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Cómo vivir la vida cristiana

¿Cómo he de vivir como cristiano? Esta es una pregunta de gran importancia. Una cosa es estar seguro, sobre una base bíblica, de que Cristo me ha dado vida, pero debo también tener claro cómo he de vivir la vida cristiana. Mi propósito al poner delante de ti algunos de los grandes principios para vivir la vida cristiana es triple:

  1. Deseo esbozar una teología bíblica de la vida cristiana. No me avergüenza decir que mi propósito es adoctrinar: en el sentido mejor y más bíblico.
  2. Deseo inocularte e inmunizarte contra las principales ideas falsas acerca de la vida cristiana. Algunos de nosotros deseamos desesperadamente haber recibido tal inoculación al comienzo de nuestra experiencia cristiana. Gastamos muchos años persiguiendo conejos que nunca podríamos capturar. Perseguimos experiencias y estados de mente y corazón con la esperanza de que, de algún modo, al hacerlo, hallaríamos lo que significa realmente vivir como cristianos. Pero nos desilusionamos.
  3. Deseo clarificar tu mente de cualquier equivocación existente que puedas tener sobre la vida cristiana. Esto puede no ser una experiencia agradable, pero es lo mejor para ti.

1. NINGUNA LLAVE MAESTRA

No hay una llave maestra para vivir la vida cristiana. El tipo de enseñanza que tengo en mente es algo así como esto: Aquí tenemos a un cristiano que durante muchos años se ha encontrado bajo de ánimo. Ha izado sus velas, pero no consigue llegar a ninguna parte. Parece saber poco del viento del Espíritu llevándole adelante. Aunque sus velas están izadas, parecen estar siempre llenas de agujeros. Mientras otros a su alrededor parecen hacer progresos, él parece que está inmóvil.

Pero un día en una conferencia, o al leer un libro, u ocupado en sus propias devociones particulares, encuentra un pasaje de la Escritura que lo cambia todo. Por ejemplo, lee en Juan 15 que la relación del cristiano con Cristo es como la relación de un sarmiento con una vid. Esto enciende su vida espiritual de tal manera que, casi de la noche a la mañana, se eleva a un plano enteramente nuevo de vitalidad espiritual. ¡Los agujeros en sus velas se han remendado! Es como si un potente vendaval enviado por Dios llenara sus velas, haciéndolas hincharse por completo. En consecuencia, hace más progreso sustancial en la vida cristiana en seis meses que en los últimos seis años.

Entonces cuenta a otros que la llave maestra de la vida cristiana es la comprensión de Juan 15. Se ha convencido de que si los demás sólo llegaran a comprender que la relación de Cristo con su pueblo es como la de la vid con el sarmiento, ellos también alcanzarían un plano enteramente nuevo de realidad y vitalidad espiritual en su caminar cristiano.

O nuevamente, pensemos en alguien que ha estado luchando con un pecado dominante que le deja continuamente hundido y lisiado con la culpa. Sin que otros lo sepan, se encuentra constantemente empantanado. Sus ruedas están metidas hasta los ejes en el lodo, y por mucho que cambie las marchas y pise el acelerador, simplemente hace girar las ruedas, ¡y agota el combustible y su energía!

Un día, sin embargo, en una conferencia, o leyendo un libro, u ocupado en sus devociones personales, llega al capítulo 6 de Romanos. Lee que, en la unión con Cristo, todo lo que era como “el viejo hombre” ha muerto, y la totalidad de la vida vieja ha sido sepultada en la tumba de Cristo. Ahora es un hombre nuevo en Jesucristo. Ve que es llamado a considerarlo así, y a vivir ahora como vivo de entre los muertos. Lee las palabras “el pecado no se enseñoreará de vosotros”. Ya no está más en el reino de la Ley, bajo la condenación y la culpa, y todo su poder demoledor; ¡está dentro de la órbita y la dinámica de la gracia! ¿Qué ha sucedido? Al apropiarse la fe de la enseñanza de Romanos 6, las ruedas salen repentinamente del lodo. El atribulado conductor está sobre el sólido asfalto, y cuando mete la marcha y pisa el acelerador, comienza a moverse. Entonces, a todos los que encuentra les dice: “¿Sabes cuál es la llave de la vida cristiana? Se ha de hallar, como yo la hallé, en Romanos 6”.

¿Sabes qué es una llave maestra? Es una llave que abre cualquier puerta. Pero no hay una llave maestra para vivir la vida cristiana. En ninguna parte la Biblia se nos presenta una. En vez de ello, nos proporciona una argolla clave de la que se cuelga cada texto de la Biblia. Nuestro Señor dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre”.

Entonces ¿de qué? “De toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4, citando Dt. 8:3). Si has de ser un cristiano bien equipado, necesitas la Palabra de Dios completa, no una supuesta llave maestra.

Pablo establece el mismo punto: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16,17). Es la Escritura completa lo que se requiere para hacer hombres y mujeres completos. Toda Escritura es “inspirada por Dios”, y toda Escritura “es útil para reprender, para corregir, para instruir en justicia”, de modo que el hombre de Dios sea completo. Necesitamos que la Biblia completa nos haga cristianos completos.

Pensemos en cómo se describe al hombre bienaventurado en el Salmo 1. “¡Cuán bienaventurado es el hombre” –negativamente– “que no anda en el consejo de los impíos”. ¿Quieres ser bienaventurado? No serás bienaventurado si pasas las horas frente a la “tele”. En su mayor parte, el consejo de la televisión es el consejo grosero de la impiedad, explícita e implícitamente. Nadie hace ningún progreso importante en la gracia si pasa las horas mirando la televisión indiscriminadamente.

El “consejo de los impíos” viene a través de las revistas del corazón: ¡hojas de chismes! No se crece en la gracia alimentando la mente con esa inmundicia. “Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores”. No me digas que estás creciendo en la gracia cuando admiras los modelos de vida totalmente impíos de los grandes nombres de las estrellas del rock, y dejas que las letras de sus canciones, orientadas a la droga, inicuas, empapadas de sexo, se infiltren en tu mente. No podrás ni querrás crecer en la gracia si andas, o cuando andas, “en el consejo de los impíos”.

Es bienaventurado el hombre que “no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores”. En cambio, su deleite está en... ¿qué? ¿La gran llave para vivir la vida cristiana? ¡Eso no es lo que dice! El deleite del hombre bienaventurado está “en la ley del SEÑOR”, es decir, en la totalidad de la voluntad revelada de Dios. Medita en la Ley de Dios día y noche. “Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua”. Será fructífero. Será un árbol cuyas hojas nunca se marchitan. Prosperará en todo lo que hace.

No hay una llave maestra para vivir la vida cristiana. Esa idea rompe la estructura entera de la Biblia, particularmente las Epístolas del Nuevo Testamento.

¿Qué tipo de problemas tenían los cristianos en el Nuevo Testamento? Tomemos, por ejemplo, la iglesia en la ciudad de Corinto. Tenían el problema de las divisiones; el problema de la inmoralidad; tenían preguntas acerca del matrimonio y sobre la libertad cristiana: ¿haré esto, haré aquello, iré aquí, iré allí? Tenían preguntas acerca de la abnegación y los dones espirituales. Si hubiera habido una llave maestra para la vida cristiana, ¿no habría entregado Pablo esa llave y hubiera dicho: “Aquí está. Cualquiera que sea el problema, aquí está la llave”? Pero no dijo tal cosa.

