Desde Englewood, NJ
Informe de los ancianos
“Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados;
derribados, pero no destruidos; llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste
en nuestro cuerpo.
2 Corintios 4:8-10
Durante muchos años hemos gozado de paz y unidad, con pocas interrupciones. En la Providencia de Dios, eso comenzó a cambiar en el 2008, cuando empezamos a experimentar algún desgaste en la membresía. Esto tendió a intensificarse durante la última mitad del año pasado, y continúa en este año. Con la partida de cinco de nuestros miembros habituales, en la actualidad contamos con treinta y dos miembros regulares y tres miembros asociados. Una significativa erosión y un gran cambio han tenido lugar en las convicciones y en el compromiso de unos cuantos.
Algunos, en los que se había hecho una inversión considerable, se han ido de entre nosotros. Otros se encuentran en el proceso de marcharse. El corazón de algunos de los que permanecen ya no se encuentra aquí. Algunos no han resultado ser lo que parecían. Unos han sido comunicativos en cuanto al cambio en sus perspectivas y las razones del mismo. Otros no lo han hecho. Algunos que se quedan se enfrentan a retos personales, significativos en el ámbito espiritual y en el doméstico. Por consiguiente, las palabras de 2 Corintios 4:8-10 son una justa descripción de nuestra actual condición. Durante el año pasado nos hemos sentido decepcionados con reveses y desalientos. ¡Pero no estamos acabados!
Están soplando los vientos del cambio. No nos oponemos a él siempre y cuando se trate de un cambio que esté recogido en las Escrituras. Nos regocijamos por la creciente popularidad de las doctrinas de la gracia en la Iglesia Universal. Parece que el “calvinismo” está floreciendo en muchos lugares. Sin embargo, esta tendencia no ha ido acompañada por la correspondiente aceptación y la práctica de otras verdades que Calvino creyó y enseñó basándose en las Escrituras. Como resultado de esto, las iglesias que reconocen la importancia de estos temas pueden parecer menos atractivas que aquellas que no lo hacen. Habiendo muchas otras elecciones en el menú, la gente es mucho más selectiva con respecto a la iglesia a la que quieren ir y a la que desean sostener. Este factor se encuentra entre nuestras responsabilidades en el tiempo actual. No somos la única iglesia que se enfrenta a ello.
Además, la economía no ha sido favorable. La gente está luchando por sobrevivir económicamente. Varios de nuestros hombres están en el desempleo o se enfrentan a un posible despido. Algunas esposas se ven obligadas a trabajar para poder llegar a fin de mes. Esto ha tenido consecuencias en nuestras finanzas.
Asimismo, nos enfrentamos a otra responsabilidad. Casi la mitad de nuestros miembros varones van a la escuela. La gente está ocupada con su trabajo, la escuela, y las responsabilidades familiares. Esto ha afectado también a la adoración, a la oración y a la comunión. La gente tiene poco tiempo y le queda poca energía para proyectos suplementarios en la iglesia. Esto ha supuesto una drástica reducción de tiempo y recursos y ha habido que recortar o reducir los ministerios que llevábamos habitualmente e incluso el apoyo que dábamos a varios ministerios en el exterior.
Estos reveses son reales. No intentamos fingir que no existen. Sin embargo, por la gracia de Dios y por su misericordia, estos obstáculos pueden convertirse en oportunidades. Nos llaman a un mayor esfuerzo inspirado por la gracia y a tener más diligencia en el Evangelio y no menos. Son un llamamiento a una fe y una confianza mayor en nuestro Dios. Nos invitan a una oración más ferviente. Job dijo: “El Señor di y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor” (Job 1:21). ¿Bendeciremos a Dios solo en tiempos de prosperidad y no en los momentos de dificultad? El profeta Habacuc dijo: “Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17, 18). ¿Nos regocijaremos en el Señor sólo cuando tengamos cosechas y rebaños en abundancia?
No todo es desolador. A lo largo del año pasado algunos han experimentado cambios espirituales radicales para bien. Han alcanzado hitos espirituales que algunos de nosotros creíamos imposibles.
Asimismo, no podemos olvidar a aquellos que han permanecido fieles y comprometidos con la obra de Dios aquí. Estamos profundamente agradecidos por nuestros diáconos y sus familias que sirven a Cristo y a su pueblo incansablemente.
Queremos agradecer, elogiar y alentar a aquellos de vosotros que seguís estando ahí, por vuestra lealtad y perseverancia (Proverbios 20:6). Pablo sabía lo que significaba que las personas antepusieran sus propios intereses a los de Cristo y su Iglesia. En Filipenses 2, recomienda a Timoteo, diciendo: “Pues a nadie más tengo del mismo sentir mío y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar. Porque todos buscan sus propios intereses, no los de Cristo Jesús”. Que alguien deje nuestras filas es algo que tiende a desanimarnos y deprimirnos. Todos hemos experimentado esto. A pesar de ello, muchos permanecen firmes en su compromiso. Alabamos al Señor por ello y le damos gracias.
Aunque nos encontramos en una situación en la que pocos imaginábamos poder llegar a estar, somos conscientes de que estamos en la circunstancia que Cristo tiene para nosotros en este momento. Sabemos que Satanás nos odia. Pero lo más importante es que Cristo nos ama. La verdadera cuestión no es lo que los números arrojen en nuestra lista de miembros ni en las hojas de presupuestos, sino que Cristo tenga una iglesia en este lugar. Creemos que la tiene. Él es la Cabeza y el Edificador de su iglesia. Lo que Él abre, ningún hombre lo puede cerrar. Cuando Él cierra algo, ningún hombre lo puede abrir (Apocalipsis 3:7). No es trabajo nuestro mantener las puertas abiertas y los bancos llenos a cualquier precio. Nuestra tarea es ser fieles a Cristo y a su verdad.
En estos días de retos, no nos apoyemos en nuestro propio entendimiento sino confiemos en nuestro Señor con todo nuestro corazón (Proverbios 3:5, 6). Por la gracia de Dios, andemos por fe y no por vista (2 Corintios 5:7). Por la gracia de Dios, no nos desanimemos a la hora de hacer el bien porque en su debido tiempo cosecharemos si no nos cansamos. Por la gracia de Dios, hagamos el bien a todos según tengamos oportunidad (Gálatas 6:9, 10). Por la gracia de Dios, no flaqueemos, sino estemos firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano (1 Corintios 15:58). Por la gracia de Dios, recordemos que nunca podremos hacer demasiado ni hacer que Dios esté en deuda con nosotros. No hay trabajo que se haga para Él que sea un desperdicio. Cada uno recibirá de Él cualquier cosa buena que haga (Efesios 6:8). Por la gracia de Dios, no escatimemos nuestros esfuerzos por el Evangelio. Por la gracia de Dios, tengamos corazones liberales en lugar de corazones y manos egoístas. Por la gracia de Dios, echemos nuestro pan sobre las aguas, porque fiel es Aquel que prometió que, después de muchos días, lo hallaríamos (Eclesiastés 11:1).
Vuestros ancianos siguen comprometidos en servir a Cristo y su pueblo en este lugar. Amamos profundamente a nuestros hermanos. Por favor, seguid orando por nosotros así como lo hacemos por vosotros.
Vuestros, sometidos con todo respeto en el amor de Cristo,
Los ancianos de la Iglesia Bautista de Englewood.
