indispensable para los que trabajan en el ministerio del Evangelio consiste en una elevada piedad. Este debería [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/05/pastor_martin_corazon_causa.png"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/05/pastor_martin_corazon_causa.png" alt="" title="pastor_martin_corazon_causa.png" width="210" height="195" class="alignleft size-full wp-image-323" /></a></p>
<p>El hombre de Dios debe considerar que su deber primordial consiste en alimentar su propia alma, y crecer en las verdaderas gracias de la piedad y en la semejanza de Cristo. </p>
<p>Thomas Murphy no exagera cuando declara:</p>
<p>&#8220;El requisito indispensable para los que trabajan en el ministerio del Evangelio consiste en una elevada piedad. Este debería ser nuestro principio más importante. Esto no implica simplemente una incuestionable piedad auténtica, sino que el grado de esa piedad tiene que sobrepasar el de los creyentes corrientes. </p>
<p><span id="more-344"></span></p>
<p>Significa que debería haber un bautismo del Espíritu Santo más pleno; una mayor consagración de todos los poderes y facultades al servicio de Dios; una más completa conformidad a la imagen del Señor Jesús; una mayor familiaridad con la mente del Espíritu; un acercamiento más estrecho al hombre perfecto en Cristo Jesús en aquellos que toman para sí los privilegios y las responsabilidades de pastor, que los que se suelen esperar en el verdadero cristiano. </p>
<p>El pastor no debería sentirse satisfecho con alcanzar la simple norma general de espiritualidad. Él se ha consagrado a un oficio elevado y santo para el cual se considera llamado y, por tanto, necesita un nivel muy elevado de piedad. Como ministro encargado de servir en el santuario y atender a las almas, ¡cuán profunda debe ser su humildad! </p>
<p>Su gran meta es salvar a los hombres y, por consiguiente, no basta con tener una simple simpatía ordinaria hacia los perdidos y los que sufren. Si ha de ser un líder en la asamblea espiritual de Dios, ¿no debería ir por delante de los demás en los logros espirituales? Atraer a los hombres a un estándar y devoción cada vez más elevados es la comisión que recibió de la gran Cabeza de la Iglesia; ciertamente debería elevarse aún más. </p>
<p>Lo primero que un joven ministro debe considerar es cómo puede lograr ese elevado grado de santidad en el corazón y en su vida.</p>
<p>Concedemos más tiempo y minuciosidad a esta parte de nuestro tema debido a su extraordinaria importancia. No hay otro punto en todo el tema que necesite ser tan concienzudamente grabado como éste&#8221;.</p>
<p>La situación contemporánea se rebela contra este tipo de declaración, quizás como reacción contra la exaltación indebida del clero o solo por la atmósfera antiautoritaria existente. &#8220;Nivelar la cancha deportiva&#8221; es algo común en los hombres que desempeñan el oficio pastoral, de tal manera que su crecimiento en santidad llega a estar por debajo de la norma con el fin de poder &#8220;relacionarse&#8221; con el resto de la congregación. </p>
<p>Los pastores no persiguen una falsa piedad ni tampoco la arrogancia de un espíritu triunfalista. No se está abogando por que los pastores eviten ser transparentes en sus faltas y abiertos en cuanto a sus propias debilidades (aunque al parecer, también se está abusando un poco de esto hoy en día). Lo que se está aseverando es el simple hecho de que el hombre de Dios debe hacer de la piedad personal y del crecimiento espiritual su responsabilidad primordial delante de Dios. Para ser eficiente debe tener salud y vigor en la totalidad de su humanidad redimida. </p>
<p>Extracto tomado del libro <a href="http://dist-ch.com/bmi-coraz%C3%B3n-por-tu-causabbrmy-heart-for-thy-cause-p-4495.html"><i>Mi coraz&oacute;n por tu causa: una teolog&iacute;a de la predicaci&oacute;n de Albert N. Martin</i></a> por Brian Borgman.  </p>
<p><center><a href="http://dist-ch.com/bmi-coraz%C3%B3n-por-tu-causabbrmy-heart-for-thy-cause-p-4495.html"><img src="http://www.ibrnb.com/op/wp-content/uploads/2010/05/micorazonportucausa.jpg" alt="" title="micorazonportucausa.jpg" width="290" height="290" class="alignnone size-full wp-image-92" /></a></center></p>
<p><BR><br />
Derechos Reservados ©2010</p>
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