J.C. Ryle
“Porque Herodes mismo había enviado a prender a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe, pues Herodes se había casado con ella. Porque Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. Y Herodías le tenía rencor y deseaba matarlo, pero no podía, porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo mantenía protegido. Y cuando le oía se quedaba muy perplejo, pero le gustaba escucharlo”. (Marcos 6:17-20)
Vemos, con que valor un fiel ministro de Dios debe reprochar el pecado. Juan Bautista hablo muy francamente a Herodes de la maldad que cometía. No se excusó de hacerlo so pretexto que decírselo pudiera ser imprudente, impolítico, inoportuno ó inútil. No lo trató con suavidad, ni intentó paliar la maldad del rey empleando palabras blandas para describir su falta. Dijo a su real oyente la verdad sencilla sin mirar a las consecuencias: “No es justo que tengas a la mujer de tu hermano”.
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29 de Julio del 2010 en
Pastor |
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¿Podemos justificar la predicación?¿Hay realmente necesidad de predicación?
…¿Cuál es la causa de la presente reacción contra la predicación?¿Por qué ha caído la predicación de la posición que antes ocupaba en la vida de la Iglesia y en la estima de la gente?
No se puede leer la historia de la Iglesia, aun haciéndolo por encima, sin notar que ha ocupado siempre una posición central y predominante en la vida de la misma, en particular en el protestantismo. ¿Por qué entonces este declive del lugar y del poder de la predicación? ¿Y por qué se cuestiona la necesidad misma de la predicación?
Yo dividiría mi respuesta a estas preguntas bajo dos apartados generales. En primer lugar, hay ciertas razones generales que deben tenerse en cuenta para esto, y después existen ciertas razones particulares en la Iglesia misma. Cuando digo “generales” me refiero a ciertas ideas populares que circulan por el mundo, fuera de la Iglesia.
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12 de Julio del 2010 en
Predicación |
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Brian Borgman
La predicación apasionada, potente y bíblica, característica de Dios, comienza con su llamamiento genuino al ministerio pastoral. Esa semilla del llamamiento crece en el terreno rico y profundo de la auténtica piedad auténtica. La salud y el vigor del hombre de Dios, en la totalidad de su humanidad redimida, es lo que le confiere a su predicación credibilidad y poder.
No obstante, esto debe ser conciliado al decir que no es tan solo el llamamiento genuino y una vida santa lo que hacen que una predicación sea propia de Dios, también es importante la cabal posesión de una teología bíblica de predicación. La teología de la predicación debe ser parte del predicador; debe correr enteramente por sus venas y ser el soporte de su ministerio.
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15 de Junio del 2010 en
Predicación |
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Pastor Albert N. Martin
Ante todo, quisiera considerar el principio general.
En 1 Timoteo 4:16, el apóstol Pablo dice a Timoteo en presente de imperativo: “Presta atención continuamente a ti mismo“. Entonces, después de esto, añade: “A tu enseñanza”.
En otras palabras, en medio de todos los deberes que Pablo le ha impuesto ( y había muchas responsabilidades arduas y que requerían mucho tiempo), Timoteo debe prestar una constante y cuidadosa atención a sí mismo.
Pablo no se contenta con dar una orden en presente de imperativo. Además, por así decirlo, refuerza la orden con la exhortación adicional: “persevera en estas cosas”. La vida de Timoteo no había de ser cuestión de ajustes y comienzos.
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Pastor Albert N. Martin
Al considerar la necesidad del cultivo consciente de nuestros dones para la predicación, quiero enfocar varios textos muy cruciales de las Epístolas Pastorales. El primero ya se ha leído a esta audiencia. Pablo estaba escribiendo a su hijo espiritual, Timoteo, quien había sido dejado atrás para servir en la obra de la Iglesia allá en la zona de Éfeso. Este era un mandato y admonición muy extraño: “Por lo cual te recuerdo que avives el [fuego del] don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos” (2 Ti. 1:6 LBLA). Una traducción más literal sería: “Continúa soplando hasta que sea una llama viva el carisma de Dios”.
Ahora bien, sin tratar las cuestiones discutibles con respecto a la naturaleza precisa del don o carisma de Timoteo; o la relación de ese carisma con la imposición de manos del Apóstol (¡y esas cuestiones son ciertamente discutibles!), una cosa está clara: que Timoteo ha de continuar en el cultivo consciente de este don ministerial dado por Dios.
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