Necesitas inmunizarte contra esta enseñanza de que hay una llave maestra para la vida cristiana. No hay una llave maestra, ¡por mucho que tu carne y mi carne deseen tenerla!

2. NINGUNA ESCAPATORIA DE LA TENSIÓN

No hay escapatoria de la tensión y el conflicto al vivir la vida cristiana. No digo que la vida cristiana es todo tensión y todo conflicto. El tipo de enseñanza que intento denunciar como falaz es como se indica a continuación: En una conferencia un orador toma un texto, fuera de contexto, al que adjunta o desde el que extrae un shibolet: quizá hable acerca de que “Cristo vive su vida a través de nosotros”, o “la vida salvadora de Cristo”, o “la vida permanente”. Entonces el predicador, habiendo expuesto su teoría de la vida cristiana, hace una apelación como ésta: “¿Estás cansado de la presión de luchar con el pecado que permanece en ti? ¿Estás cansado de luchar en oración? ¿Estás cansado de tener que batallar con pensamientos impuros y pensamientos de envidia, orgullo y celos? ¿Estás cansado de este conflicto incesante?”

¿Cuál es la respuesta? Todo verdadero cristiano se sienta allí, casi boquiabierto, diciendo: “ Oh Dios, tú sabes que estoy cansado, que daría cualquier cosa por tener un día, simplemente un de día, en que no tuviera que batallar con la torpeza de corazón, la distracción de la mente y las seducciones del pecado que vienen a mí desde fuera y desde dentro”. Entonces el orador continúa diciendo: “Si estás cansado de la tensión, fatigado del conflicto; si sólo das ciertos pasos, entonces Cristo vivirá su vida a través de ti de tal manera que serás liberado de esa tensión y de ese conflicto. Estarás tan lleno del Espíritu, tan entusiasmado con el Espíritu que la tensión y el conflicto, en todos los sentidos, serán una cosa del pasado en tanto en cuanto mantengas la postura de la vida permanente. El momento en que sientas tensión y conflicto, es porque te has apartado de esa vida y vuelto a tus viejos caminos”. Ahora bien, esto no es una caricatura. Se describe página tras página de libro tras libro. ¡Cuidado con tales libros! Si los tomas en serio, podrían conducirte a un mundo irreal o a un mundo de escepticismo.

¿Qué pruebas ofrezco de la Palabra de Dios misma para mi propuesta?

(1) La realidad del pecado que mora en nosotros con sus acciones poderosas e incesantes en contra nuestra. Pensemos en lo que Pablo nos dice: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis” (Gá. 5:17). Pablo no procede a decir que hay una manera de ser total y plena-mente liberados de esa conciencia de tensión y conflicto. Sí nos dice que no necesitamos estar dominados por la carne: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”. Pero en ninguna parte dice que se niegue el ser consciente de las codicias de la carne; y donde el deseo de la carne es contra el Espíritu, hay conflicto.

Me aferro firmemente a la interpretación probada por el tiempo de Romanos 7:14–25, y sé que es la descripción del conflicto diario y angustioso de un hombre regenerado. “Queriendo yo hacer el bien” –y es precisamente en el punto donde haría lo bueno– “veo otra ley en los miembros de mi cuerpo”. Cuanto más espiritual sea la actividad en que contemplas ocuparte, tanto más poderosas serán las actuaciones del pecado remanente contra ella. Regresas a casa al final de un día ocupado, y dices: “Bien, ¡tomaré simplemente el periódico The Times y me enteraré de unas pocas noticias”! ¿Sientes alguna vez una poderosa oleada del pecado que mora en ti cuando te propones hacer esto? ¡Yo nunca la he senti-do! Pero regresa a casa después de un día ocupado, y di a ti mismo: “Tuve sólo unos pocos minutos con la Palabra esta mañana; pienso que me sentaré y leeré mi Biblia durante media hora”. ¿Qué sucede? De pronto, un letargo acude a tu mente y dices: “No me di cuenta que de que estaba tan cansado”. Una torpeza invade tu mente y te sientes tan completamente carnal que piensas que deshonraría a Dios al leer su Palabra en ese estado mental. ¿Cuál es la causa de eso? Es el pecado que mora en ti.

Cuando tomas el teléfono para hablar con uno de tus amigos, puede que estés cansado, pero después de hablar cinco minutos, ¡tu mente está alerta y tu lengua fluye a razón de un kilómetro por segundo! Pero decide ir a pasar cinco minutos en oración, y ¿qué sucede? Tu mente está torpe y distraída, ¡y tu lengua se siente tan gruesa e inerte como un pedazo de carne que cuelga en la carnicería!

Dios dice que el pecado que mora en ti será tu pesado compañero hasta el día que cruces el río y entres en la ciudad celestial. Esa es la razón por la que no hay liberación de la tensión y el conflicto en la vida cristiana.

(2) Luego, también, está el mundo con su presión agresiva e incansable sobre nosotros. Pablo nos dice: “No os adaptéis a este mundo” (Ro. 12:2). La paráfrasis de J.B. Phillips precisamente capta la mente del Espíritu en este pasaje: “No permitáis que el mundo os estruje en su molde”. El sistema de este mundo es la vida en la totalidad de su existencia organizada, desprovista de Dios. Es hostil a la Palabra y la Ley De Dios, en sus nor-mas, sus metas, sus opiniones, su forma de pensar, su gente y su filosofía. “El mundo” es la totalidad de la humanidad no regenerada en oposición a Dios.

La Escritura recalca que el mundo nunca ha firmado un tratado con aquellos que se han liberado de él. Está, agresiva y continuamente, ejerciendo presión sobre nosotros para estrujarnos en su molde impío. Se pone salvajemente furioso cuando alguien piensa y actúa contrariamente a sus cánones aceptados. Dice que lo que cuenta es lo que ves, y lo que tienes en tu cuenta bancaria, y lo que tienes sobre tu cuerpo, y lo que tienes en casas y tierras y cosas materiales. Dios dice que lo que cuenta es el tesoro que tienes en el Cielo. Nos dice que lo que cuenta es la belleza oculta del corazón, y de esto el mundo no sabe nada en absoluto.

Mientras el mundo ejercite –como siempre lo hará– su presión agresiva e incansable sobre el creyente, es inevitable que haya tensión y conflicto. Esa es la razón por la que el apóstol Juan tuvo que escribir: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn. 2:15–17).

