El engaño
Todo el mundo admira la valentía, y todos desprecian la cobardía. Se considera al mentiroso, sea un muchacho o un hombre, con indignación.
Sucederán casos en los cuales te sentirás fuertemente tentado a decir lo que es falso; pero si cedes a la tentación, ¿cómo puedes evitar despreciarte a ti mismo?
Una niñita en una ocasión entró en la casa y le dijo a su madre algo que era muy improbable. Quienes estaban sentados en la habitación con su madre no la creyeron, porque no conocían el carácter de aquella niñita. Y la madre replicó al instante: “No tengo ninguna duda de que eso es cierto, porque nunca he sabido que mi hija diga una mentira”.
¿Acaso no hay algo noble en tener un carácter como ese? ¿Acaso no debió de haberse sentido feliz aquella niñita al ser consciente de poseer la completa confianza de su madre? ¡Oh, qué diferentes deben de haber sido sus sentimientos de los del hijo cuya palabra no puede creerse, y a quien todos consideran con sospecha! Lástima, lástima del hijo que no tiene la magnanimidad1 suficiente para decir la verdad.
Dios no permitirá que tales pecados queden sin castigo. Aun en este mundo, generalmente se sienten las consecuencias. Dios ha dado a todas las personas una conciencia, la cual aprueba lo que es correcto y condena lo que es incorrecto. Cuando hacemos algo incorrecto, nuestras conciencias nos castigan por ello, y somos infelices. Cuando hacemos cualquier cosa correcta, la aprobación de la conciencia es una recompensa.
Cada día sientes el poder de esta conciencia aprobando o condenando lo que haces. Algunas veces una persona cree que si hace algo mal, y nadie lo descubre, escapará al castigo; pero no es así, pues esa persona será castigada si el asunto se descubre al igual que si no se descubre. La conciencia la castigará si nadie más lo hace.
Si has hecho algo mal, es mejor que lo confieses de inmediato. La falsedad solamente aumentará tu pecado y agravará tu tristeza. Siempre que seas tentado a decir algo que es incierto, mira hacia el futuro: a las consecuencias. Piensa en cuánta tristeza, y vergüenza, y pecado acumularás sobre ti mismo. Piensa en los reproches de la conciencia; porque puedes estar seguro de que esos reproches no se soportan con facilidad.
¿Y acaso es agradable tener fama de ser un mentiroso? Cuando se descubre a las personas en alguna falsedad, no se las puede creer cuando dicen la verdad. Ninguna otra persona puede volver a poner confianza en ellas hasta que haya pasado un largo tiempo de penitencia, en el cual hayan tenido la oportunidad de manifestar su enmienda.
Nunca se puede creer a un mentiroso. No importa si dice una verdad o una falsedad; nadie puede confiar en su palabra. Si alguna vez te ves tentado a decir una mentira, antes pregúntate a ti mismo si estás dispuesto a que se diga que nadie puede confiar en tu palabra, pues se sabe que el mentiroso es así. Una persona posiblemente pueda decir una mentira que no sea descubierta, pero casi siempre sucede algo que la saca a la luz.
Es imposible que una persona que tiene el hábito de decir cosas inciertas escape sin ser descubierta. Tu carácter, esté dirigido hacia la verdad o hacia la falsedad, se conocerá. ¿Y qué puede ser más humillante y degradante que tener fama de mentiroso? Así se considera en todos los países y entre todas las gentes.
La mentira es considerada como uno de los vicios más viles y más cobardes de los cuales uno puede ser culpable. El mentiroso es siempre un cobarde. Dice mentiras porque tiene temor a decir la verdad.
¿Y cómo crees que el mentiroso debe de sentirse cuando llegue a la muerte? Es un momento solemne. Cuando menos lo esperes, puedes ser llamado a permanecer enfermo sobre una cama y a descender a la tumba. No hay nada que proporcione alegría a nadie en esos momentos, a excepción de la creencia de que nuestros pecados son perdonados y que iremos al hogar celestial.
La muerte es terrible para el pecador no arrepentido; pero es una mensajera de amor y de misericordia para aquellos que están preparados para morir.
Si has sido culpable de alguna falsedad, no podrás morir en paz hasta que te hayas arrepentido y obtenido perdón. Una mentira es, a los ojos de Dios, un pecado terrible, aunque a nosotros nos parezca algo insignificante. Cuando estemos preparados para dejar el mundo y comparecer ante Dios en juicio, las convicciones de una conciencia culpable pesarán en el corazón como si fueran plomo.
Hay muchas maneras de ser culpable de falsedad sin tener que pronunciar la mentira directamente con palabras.
