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	<title>Familia</title>
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		<title>La mujer prudente viene del SEÑOR</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 21:15:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Compañerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Esposa]]></category>

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		<description><![CDATA[Casa y riqueza son herencia de los padres, pero la mujer prudente viene del SEÑOR (Proverbios 19:14). Las casas y las tierras son don de Dios, pero Él nos las da por medio de nuestros padres o progenitores, que las adquirieron con esfuerzo. La Providencia resplandece más notablemente al otorgar buenas esposas a los hombres, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Casa y riqueza son herencia de los padres, pero la mujer prudente viene del SEÑOR (Proverbios 19:14).</p></blockquote>
<p>Las casas y las tierras son don de Dios, pero Él nos las da por medio de nuestros padres o progenitores, que las adquirieron con esfuerzo. La Providencia resplandece más notablemente al otorgar buenas esposas a los hombres, porque estas no pueden venir por herencia; y nadie puede saber de antemano qué esposa le va a tocar en suerte a un determinado hombre.</p>
<p>En la esposa, la prudencia no solo incluye su habilidad en el gobierno de los asuntos domésticos, sino también el buen sentido que la convierte en una compañera agradable y la mueve a comportarse de tal forma que haga feliz a su marido en la relación. Si a estas cualidades se añade la piedad, la mujer resulta una bendición mucho más grande que cualquiera de las posesiones que los padres puedan legarnos.</p>
<p>Debemos dar gracias a Dios por todos los placeres temporales, pero principalmente por aquellos que en su providencia favorable se dejan ver con más claridad. Puede que las casas y las tierras hagan la vida más cómoda en cierta medida, pero la mujer virtuosa es una bendición poco habitual, porque “[…] su valor supera en mucho al de las joyas” (Pr. 31:10).</p>
<p><span id="more-298"></span></p>
<p>El que halla esposa tiene motivos para dar gracias a Dios (cf. Pr. 18:22). Pero aquel que halla una buena esposa tiene multitud de motivos para estar agradecido. Fue Dios quien puso la prudencia en esa mujer, quien hizo que él la conociera, quien le dispuso a escogerla por esposa y quien impulsó a la mujer a decidirse a acceder a los deseos del hombre.</p>
<p>Cuando recibimos un regalo valioso de parte de un amigo, la gratitud nos fuerza a utilizarlo conforme a la voluntad del que nos lo dio. Si la esposa es un valioso regalo que viene de Dios, el marido está obligado a tratarla con todo ese respeto y toda esa bondad que el Señor exige. Cualquiera que sea la reputación que merezca la esposa, Dios ordena a su marido que la ame, pero cuando la esposa es prudente, el marido no tiene excusa para no demostrarle el cariño más tierno.</p>
<p>Si deseas encontrar esposa, debes reconocer a Dios con las súplicas más sinceras; porque solo Él conoce los corazones de los hombres y de las mujeres, y ejerce una influencia soberana sobre sus sentimientos. Pero no oses afrentar a Dios pretendiendo hallar una esposa que venga de Él sin buscar en ella prudencia, antes que casas o tierras; porque Dios declara que la esposa prudente es un don mucho más valioso que esas cosas que son de tanta estima para la mayoría de los hombres. Cuando los hijos desean casarse, no pueden esperar la aprobación de sus padres si hacen una elección totalmente opuesta a la opinión de ellos; ¿y cómo podemos esperar nosotros que nuestro Padre celestial derrame su bendición en propósitos  contrarios a su voluntad declarada?</p>
<p><em>Extrato de &#8220;Comentario a Proverbios&#8221; por George Lawson.</em></p>
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		<title>La mujer virtuosa es corona de su marido</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Oct 2011 16:22:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La mujer virtuosa es corona de su marido, mas la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos (Proverbios 12:4). La mujer virtuosa teme al Señor, respeta a su marido, gobierna su casa con prudencia y cuidado, se muestra caritativa con los pobres y trata a todos con amabilidad. ¿Con qué compararemos a una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2011/10/mujer_virtuosa.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2011/10/mujer_virtuosa.jpg" alt="" title="mujer_virtuosa" width="246" height="180" class="alignleft size-full wp-image-288" /></a><br />