Una de las cosas que me asustan (y soy suficientemente mayor para haber visto cómo ocurre) es esto: miro las caras de hombres y mujeres jóvenes, y me pregunto cuántos de aquellos que ahora muestran un entusiasmo saludable y refrescante por las cosas de Dios estarán dentro de diez años más muertos que vivos en cuanto a las cosas espirituales. ¿Qué sucede? Jesús dijo que algunos reciben la Palabra como una parcela de tierra recibe semilla buena, pero las malas hierbas crecen y ahogan la planta. ¿Sabes qué dijo Jesús que representan las hierbas? “Las preocupaciones del mundo, el engaño de las riquezas y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra”. El mundo te odia si tu estilo de vida está en claro contraste con el suyo, y denuncia la vanidad del mundo. Si te tomas las cosas de este mundo a la ligera, y si no vives para el yo, la posición y la ambición; si tu gran pasión es que tu vida esté tan controlada por Jesucristo y entregada para los propósitos de su Reino, entonces serás causa constante de irritación para el mundo, y el mundo nunca estará contento hasta que seas exactamente como los impíos. Si tienes suficiente religión como para hacerte “respetable”, el mundo te amará mucho más, porque en ese caso eres un monumento a su filosofía.

No hay escapatoria del conflicto y la tensión. Pero puedes preguntar: “A medida que pasen los años y los hábitos de devoción se establezcan, ¿no llegará a ser más fácil el problema?” No puedo sino decir, habiendo vivido medio siglo, y treinta y dos de esos años como cristiano, que la batalla se vuelve más encarnizada al bajar hacia el otro extremo de la carretera como no lo fue al principio. Juan Bunyan tenía razón: no había descanso hasta que a los creyentes se les hacía cruzar el río.

(3) Mucho de lo que ocurre nos recuerda que está ahí el diablo con sus fieras intenciones de devorar. Nunca olvidemos la exhortación de Pedro: “Sed de espíritu sobrio, estad alertas. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando…”. ¿ser un espectáculo fuera del zoológico? No, ¡tiene un asunto importante! ¿El asunto de atraer la atención a sí mismo? Él anda al acecho “buscando a quien…”. ¿qué? Simplemente morder y dejar unas pocas marcas de colmillos? ¡En absoluto! “buscando a quien devorar”. Tiene el propósito de devorarte. Esa es la razón por que Santiago dice: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Stg. 4:8). Encontramos la misma nota en la enseñanza de Pablo: “Nuestra lucha –nuestro tormento, nuestro combate mano a mano, el tormento de la lucha espiritual– no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades” (Ef. 6:12). Pablo no dice que sea hasta conseguir un glorioso bautismo del Espíritu Santo, ¡y entonces la contienda se habrá acabado del todo! O que sea hasta que vayas a una conferencia y aprendas el secreto de la vida permanente, ¡y entonces se habrá acabado todo! ¡No! Si eres un verdadero cristiano en contacto con la realidad, el diablo tiene el propósito de devorarte con una fiereza diabólica sin precedentes.

(4) Somos salvos en esperanza. Somos salvos en un contexto en que lo mejor está aún por venir. Lo único que tenemos ahora es el depósito. Notemos cómo funciona esto. Cuando se termine la obra de Dios en ti, ¿cómo serás? Según la Biblia, serás como Jesucristo. Tendrás un cuerpo como su cuerpo glorioso (Fil. 3:21). Tendrás un espíritu como el suyo. No serás Dios, pero

hasta la última fibra de pecado innato será purificada en ti de modo que tengas la capacidad de amar perfectamente según tu capacidad como criatura. ¡Piénsalo! Pasar no sólo un día, sino una sucesión de eones y nunca tener un pensamiento que te distraiga, un pensamiento impuro, un pensamiento celoso!

Dios nos ha designado para ese tipo de perfección. Tendremos una mente y un espíritu sin mancha de pecado, un cuerpo capaz de efectuar todos los impulsos de un corazón perfectamente santo. Conoces ya esos momentos cuando el Señor es especialmente precioso y cercano, y quieres ser libre del “cuerpo de muerte” y servirle como lo hacen los ángeles. El pensamiento de una hora de comunión ininterrumpida con Él es pura delicia. Pero encuentras cómo con el paso del tiempo, el cansancio se apodera de tu cuerpo y hay distracción y torpeza. El hecho es que estamos marcados para la perfección en cuerpo y espíritu, pero Dios no ha ordenado que se nos dé esa perfección aquí y ahora.

¿Cual es el resultado? ¡La tensión! Porque somos salvos en esperanza, y la esperanza no se ha realizado aún, hay tensión, hay conflicto. Imagina lo que debe de haber sido estar en un hogar donde el apóstol Pablo haya vivido o permanecido en uno de sus viajes. Si pudiéramos habernos escabullido hasta la puerta de la habitación donde se le pudiera oír orar, ¿no habría sido maravilloso oír al apóstol en oración? Sí, pero ¿sabes cómo habría sido a veces? ¡Lo habrías oído gimiendo! Te dices a ti mismo: “Ésta no puede ser la habitación de Pablo. Será mejor probar otra!” No, es la de Pablo. Él dice: “los que estamos en esta tienda, gemimos agobiados” (2 Co. 5:4). Había veces cuando gemía porque en aquel corazón santo transformado por la gracia había esta ardiente pasión por servir a Cristo. Pero también tenía un cuerpo: “Nuestro hombre exterior va decayendo” (2 Co. 4:16), y gemía. El capítulo 8 de Romanos nos dice lo mismo: “La creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo” (Ro. 8:22,23). ¡Eso suena a conflicto y tensión! Pero lejos de ser una señal de un estado carnal, es una señal de espiritualidad saludable. Hay gemidos y suspiros que son señal de una piedad saludable. No hay escapatoria de la tensión. Si piensas que has logrado escapar de ella, no estás al corriente de la realidad.

3. NO HAY UNA SUSPENSIÓN DE NUESTRAS FACULTADES

No hay una negación o suspensión del empleo consciente de cualquier facultad de nuestra humanidad redimida al vivir la vida cristiana.

¿Cuáles son las facultades de un hombre redimido? Tiene manos, pies, ojos, nariz. También tiene facultades intelectuales: su mente y su juicio, sus facultades emocionales de acción, sus facultades volitivas, su voluntad. Tiene sus apetitos, sus sentimientos, sus deseos, y algunas de las facultades psicológicas y físicas coinciden en parte y penetran la una en la otra. Éstas son las facultades de nuestra humanidad.

Cuando Dios regenera a un pecador, no crea facultades nuevas, ni mata o destruye cualesquiera de las facultades existentes. La gracia actúa maravillosa y potentemente para dar funciones y perspectivas nuevas a estas facultades. Dios no anula, ni mata o niega ninguna de las facultades, ni crea facultades nuevas. Somos llamados a vivir la vida cristiana con el pleno uso de nuestras mentes y nuestro juicio, con la capacidad de pensar, sopesar y evaluar nuestros afectos, sentimientos, apetitos e inclinaciones.

¿Qué enseñanza estoy buscando exponer al expresar este principio? Hay quienes enseñan que, juntamente con la mayoría de los cristianos, tu problema es que estás tratando de vivir la vida cristiana, y Dios nunca quiso que lo hicieras. Así como Dios nunca esperó que te salvaras a ti mismo yendo a la Cruz por tus propios medios, no espera tampoco que tú vivas la vida cristiana. Lo único que espera es que “no hagas nada, y dejes que el Señor Jesucristo viva su vida a través de ti”.

