Alábenla en las puertas
Capitulo 1. El gran plan
Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Gn. 12:3)
Nancy Wilson
En la actualidad, la iglesia está muy caracterizada por mucha confusión acerca del papel de la madre. Lo que la Escritura enseña con tanta llaneza y sencillez lo retuercen y lo dejan irreconocible aquellas personas que rehúsan sujetarse a la Palabra de Dios. El mundo ha infiltrado la iglesia y está extraviando a sus mujeres, enseñándolas a desechar el modelo bíblico de la maternidad. Pero, al conceder Dios en Su misericordia reforma y avivamiento a Su iglesia, muchas familias están descubriendo que o bien han estado engañadas o que han sido desobedientes, y muchas de ellas están volviendo a las sendas antiguas establecidas en la Escritura. Es esencial que las madres cristianas comprendan su vocación para que puedan abrazarla de todo corazón. Cuando las madres obedecen fielmente a Dios en este papel tan precioso y exigente, pueden esperar que Dios cumplirá Su promesa de bendición en sus familias.
Según vaya considerando en este libro la vocación de la madre, examinaré diferentes y desafiantes aspectos de los deberes de la madre en el hogar, desde el nacimiento del niño hasta el momento en que los hijos abandonan el hogar. Pero antes de pasar a ver estas cuestiones específicas, es importante contemplar el gran plan. Cada vez que emprendemos una tarea importante, es de gran ayuda que tengamos una perspectiva del resultado final. Si estás edificando una casa, puede que no te sea posible ver con tus ojos cuál será el producto final, pero por así decirlo sí puedes, por la fe, saber a dónde apuntas. Los planos de la casa dan el diseño completo, y al ir subiendo cada pared, debería seguir este plan maestro. Como la maternidad es algo muy similar, una mujer necesita ver sus tareas diarias a la luz del plan global. La tarea de cada día es significativa, porque está contribuyendo hacia el plan a largo plazo. Aunque podamos sentirnos tentadas a pensar que este clavo particular en esta pared determinada no significará una gran diferencia en la apariencia final de la casa, un constructor experto sabe que tiene su importancia. Cada clavo es importante y asegura que la casa aguantará y no caerá a la primera tempestad. Las madres deben ver los deberes de cada día como parte de este proceso de edificación. Aunque pueda que no consigamos mucho en un solo día, todos estos clavos en las paredes juegan su papel en el conjunto. «La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba» (Pr. 14:1).
Pasemos ahora a ver qué dice la Escritura acerca de este plan maestro y por qué la madre tiene tanta importancia. Primero consideraremos las positivas imágenes bíblicas de la maternidad que encontramos en Salmos y Proverbios, y luego contemplaremos las instrucciones específicas que se dan a las madres en el Nuevo Testamento.
El Salmo 127 y 128 se citan a menudo por su hermosa imaginería describiendo a madres e hijos en el hogar. En el Salmo 127, los hijos son llamados «herencia de Jehová», «cosa de estima» y se comparan con «saetas en mano del valiente ». El hombre con una aljaba llena de ellos está feliz porque sus hijos le dan posición en la comunidad como señal de la bendición del Señor. La esposa virtuosa en Proverbios 31 ha tenido éxito en sus empresas porque «Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada». El fruto de sus manos la alaba en las puertas, su marido y sus hijos dan testimonio de su obediencia en su vocación, y es elogiada por esta fructífera obediencia.
Considera las hermosas imágenes del Salmo 128. Las bendiciones para quien teme a Dios incluyen felicidad a la mesa, donde se goza del fruto del trabajo. La esposa se describe como una vid que lleva fruto. ¿Y dónde está ella? «En la intimidad de tu casa» (v. 3, RVR77). La madre está en el centro de la imagen de bendición y prosperidad. Alrededor de la mesa se encuentran los renuevos de olivo, una imagen de promesa y crecimiento, y de futura prosperidad. Este salmo concluye con una bendición: «Y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel». Una madre que cumple su fructífero llamamiento es un medio que Dios usa para traer bendición a toda su familia, a su marido, a la iglesia y a la comunidad.
Las madres que comprenden que Dios desea «una descendencia para Dios» (Mal. 2:15) se dan cuenta de la parte tan importante que tienen en el cumplimiento de este deseo de Dios. Se precisa de diligencia, de trabajo duro y de fe para criar una descendencia piadosa para Dios, pero es un trabajo que da satisfacción al alma. Esta perspectiva bíblica de una maternidad temerosa de Dios está cargada de imágenes de fruto y que abundan en mérito espiritual y honra y bendición. La mujer descrita en Proverbios 31 es una mujer satisfecha. Puede contemplar con placer sus años de duro trabajo criando a los niños y gobernando su casa. Recoge una cosecha de cosas buenas por su duro afán de sembrar obediencia. Aquí tenemos a la casa que va llegando a las últimas etapas de acabado. La madre de niños pequeños debe tener la mirada puesta hacia el día en que todos sus hijos, por la gracia de Dios, serán adultos que se levanten en su presencia y la bendigan. Puede que sea difícil mantener este objetivo a largo plazo a la vista de pañales, de disciplina y de enseñanza y de cientos de otras cosas. Pero la madre cristiana debe tener ante la vista la meta de acabar su casa. Su obediencia es esencial en la transmisión a sus hijos de amor por el Dios Altísimo. Él es fiel y nos ha prometido nuestros hijos. Las madres deben ser fieles en confiar sus hijos a Él.
Ahora consideremos Tito 2:4-5. Este pasaje asigna deberes a las mujeres en la iglesia. Las ancianas deben ser maestras, e instruir a las jóvenes. Las jóvenes deben ser discípulas, y aplicar estas enseñanzas. ¿Y qué deben enseñar las mujeres mayores? «Enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.» Esta buena enseñanza capacita a la madre para florecer y distinguirse en sus deberes en el hogar, y la capacita a tener un enorme impacto sobre su familia. Según las mujeres mayores van transmitiendo su buena enseñanza, toda la comunidad cristiana recibe bendición. Las madres jóvenes pueden acudir a las mayores a por ayuda, apoyo, enseñanza y aliento; mientras, las mujeres mayores tienen un papel vital en la iglesia y no tienen por qué estar en la periferia, sino que deberían estar ocupadas cumpliendo su vocación de pasar sus conocimientos acerca de la maternidad (y de la administración del hogar) a la siguiente generación de madres.
Finalmente, hemos de considerar lo que sucede cuando las madres cumplen su vocación divina en el hogar. Cuando las mujeres se dedican a sus maridos, a sus hijos y a edificar sus casas, toda la iglesia queda fortalecida. Este es realmente su «ministerio» a la iglesia: ser esposas obedientes que crían hijos piadosos. Evidentemente, cuando la iglesia está llena de familias sanas, la iglesia será sana y estable.
Cuando las madres ven lo valiosas que pueden ser sus contribuciones, deberían sentirse abrumadas de gratitud a Dios por concederles una obra tan buena. Ser ama de casa es una buena obra. Como veremos en los capítulos que siguen, criar hijos es una buena obra.
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