El engaño, a pesar de la habilidad con que se practique, es vergonzoso, y asegura tristeza y desprecio. Aun si tuvieras la aprobación de tu propia conciencia y la aprobación de los amigos, nunca hagas aquello que desearás haber ocultado. Sé siempre tan abierto y transparente como el día. Sitúate por encima del engaño, y entonces no tendrás nada que temer.
Pero no debemos olvidar que hay un día de solemne juicio que se acerca. Cuando mueras, tu cuerpo será envuelto en la mortaja y metido en el ataúd, y enterrado en la tumba; y allí se quedará y se pudrirá hasta hacerse polvo, mientras las nevadas de innumerables inviernos, y las tormentas de incontables veranos, reposarán sobre la fría tierra que te cubrirá.
Pero tu espíritu no estará allí. Muy lejos, por encima de las nubes del cielo, y los abrasadores soles, y las titilantes estrellas, se habrá ido para ser juzgado.
¡Qué horrible debe de ser la escena que se desplegará ante ti cuando entres en el mundo eterno! Verás el trono de Dios; ¡qué brillante, qué glorioso aparecerá ante tu vista! Verás a Dios el Salvador sentado en el majestuoso trono. Los ángeles, en números mayores de los que pueden contarse, llenarán el universo con sus resplandecientes alas y sus cantos.
¡Oh, qué escena para contemplar! Y entonces tú estarás en la presencia de esa incontable multitud para responder por cada cosa que hayas hecho mientras viviste. Todo acto y todo pensamiento de tu vida estarán entonces frescos en tu mente. Sabrás que está escrito en la Biblia: “Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo”2.
¡Cómo deberá de sentirse entonces el hijo que haya sido culpable de falsedad y engaño cuando todo sea sacado a la luz en ese momento! Ningún mentiroso puede entrar en el Reino de los cielos. ¡Oh, qué terrible debe de ser la confusión y la vergüenza con la cual el mentiroso se verá entonces abrumado! Todos los ángeles verán tu pecado y tu angustia; ¿y crees que desearán tener a un mentiroso en el cielo para que se relacione con ellos? ¡No! Ellos tendrán que apartar su vista de ti con repugnancia.
La conciencia te partirá el alma; y deberás oír la horrible sentencia:
“[Apártate] de mí, [maldito], al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles”3.
Practicar el engaño es algo terrible, pues te apartará del cielo y te encerrará en la angustia eterna. Aunque escaparas a ser descubierto durante toda tu vida, y aunque murieras y no se descubriera tu falsedad, pronto llegará el momento en que todo será sacado a la luz, y en que todo el universo de hombres y de ángeles serán los testigos de tu vergüenza.
¡Oh, cuidado! No pospongas el arrepentimiento hasta que llegue el Día del Juicio. Acude al instante a quienes hayas engañado, y haz confesión e implora perdón. Luego acude a tu Salvador y arrodíllate delante de Él; ora para que Él te perdone y promete no volver a pecar más. Si ofreces tu oración con sinceridad, y tu decisión permanece firme, el Salvador te perdonará; y cuando la trompeta del arcángel te convoque al juicio, Él te dará un hogar en el cielo. Nuestro amoroso Salvador está siempre presto a aceptar las lágrimas del penitente sincero.
Si alguna vez eres tentado a engañar, recuerda que tu engaño pronto será conocido. Es totalmente imposible que quede oculto durante mucho tiempo. En el momento en que llegue el Día del Juicio tu corazón estará abierto a la vista del universo, y todo pensamiento será conocido públicamente. Por tanto, es mucho más seguro ser sincero y honesto.
Esfuérzate por mantener tu corazón libre de astucia. Entonces tendrás en paz tu conciencia, no tendrás temor a ser descubierto, podrás dormir en paz y podrás despertarte en la mañana con gozo. Al confiar en el Salvador para que te acepte, podrás morir feliz. Y cuando la mañana de la resurrección amanezca sobre ti, tu corazón estará lleno de un gozo que las mañanas más brillantes de la tierra y los cielos más claros nunca pudieron mostrar. El Salvador te sonreirá, y los ángeles te darán la bienvenida al cielo. Recorrerás con una alegría inexpresable los verdes pastos de esa dichosa morada. Descansarás junto a aguas tranquilas donde hay un dulce reposo para siempre (cf. Sal. 23).
Notas:
1 Magnanimidad: grandeza de mente; esa elevación o dignidad del alma que se enfrenta al peligro y a los problemas con tranquilidad y firmeza.
2 Eclesiastés 12:14.
3 Mateo 25:41
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