¡Yo llamo a esto “la teoría del embudo”! Te dice que has de ser totalmente pasivo, y entonces Cristo derramará su vida a través de ti. ¡Vivirá su vida nuevamente en ti y se producirá la supresión de muchas de tus facultades! La razón por la que estás tan confuso es que utilizas tu propia mente. No debes utilizarla. Deja tu mente neutral. Deja que la mente de Cristo sea tu mente. El problema es que estás utilizando tu voluntad y esto se interpone en el camino. Lo que tienes que hacer es negar tu voluntad y dejar que Cristo exprese su voluntad a través de ti.

Esto puede sonar muy espiritual, pero de hecho es una parodia de la enseñanza bíblica. Quiero centrarme en tres expresiones específicas de este tipo de enseñanza:

(1) Una doctrina desequilibrada de la morada de Cristo en nosotros

Hay una doctrina de la morada de Cristo en nosotros en la Escritura: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20). Muchas personas bien intencionadas toman estas palabras juntamente con declaraciones tales como “Cristo, nuestra vida” (Col. 3:4); “seremos salvos por su vida […]” (Ro. 5:10). Pasando por alto totalmente tanto el contexto inmediato como la analogía de la fe (el testimonio total de la Biblia), hilan una teoría de la morada de Cristo en nosotros. La cosa más bondadosa que podemos decir es que esta enseñanza está tristemente desequilibrada. Es una doctrina de la morada de Cristo en nosotros en que, según autores tales como Watchman Nee, A.B. Simpson, y la Sra. Hannah Whithall Smith, Cristo literalmente vive su vida a través de nosotros, aun hasta el punto en que se produce la negación y la supresión de tu pensamiento, tu juicio, tu voluntad y tus afectos; hasta ese punto, dicen, Cristo vivirá su vida exitosamente a través de ti.

(2) Una deducción injustificable a partir de analogías de la vida cristiana

Algo de esta enseñanza se deriva de deducciones injustificables tomadas de las semejanzas o analogías de la vida cristiana. ¿Es la vida cristiana de una manera u otra como la relación entre un sarmiento y una vid? Sí, pero ¿has notado lo que se hace con esa analogía? Se la arranca de todas las demás enseñanzas bíblicas. Se teje toda una teología a partir de ella.

Lo he oído expresar de esta manera: “¿Cuántos de los presentes han caminado alguna vez por un huerto en el tiempo cuando la fruta está en plena floración? Cuando la gente levantó las manos, el orador dijo: Ahora, permítaseme preguntar algo. ¿Ha visto alguien alguna vez un árbol inquieto por producir manzanas? Lo único que hacen las hermosas ramas es simplemente colgar allí, unidas al tronco principal, y la savia fluye y las manzanas aparecen: y todo el exuberante fruto del Espíritu nacerá de forma similar”.

Otros hacen sus deducciones a partir de la analogía bíblica de estar unidos a Cristo en su muerte, sepultura y resurrección, y dicen: “¿Hemos muerto con Cristo? Bien, si vas a un hombre muerto y pones el perfume más fuerte debajo de su nariz, ¿consigues alguna respuesta? Claro que no, está muerto. O si hay un alimento en particular que le obsesionó en su vida, puedes ponerlo debajo de su nariz, pero ¿consigues alguna respuesta? ¡Claro que no! Así también, si realmente has muerto con Cristo, el pecado no tendrá ningún atractivo válido y verdadero para ti”. ¡Éstas son deducciones injustificables y antibíblicas tomadas como analogías para la vida cristiana!

(3) Una doctrina inexacta de la santificación por la fe sola

La enseñanza se expresa más o menos así. Cuando fuiste consciente de tu culpa y estuviste bajo la condenación de un Dios santo, y no había en ninguna parte un refugio al que huir, se te dijo que Jesucristo, el Hijo encarnado de Dios, vivió la vida que deberíamos haber vivido, murió la muerte que merecíamos morir, y sobre la base de esta vida de obediencia perfecta que culmina en su obediencia a la muerte de la Cruz, hay una justicia divina, una justicia perfecta, disponible para todos los que quieran creer. Entonces puede decirse: “¿Qué hiciste para obtener esa justicia perfecta? ¡Nada! simplemente creer. La mano vacía de la fe la tomó”. “Ahora,” dicen, “exactamente de la misma manera, se muestra a Jesucristo para la santificación. ¿Qué necesitas hacer? Simplemente creer. La fe opera exactamente de la misma manera en nuestra santificación que en nuestra justificación”.

¿Cuál es el error de todas esas teorías que tienen como su denominador común la supresión o la negación del uso consciente de todas nuestras facultades como hombres y mujeres redimidos?

(a) Pasan por alto el hecho de que en la Escritura

Dios dirige todas nuestras facultades con mandatos que hemos de cumplir

“Poned la mira en las cosas de arriba” (Col. 3:2). ¿Quién se supone que ha de hacer eso: tú o Dios? ¿Dijo el Señor Jesús: “Si tu mano derecha te es ocasión de pecar... confía en que Cristo mora en ti para hacerla pudrirse”? ¡No! “Si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti” (Mt. 5:30). ¡Tú tienes que hacerlo! Esto va dirigido a ti. Pablo dijo: “golpeo mi cuerpo, y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado” (1 Co. 9:27). ¿Dijo él que el Cristo que moraba en él lo hacía? ¡No! “¡[Yo] golpeo mi cuerpo...!” “Presentaos […] a Dios como instrumentos de justicia” (Ro. 6:13). ¡Tú tienes que hacerlo! Podría citar docenas de textos en que se interpela cada facultad del cuerpo y de la mente; por ejemplo: “Huid de la fornicación”. Cómo huyes de ella? Dios dice que la mejor manera de evitar la fornicación es la utilización de tus pies.

(b) Se nos dice que la mortificación es nuestra responsabilidad por el Espíritu

Pablo dice: “Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Ro. 8:13).1 Todas las descripciones bíblicas del cultivo positivo de las virtudes cristianas nos muestran que es nuestra responsabilidad cultivarlas: por ejemplo: “Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe virtud, y a la virtud, conocimiento, y al conocimiento, dominio propio…” (2 P. 1:5). Tú y yo hemos de poner nuestros afectos, nuestras mentes, en las cosas de arriba: “El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo” (1 Jn. 2:6). Hemos de andar en el Espíritu (Gá. 5:16). Hemos de seguir las pisadas de Cristo (1 P. 2:21). El cultivo positivo de la virtud exige el uso de todas nuestras facultades. Las imágenes bíblicas predominantes de la vida cristiana son militares y atléticas.

Esto está ilustrado por muchos textos. Pero un texto en particular resume la enseñanza –Filipenses 2:12–; quizá el texto más útil en toda la Biblia sobre este tema: “Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido [nótese que no dijo: “tal como el Cristo que mora en vosotros ha vivido siempre su vida a través de vosotros”], no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito”.

Notemos la enseñanza básica. El imperativo es éste: “Ocupaos en vuestra salvación”. Pablo no dice: “Ocupaos en lograrla”. Ellos eran personas perdonadas. Han de ocuparse en las implicaciones; han de ocuparse en la culminación de esta salvación que es suya en Cristo. Y han de hacerlo con temor y temblor, es decir, sintiendo la mirada de Dios sobre ellos, y conscientes de la seriedad de la tarea. ¿Por qué? “Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el poder, para su beneplácito” (v. 13). La obra de Dios en la gracia me capacita tanto para querer como para hacer, y es porque obra en mí el querer y el hacer por lo que puedo ocuparme en mi salvación con temor y temblor.

