El coraje moral
El coraje moral es un rasgo de carácter de los más importantes que se puede poseer. No hay nada tan difícil de soportar como el ridículo. Es necesario un corazón valiente para estar preparado para cumplir con las obligaciones, permaneciendo impasible frente al desprecio de los demás.
¡Con cuánta frecuencia hacemos lo que está mal por temor de que otros nos llamen cobarde si hacemos lo correcto!
Un frío día de invierno, tres muchachos pasaban al lado de una escuela. El mayor de ellos era un muchacho travieso, siempre metido en problemas y tratando de meter a otros en dificultades. El más joven, que se llamaba George, era un muchacho muy atento, que deseaba hacer lo correcto, pero era muy deficiente en coraje moral. Llamaremos Henry al mayor, y al tercero James. Se produjo el siguiente diálogo entre ellos:
Henry: ¡Qué divertido sería lanzar una bola de nieve a la puerta de la escuela y hacer que el maestro y los alumnos den un salto!
James: Serías tú el que saltarías. Si él maestro no te agarrara y te pegara, se lo diría a tu padre, y entonces sí que recibirías una paliza que te haría saltar más alto que los alumnos, creo yo.
Henry: Vamos, podríamos habernos alejado tanto antes de que el maestro salga a la puerta, que no podría decir quiénes somos. Aquí hay una bola de nieve tan dura como el hielo, y George estaría más que dispuesto a lanzarla a la puerta.
James: Entonces dásela y veámoslo. Él no se atrevería a lanzarla a la puerta.
Henry: ¿Crees que George es un cobarde? Tú no lo conoces tan bien como yo. George, toma esta bola de nieve y muéstrale a James que tú no eres tan cobarde como él cree que eres.
George: No tengo miedo de lanzarla, pero no quiero hacerlo. No veo que eso vaya a causar ningún bien, ni que haya nada divertido en hacerlo.
James: Ves, ya te dije que él no se atrevería a lanzarla.
Henry: Vamos, George, ¿te estás volviendo un cobarde? Yo creía que no tenías miedo a nada. Tendremos que llamarte corazón de gallina. Vamos, salva tu honor y lánzala. Yo sé que no tienes temor a hacerlo.
George: Bien, no tengo temor a hacerlo. Dame la bola de nieve. Estoy más que contento de lanzarla.
La bola de nieve golpeó la puerta, y los muchachos emprendieron la huida. Henry se reía con tantas carcajadas como podía al pensar en el ridículo en que había puesto a George. George después recibió una paliza por su necedad, tal como merecía. Era tan cobarde que tenía temor a que lo llamasen cobarde. No se atrevió a negarse a hacer lo que Henry le dijo que hiciera por temor a que se rieran de él. Si él hubiera sido realmente un muchacho valiente, habría dicho:
–Henry, ¿crees que soy tan tonto como para lanzar una bola de nieve simplemente porque tú quieras que lo haga? Tú puedes lanzar tus propias bolas de nieve, si quieres.
Henry quizá habría tratado de reírse de él; le habría llamado cobarde, esperando de ese modo inducirlo a obedecer sus deseos. Pero George hubiera respondido:
–¿Crees que me importan tus risas? No creo que esté bien lanzar una bola de nieve a la puerta de la escuela. Y no haré lo que creo que está mal, aunque toda la ciudad se ría junto contigo.
Ese habría sido un verdadero coraje moral. Henry habría visto de inmediato que no produciría ningún bien reírse de un muchacho que tuviera un corazón tan valiente. Y tú debes tener esta valentía de espíritu, pues si no continuamente participarás en los problemas, y merecerás y recibirás desprecio.
Una vez conocí a un hombre que tenía tan poca independencia que apenas se atrevía a expresar una opinión que fuese distinta a la de las personas con quienes estaba. Cuando hablaba de política, mostraba acuerdo con las personas con las que conversaba, sin importar cuáles fueran los puntos de vista de ellos o su partido político. La consecuencia era que él no tenía la confianza de nadie y sí el desprecio de todos. Quedó sumido en una merecida deshonra ante la opinión de toda la comunidad.
Tú debes tener tus propias opiniones; y debes estar preparado, de manera sincera y modesta, para expresarlas cuando la ocasión lo requiera, sin sentirte intimidado por temor a la censura. Si no es así, no podrás ni reclamar respeto ni ser útil.
En las cosas que conciernen solamente a tu propia comodidad personal, deberías ser tan flexible como el aire; pero en cuanto a las obligaciones, deberías ser tan firme y tan inflexible como la roca. Debes estar siempre preparado para sacrificar tu propia comodidad en beneficio de la comodidad de otros. Debes ser conciliador y atento en todos tus sentimientos y actos. Demuestra que estás preparado para hacer todo lo que esté en tus manos para hacer felices a quienes te rodean. Que nadie tenga ocasión de decir que tú eres terco y poco servicial.
Pero, por otro lado, en lo que implique obligación, que nada te tiente a hacer lo malo. Sé lo bastante valiente para atreverte a hacer lo correcto, cualesquiera que sean las consecuencias. Si otros se ríen de tus escrúpulos, deja que se rían tanto como quieran; y deja que vean que sus desprecios no te asustan.
Tu coraje será probado con frecuencia. Habrá ocasiones en las cuales será necesaria una severa lucha para preservar tu integridad; pero recuerda siempre que si quieres hacer algún bien en el mundo, debes poseer este coraje moral. Es la falta de él lo que hace que miles de personas vivan de manera que sus conciencias reprochan, y mueran en la desesperación.
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