Bien, ¿obra Dios, u obro yo? Su obra y mi ocupación son realidades concurrentes. Su obra se manifiesta en mi ocupación, y mi ocupación es la demostración de su obra. ¿Ves la belleza que tiene esto? Nuca tengo que temer de que yo me ocuparé más de lo que Él obra en mí. Nuestra “ocupación” nunca puede superar la “obra” de Dios.

Otro texto en Filipenses desarrolla este tema: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (4:13). Pablo dice: “Puedo”. ¿Cuánto puedes hacer, Pablo? “Todo”. En este contexto, “todo” se refiere a todas las cosas necesarias para responder a la providencia de Dios. El apóstol dice: “A veces tengo necesidad, a veces tengo abundancia. A veces tengo que aprender lo que es estar gozoso cuando estoy tan hambriento que mi estómago toca una melodía sobre mi columna vertebral. En otras ocasiones estoy tan lleno que me pregunto si quizá esté al borde de la excesiva indulgencia, pues he sido bendecido con tanto”. “Pero”, dijo, “tanto si aprendo cómo padecer necesidad

o cómo tener abundancia en una manera piadosa, puedo hacerlo todo”. “Lo hago, pero lo hago mediante Aquel que me fortalece desde dentro”. “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive […] y la vida que ahora vivo en la carne […]”. ¿Quien vivió la vida de Pablo en la carne: Cristo o Pablo? Pablo lo hizo. Pero al responder nos dice: “La vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gá. 2:20).

4. NO ES UNA EXPERIENCIA CRÍTICA

No existe una experiencia crítica prometida o mandada como elemento esencial para vivir la vida cristiana.

Cierta enseñanza sobre la vida cristiana afirma que la persona que no ha tenido una experiencia crítica siguiente a la regeneración, o por lo menos siguiente a la conversión y al principio de la experiencia cristiana consciente, sólo puede tener un nivel bajo de experiencia cristiana. Además, se afirma que la experiencia crítica es tanto mandada como prometida por Dios como la entrada a una dimensión o nivel cualitativamente nuevo de experiencia, realidad y poder espiritual.

A lo largo de la historia de la Iglesia cristiana, ha habido muchas ramificaciones diferentes de esta enseñanza sobre la crisis. Está lo que podríamos llamar “perfeccionismo wesleyano clásico”, que se concentraba particularmente en la santificación y hablaba de un bautismo de fuego purificador, o de llegar a un estado de amor perfecto. Se concentraba no tanto en el poder para el servicio o en sentimientos interiores, sino en una experiencia crítica en la que se negaba en todos los sentidos el poder del pecado que mora en nosotros. He leído suficiente teología wesleyana clásica para saber que hay opiniones diferentes con respecto a lo que John Wesley mismo enseñó sobre el asunto. Pero de una manera descriptiva general, creo yo, esto es una representación exacta del perfeccionismo wesleyano clásico y tradicional.

Luego, también, está “el antiguo pentecostalismo” en que el acento se ponía en un bautismo del Espíritu Santo, generalmente posterior a la conversión, y manifestado por hablar en lenguas: la manera de saber que uno tenía este bautismo de poder era que, cuando le venía, hablaba en lenguas. El enfoque principal en el antiguo pentecostalismo clásico era la cuestión del poder para el servicio.

En tercer lugar, está el moderno “movimiento carismático”. Al igual que el pentecostalismo clásico, sus maestros utilizan muchos de los mismos pasajes en el Libro de los Hechos para apoyar su teoría de esta crisis necesaria. Así pues, recalcan que en la mayoría de los casos –aunque hay escuelas diferentes entre los modernos carismáticos– se manifestará hablando en lenguas. Algunos se contentan con creer que uno “lo ha conseguido” si tiene un tiempo de risa santa. Otros, sin embargo, dicen que alguien no ha hablado en lenguas es porque tiene bloqueos psicológicos, y si éstos pueden eliminarse, habrá don de lenguas. Simplemente es que no las ha expresado aun. Aquí el acento no está puesto tanto en un bautismo de fuego purificador (como en el caso del antiguo perfeccionismo wesleyano clásico ), o en el bautismo de poder (como en el caso del antiguo pentecostalismo clásico), sino más en un bautismo de experiencia gozosa y llena de alabanza. He hablado en general, pero creo que con exactitud.

En cuarto lugar, están las formas diversas de enseñanza de la “vida superior”. Lo que tienen en común es esto: alguien está simplemente convertido, simplemente unido a Cristo, simplemente regenerado, y entonces llega a una crisis de rendición y fe, en que “no hace nada: que lo haga Dios” y se apropia de la vida de Cristo que mora él. El denominador común es que se trata de una crisis sin ninguna manifestación externa de lenguas, gritos, o risa santa o saltos, pero el resultado final será un nuevo poder para vivir una vida santa: el acento recae sobre la capacidad de ser más eficiente en la senda de la santidad.

En quinto lugar, está un tipo de enseñanza que cuenta con proponentes tanto antiguos como nuevos. Está centrado en la promesa, y se ha expresado en términos del lenguaje bíblico de un “sello del Espíritu Santo”. Algunos de los puritanos –Thomas Goodwin, por ejemplo– enseñaron esto. Ha habido ciertos predicadores en nuestro propio tiempo que han creído esto muy fuertemente y lo han recalcado repetidamente. El interés básico en esta enseñanza es que, después de la regeneración y la conversión, hay una experiencia crítica en que el creyente entra en una dimensión cualitativamente nueva de certeza mediante un sello del Espíritu (algunos dirían que el bautismo en el Espíritu y el sello del Espíritu son sinónimos). Esto resulta una sensación nueva y brillante en la experiencia y el testimonio espiritual de uno mismo; pero el elemento crítico acerca de tal persona es que su verdadera utilidad es posterior a su sello del Espíritu Santo.

Las anteriores son cinco de las principales ramificaciones de la enseñanza, todas con diversas sub -enseñanzas también. Pero éstas son la principales categorías que enseñan que una experiencia crítica posterior a la conversión y la regeneración se promete y –algunos dirían– se manda, como un elemento esencial para vivir la vida cristiana.

¿Cuáles son los denominadores comunes en todo este tipo de enseñanza?

(1) La regeneración y la conversión (algunos hablarán frecuentemente de “mera conversión”) nos dejan inadecuadamente provistos para vivir una vida cristiana bíblicamente normal. La enseñanza se expresa más o menos así: “Ahora que eres cristiano, eres salvo, el Espíritu mora en ti. ¡Bien! Pero si quieres vivir realmente, vivir con V mayúscula, vivir con poder, vivir con gracia vencedora, vivir con utilidad, vivir con garra en tu testimonio, debes tener esta experiencia más elevada, más noble, más gloriosa, más plena de la gracia de Dios. Oh sí, estás convertido, de acuerdo, pero esto no te hará realmente diferente a menos que hayas entrado en esta otra experiencia. La conversión y la regeneración te preparan para morir, pero realmente no te equipan para vivir. Si has de vivir realmente, necesitas esta experiencia crítica.

(2) Una experiencia posterior a la regeneración se ha de buscar y obtener sobre la base de reunir ciertas condiciones o de la utilización de ciertos medios. Algunos de los que enseñan estas diversas doctrinas dirían que la experiencia tiene que venir a hombres que no la buscan, pero, sea lo que sea, es nuestro deber bus-car y obtener tal experiencia, y en su búsqueda, reunir ciertas condiciones. Cada escuela de pensamiento tiene su conjunto de condiciones propia, y dentro de cada escuela hay condiciones diferentes, pero uno de los denominadores comunes es que la experiencia se ha se buscar hasta que se obtenga, tras reunir ciertas condiciones prescritas.

(3) Todos los creyentes que tienen la experiencia posterior lo sabrán porque se registra en la conciencia cristiana. Una persona puede ser llevada al arrepentimiento y la fe en un contexto de enseñanza muy pobre. Tanto la adopción como la justificación son declaraciones legales de Dios, hechas en el momento mismo en que la más débil fe se aferra al Salvador prometido y a la salvación que está en Él. Es perfectamente posible que un hombre o una mujer, un joven o una joven, sean tan abundantemente justificados como el apóstol Pablo, y tan adoptados como el famoso Agustín y, sin embargo, ser inconscientes de ello por falta de una enseñanza clara. Pero todos los proponentes de la teología de la experiencia crítica dicen que esto no es así en lo que a esta crisis se refiere. Todos los que tienen la experiencia lo sabrán porque se registra en la conciencia de uno.

Ahora bien, en este punto, los antiguos pentecostales eran los menos crueles porque decían que un creyente tenía un criterio absolutamente claro por el que sabía que la tenía: hablaba en lenguas. Otros que enseñan esta doctrina, y que no dan criterios en absoluto, son más crueles que lo que las palabras pueden expresar. Dejan a la gente diciendo: “Debo tener esta experiencia. Si soy simplemente un cristiano corriente sin ella, no puedo realmente llegar a ser el cristiano que debo ser hasta que la tenga. ¿Como sabré que la tengo? Pero las respuestas básicas de las escuelas dicen que se sabe porque se registra en la conciencia.

(4) Detrás de esta enseñanza hay una utilización muy selectiva y discutible de ciertos textos de la Escritura. Todas las enseñanzas sobre la crisis afirman tener base en la Escritura, y frecuentemente se utiliza el lenguaje mismo de la Escritura para sostener la experiencia. Por ejemplo, una de las frases que es casi un shibolet en el antiguo perfeccionismo wesleyano es “la pureza de corazón”, tomada de Hechos 15:9: “purificando por la fe sus corazones”. En su contexto, sin embargo, habla no de una segunda obra de gracia, sino de la primera obra de gracia que Dios efectuó en los corazones de Cornelio y sus amigos. Nuevamente, el concepto de santificación completa se toma de 1 Tesalonicenses: “que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible” (5:23). La idea de “la vida salvadora de Cristo”, un término bien conocido en algunas enseñanzas sobre la “vida superior”, se toma de Romanos 5:10: “Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliamos con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida”. Toda una teología de crisis de rendición en que entramos como la vida victoriosa se formula con esa frase bíblica y luego se la inserta en esta terminología: “la vida salvadora de Cristo”.

Así, uno de los denominadores comunes en todas estas teorías de la teología de crisis acerca de la vida cristiana es que la enseñanza se basa en una utilización muy selectiva y discutible de ciertos textos de la Escritura.

¿Cómo sabemos que esta enseñanza no es bíblica?

No hay ninguna sugerencia en el Nuevo Testamento de que ningún problema enfrentado por algún cristiano o alguna iglesia se resuelva jamás apremiándolos a buscar una experiencia crítica.

(1) Consideremos el problema de las divisiones. Había un espíritu partidista en Corinto. Alguien le dio un chivatazo santificado a Pablo: la familia de Cloé. “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay contiendas entre vosotros” (1 Co. 1:11). Pablo describe cómo se manifestaron esas contiendas. ¿Qué puede ser más carnal que encontrar creyentes con un espíritu partidista? Estos creyentes habían sido todos “por un Espíritu […] bautizados en un cuerpo”, y a todos se les había “dado a beber de un Espíritu” (1 Co. 12:13). Tuvieron una experiencia común en el Espíritu Santo. No había dos niveles de cristianos: los que sólo habían sido convertidos y los que habían sido bautizados en el Espíritu; los que sólo habían sido convertidos y los que habían entrado a la vida superior; los que eran meramente cristianos y los que habían tenido un bautismo de fuego. No hay indicio en la carta de dos niveles de experiencia cristiana. Pablo escribe a la iglesia santificada “en Cristo Jesús” y dice: “Hay contiendas entre vosotros”. Describe las divisiones. Algunos creyentes se han unido a Pablo, algunos a Pedro, y luego, los realmente espirituales decían: “Nosotros somos los cristianos, los verdaderos cristianos, estamos unidos sólo a Cristo”. Pero Pablo los pone en la misma categoría que los demás.

¿Cómo trata Pablo el asunto? ¿Dice ser evidente que la razón para las divisiones es que nunca han sido bautizados en el Espíritu, que nunca se han enfrentado con lo que significa ser limpiados del pecado innato? ¿Qué les ofrece como antídoto a este problema tan arraigado y generalizado de la división? No les dice que sigan adelante para conseguir algo más. En vez, les apremia a enfrentarse con la verdad de lo que ya son y lo que ya tienen. Dice: “¿Está dividido Cristo? […] ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” Les muestra que deben enfrentarse con lo que ya tienen y ya son. En el desarrollo de lo que tienen y son se barrerán las divisiones. ¿Ves la diferencia? No dice: “Deben conseguir algo más”; dice: “Deben comprender y apreciar lo que es ya suyo en Cristo”.

(2) El problema de la inmoralidad. La carta de Pablo da a conocer que algunos de los cristianos en Corinto fornicaban. Vivían a un nivel terriblemente bajo de experiencia cristiana, y necesitaban, más que nadie, un bautismo de fuego que los limpiara del pecado innato. Los cristianos se estaban relacionando aun con rameras y posiblemente aun con las rameras del templo. ¿Cómo trata Pablo este terrible problema? Escribe: “Los alimentos son para el estómago, y el estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Tomaré, acaso, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que el que se une a una ramera es un cuerpo con ella? Porque Él dice: Los dos vendrán a ser una carne. Pero el que se une al Señor, es un espíritu con Él. Huid de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co. 6:13–20).

¿Ves lo que hace Pablo? Al encarar este espinoso problema de grosera desviación moral, no sugiere que estos corintios estén necesitados de una experiencia de gracia cualitativamente nueva. No dice: “Necesitan el bautismo del Espíritu para purificar esta propensión asquerosa y sórdida de la fornicación”. No sugiere tal cosa. En vez, dice: “¿No sabéis […]?” Piensen en lo que son, piensen en las relaciones que ya tenían cuando en arrepentimiento y fe fueron llamados a la unión con Cristo. Ésa era una unión verdadera: “Dios es fiel, por quien fueron llamados a la comunión, la vida compartida de Jesucristo. ¿No saben qué es una unión verdadera? Cuando van a la casa de una ramera, van en unión de Cristo. ¿Tomarían los miembros de Cristo y los harán miembros de una ramera? ¿No saben que su cuerpo es una posesión adquirida? Cuando Cristo derramó su sangre y murió, cuando fue cubierto por la ardiente furia de la ira divina sobre la Cruz, murió para comprarles. Sus manos, sus pies, sus órganos sexuales, son una propiedad adquirida. Oh corintios, ¿no se dan cuenta de ello, no lo saben?”

Ni una sola vez sugiere el apóstol que la razón por la que los corintios vivían de la manera en que lo hacían era que habían perdido alguna experiencia crítica. Les dice: “Aquí están los grande indicadores: están unidos a Cristo, habita en ustedes el Espíritu, han sido comprados por precio. Ahora, lo que necesitan no es otra experiencia, sino vivir las implicaciones de lo que ya son, y de lo que ya tienen. Puedes repasar Primera a los Corintios con todo los problemas de la iglesia, y ese es el acento que aparece una y otra vez. Encontrarás el mismo acento en todas las cartas del Nuevo Testamento.

No digo que los creyentes no experimenten crisis espirituales; eso contradiría tanto la enseñanza de la Biblia como la evidencia de las biografías cristianas. Los cristianos sí tienen crisis, y algunas de estas crisis los llevan en muy poco tiempo a un nivel de poder y realidad espiritual que nunca habían conocido. ¡No discuto eso! Sería necio afirmar que los cristianos nunca tienen crisis. Lo que estoy diciendo es que la Biblia en ninguna parte manda o promete una crisis espiritual de ningún tipo como esencial para vivir la vida cristiana. Hay toda la diferencia del mundo entre estas dos cosas. Puedes repasar todo el Nuevo Testamento y notar cómo se tratan problemas de todo tipo, por lo menos en principio: problemas morales, problemas éticos, problemas de relaciones interpersonales, los problemas del pecado que mora en nosotros, los problemas que implican el mundo y la carne: pero nunca, nunca, nunca, los escritores apostólicos mandan o prometen una experiencia crítica como la respuesta de Dios para estos problemas.

¿Qué decir entonces de los llamados “cuatro Pentecosteses”, mencionados en Hechos, capítulos 2, 8, 10 y 19? No podemos exponer estos pasajes aquí, pero sinceramente recomiendo a los que toman en serio enfrentarse con lo que enseñan, que lean el provechoso libro de F.D. Bruner A Theology of the Holy Spirit (Una teología del Espíritu Santo) (Grand Rapids, l970). Hay uno o dos lugares en el libro de Bruner donde aparece una idea barthiana de la Escritura. No sostengo tal idea. También adopta lo que algunos han llamado una idea realista del bautismo –algunos la llamamos una idea sacramental– que la gracia realmente se encuentra con los hombres en el agua del bautismo. Pero aparte de esos dos defectos, la exposición que hace Bruner de esos pasajes en Hechos es magistral. En mi opinión, da unas interpretaciones irrebatibles del verdadero significado de esos “cuatro Pentecosteses”.

No digo que un cristiano no deba orar por ser mañana más lleno del Espíritu que de lo que ha sido hoy. ¡No! ¿Estoy diciendo que un cristiano no debe orar por una experiencia cualitativamente más profunda del conocimiento de Cristo mañana, sobre y por encima del que tiene hoy? ¡No! A pesar de lo mucho que abomino con todo mi ser toda esta enseñanza sobre la crisis que conduce a la confusión y, en muchos casos, al cinismo y al fanatismo, también abomino el espíritu de Laodicea –“Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad–, como aquel que dice: “Lo tenemos todo en Cristo; quedémonos sentados…”. Ese espíritu no se enseña en ninguna parte del Nuevo Testamento. Aunque, en la unión con Cristo, hemos sido bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales” (Ef. 1:3), nos pasaremos el tiempo de nuestra vida desarrollando y apropiándonos de los flecos de esas bendiciones. En el mejor de los casos tenemos sólo el depósito; mucho queda aún por venir. Dios abomina el espíritu de la indiferencia: “porque dices: Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”, nuestro Señor Jesús dijo: “te vomitaré de mi boca”.

Hemos de orar continuamente por una provisión más copiosa del Espíritu. “Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lc. 11:13). En Efesios 1, Pablo escribe: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido […]”. Luego viene esa teología y elogio en que bendice al Dios Trino por tan gran salvación: al Padre por la gracia electiva y predestinadora, al Hijo por la gracia redentora, al Espíritu por sellarnos para el día de la redención. Sin embargo, a partir del versículo 15 viene a decir: “Por esta razón doblo mis rodillas, para que Dios os dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él, para que sepáis cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, para que sepáis cuál es la extraordinaria grandeza de su poder”. Dice: “Tienen todo esto, pero suplico a Dios que tengan un conocimiento experimental más profundo, más rico de todo lo que tienen en Cristo y de todo que Cristo tiene en ustedes”. Como si esto no fuera suficiente, en el capítulo 3 dice: “Doblo mis rodillas”, y luego ora por lo que es imposible orar.

Dice: “Oro que Dios os fortalezca para comprender lo incomprensible, para que sepáis la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y conozcáis el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios”.

Pablo no ora para que tengan algún tipo de experiencia carismática específica; no ora para que tengan una segunda obra de gracia; no ora para que tengan alguna de esas cinco categorías de experiencia que he descrito, sino que ora para que amplíen su capacidad, para que propaguen la percepción espiritual, y aumenten la apropiación espiritual de la plenitud que está en Cristo.

El Nuevo Testamento no nos manda buscar ni nos promete ninguna experiencia crítica posterior a la regeneración y a la conversión. Sin embargo, sí enseña con igual claridad que tener hambre y sed, anhelar, bramar, ansiar, suplicar, ambicionar, buscar, anticipar, son las características del alma saludable.

Hay veces cuando me desespero y digo: “Oh Señor, ¿es posible esperar ver gente que haya comprendido ese acento bíblico?” Parece que la gente o bien se desvía por un lado a todos los excesos del cristianismo de crisis, o van a la deriva hacia este tipo de cristianismo torpe, inerte, no experimental, frío, blando. Trágicamente, lleva a menudo el nombre “reformado”. Francamente, preferiría ser un wesleyano cordial y superficial, que piensa que necesitaba y ha obtenido una segunda obra de gracia, pero que tiene hambre de Dios, antes que un hombre que puede sentarse durante horas y probar que no hay tal cosa, y cuyo corazón está tan frío como una piedra.

5. LA DISCIPLINA DIVINA

No hay escapatoria del castigo divino como factor integral en la vida cristiana.

El autor de Hebreos destaca este punto: “Habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige: Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él; porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”. Si Dios, en su gracia, te ha adoptado en su familia, entonces te ha adoptado en la familia de sus disciplinados. “¿Qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos, y no hijos verdaderos”. Es el padre del hijo ilegítimo quien tiene vergüenza de su paternidad. No reconoce públicamente a su hijo. Ese es el hijo a quien se deja sin disciplina. Dios no tiene hijos ilegítimos. ¡A sus verdaderos hijos los disciplina porque se compromete a hacerlos partícipes de su santidad! “Tuvimos padres terrenales, para disciplinarnos […] por pocos días, como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad” (He. 12:5–8).

Nunca olvidemos que el propósito básico de Dios en la redención es hacernos santos, no felices. “Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo” (Ro. 8:29). Habrá mucha felicidad a lo largo del camino, pero este pasaje nos dice que “al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo”. Nunca azoté a uno de mis hijos para después permitirle bailar en la cocina. ¡Ninguna disciplina por el presente parece gozosa! Esta idea de que con sólo tener una cierta experiencia puedes tener una sonrisa de treinta y dos dientes, veintisiete horas por cada veinticuatro horas, ¡es la maldición de los carismáticos! Pero ¿de qué sirve una sonrisa de plástico cuando un hijo de Dios disciplinado viene a ti en amargura de alma? Te conviertes en uno de los consoladores de Job. Dices: “Oh, tu problema es que no tienes el Espíritu Santo. Si sólo hablaras en lenguas, irías simplemente a tu habitación y parlotearías durante una hora, y te sentirías mejor”. Eso no es ninguna caricatura. He oído dar ese consejo de los amigos de Job a la gente. En contraste, aquí está el principio que deberías escribir sobre tu corazón: “Hasta que seas hecho a la perfecta semejanza de Jesucristo, tienes forzosamente que sentir el aguijón de la vara de Dios”. “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo;” “El Señor al que ama, disciplina”; “yo reprendo y disciplino a todos los que amo” (Ap. 3:19). Te lo digo: cuando Dios disciplina, no es siempre en términos de aflicción física. Nunca debemos considerar la disciplina de Dios exclusivamente en términos de calamidades financieras y físicas. Éstas pueden constituir una disciplina; o puede que no. Para mí, la peor disciplina es el alejamiento del rostro del Señor; cuando oramos y no sentimos ni conocemos una comunión efectiva con Dios. Qué disciplina hay para un verdadero cristiano más amarga que ser incapaz de relacionarse con Dios en una comunión consciente y deliciosa y en oración? ¡No sé de ningún castigo más amargo que éste! Esto es suficiente para hacer que cualquier verdadero cristiano examine su corazón y diga: “Oh Dios, ¿dónde te he afligido que has vuelto tu rostro? No ocultes tu rostro de mí en mi angustia. Haz resplandecer tu rostro sobre mí”. Los Salmos están llenos de esta enseñanza.

Hijo de Dios, enfrenta el hecho de que no hay escapatoria de la disciplina divina como factor integral en la vida cristiana.

6. LOS MEDIOS DE GRACIA

No hay sustitutos efectivos para los medios de gracia designados para el progreso en la vida cristiana.

Estos medios de gracia se dividen en dos categorías: (1) personales y privados; (2) públicos y sociales.

(1) Personales y privados. Sabemos cuáles son los medios privados y personales de gracia. Jesús oró: “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad” (Jn. 17:17); “¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra”; “En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti” (Sal. 119:9,11). ¡La oración oculta! La oración, ese privilegio misterioso e imponente y, sin embargo, ¡a veces, delicioso! Aquí está una causa importante de espiritualidad débil: “No tenéis, porque no pedís” (Stg. 4:2).

Por qué están algunos paralizados aún por ciertos pecados dominantes? No tienes porque no pides. No traes esos pecados en oración a la sangre de Cristo y a la Cruz de Cristo, y al poder fulminante del Espíritu de Cristo. Si fueras más ferviente, verías cómo esos pecados dominantes pierden su poder.

No hay sustitutos efectivos para los medios de gracia designados para progresar en la vida cristiana. Aférrate a los medios privados: oración, meditación de la Palabra de Dios, auto examen cuando sea necesario, quizá tiempos de ayuno, decir “no” a apetitos físicos legítimos en medio de una crisis cuando necesitas entregarte a la sin-cera búsqueda del rostro de Dios, el guardar la conciencia lavada por la sangre. Haz del propósito de Pablo tu propio propósito: “Por esto, yo también me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres” (Hch. 24:16).

(2) Los medios corporativos de gracia: “Y se dedicaban continuamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan, y a la oración” (Hch. 2:42). ¡Comunión, oración, compartir la vida juntos! Si hay un lugar en el mundo donde debes ser capaz de sentirte seguro dejando que la gente entre en tu corazón, es entre el pueblo de Dios.

La comunión no consiste en sentarse simplemente en los mismos asientos, debajo el mismo tejado, en el mismo día. La comunión es una vida compartida. “¿Quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?” (1 Co. 2:11). ¿Cómo puedo llevar tus cargas si no las sacas donde las pueda ver, para poner mi hombro debajo? La Escritura dice: “Llevad los unos las cargas de los otros” (Gá. 6:2). “Llorad con los que lloran” (Ro. 12:15). Cómo puedes cumplir eso si tienes esa noción carnal y tonta de “poner a mal tiempo buena cara”? ¿Dónde dice la Palabra de Dios: “Pon buena cara”? ¡En ninguna parte! Muchos cristianos son náufragos emocionales porque no están en una comunidad donde, cuando es apropiado llorar, pueden llorar, y tienen a sus hermanos llorando con ellos! Sospecho que algunos de mis consejos pastorales más efectivos han salido no de mi boca, sino de mis lagrimales cuando simplemente me he sentado con una hermana o hermano llorosos, y llorado y sollozado con ellos. Era lo único que podía hacer. Su dolor era demasiado profundo como para ser alcanzado con palabras. ¡Eso es la comunión!

Que Dios nos ayude a orar y trabajar para ver iglesias formadas donde la gente no correrá tras los carismáticos, ¡porque al menos parece como si tuvieran una religión que “sienten”! Pienso que correría allí, si mi teología me lo permitiera, si tuviera que asistir a algunas de las llamadas “iglesias reformadas” en que he estado. El frío se le mete a uno en los huesos como el viento del norte. No te atreves a llorar, pues temerías que la estructura entera se desmoronaría por una lágrima derramada dentro de sus paredes. No pretendo caricaturizar lo que he experimentado, pero es verdad. Los medios públicos de gracia que Dios ha dado es la Iglesia: un cuerpo formado por el pueblo de Dios que cuida, ama, llora, se regocija, sirve, y evangeliza.

Estos medios públicos y privados son los medios designados por Dios. No hay sustitutos efectivos para ellos en cuanto a ministrar al crecimiento verdadero en la vida cristiana.






Pastor de Trinity Baptist Church, Montville, Nueva Jersey. EE.UU.
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© The Banner of Truth Trust 1986 Publicado por primera vez en inglés en 1986 con el título:
Living the Christian Life
Primera edición en español: 2000 Segunda edición en español: 2004 © Publicaciones Aquila (RBCNB), 2000 para la versión española
Las citas bíblicas están tomadas de la BIBLIA DE LAS AMÉRICAS. Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso
ISBN: 1-932481-01-X Depósito legal: B - 1.364 - 2.004 Impreso en España en los talleres de Tesys Industria Gráfica, S.A. Passeig del Comerç, 122 — 08203 Sabadell (Barcelona)
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