<blockquote>La mujer virtuosa es corona de su marido, mas la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos (Proverbios 12:4).</p></blockquote>
<p>La mujer virtuosa teme al Señor, respeta a su marido, gobierna su casa con prudencia y cuidado, se muestra caritativa con los pobres y trata a todos con amabilidad. ¿Con qué compararemos a una mujer como esta? ¿La asemejaremos a un brazalete, o diremos que es un collar de oro para su marido? Tales comparaciones la dejarían por debajo de su valor. Ella le hace tan feliz como un rey, y le procura tanto respeto y honor que merece que la comparen con ese ornamento real que se ciñe a la cabeza de los monarcas. Para su marido, ella es una corona adornada con esas encantadoras virtudes que brillan con un resplandor más radiante que los diamantes de Oriente. </p>
<p><span id="more-284"></span></p>
<p>Es salud para los huesos de su marido, porque al contemplar su afable comportamiento y el placer de su compañía siempre le inunda esa alegría que tiene el mismo efecto que una medicina. Pero la mujer que carece de virtudes avergüenza a su marido y es “como podredumbre en sus huesos”. Su mal genio o su comportamiento apasionado, sus gastos desmesurados o su avaricia sórdida, la ligereza de su conversación o sus vicios escandalosos, le hacen a él objeto de lástima y desprecio cuando está fuera, y le llenan de angustia cuando vuelve a casa. Las mujeres así no son una ayuda idónea, sino un tormento para aquellos que las han hecho hueso de sus huesos y carne de su carne (cf. Gn. 2:23). El hombre puede recuperarse de la fiebre en unas pocas semanas; pero la desgracia de esta enfermedad viviente es que, a menos que la gracia del Todopoderoso fabrique una cura poco frecuente, hará presa de los huesos y del ánimo del hombre hasta que la muerte de uno de los esposos alivie los dolores.<br />
Entonces, los que tengan que elegir esposa han de ser conscientes de que el hombre debe ser la gloria de Cristo, como la mujer es gloria del hombre; que “[…] la mujer prudente viene del Señor” (Pr. 19:14); y que les conviene, pues, a fin de vivir para alabanza de Cristo, tomar la resolución de casarse solamente en el Señor y buscar este precioso regalo de parte suya en humilde oración.</p>
<p>Las esposas deben reflexionar seriamente para ver si anhelan la felicidad y el honor de sus maridos o su desgracia y tristeza; y sopesar qué es mejor para la mujer: acabar siendo una ayuda idónea para gozo de su marido y una corona para su cabeza, o una plaga viviente y un incendio que consuma sus entrañas (cf. 1Co. 11:5-10). </p>
<p>Los maridos deben honrar a sus mujeres y alentarlas en la virtud por medio de su bondad y aprobación. ¡Cuán dulce es el amor que Cristo manifiesta hacia aquellos a quienes se complace en desposar con toda su ternura! “Así también deben amar los maridos a sus mujeres […]” (Ef. 5:28).    </p>
<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2011/10/comentarioproverbios.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2011/10/comentarioproverbios.jpg" alt="" title="comentarioproverbios" width="95" height="140" class="alignleft size-full wp-image-285" /></a>Esta lectura es un extracto del libro <i>Comentario a Proverbios</i> por George Lawson, publicado en español por Publicaciones Aquila, Derechos reservados © 2011. </p>
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		<title>&#191;Cómo conseguir que los niños varones lean?</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Aug 2011 15:54:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categorizar]]></category>

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		<description><![CDATA[Albert Mohler Existe una amplia documentación que prueba que los niños varones se están quedando atrás en la lectura en todos los niveles de edad. En muchos casos, los niños son, en el mejor de los casos, medio analfabetos y muchos no llegan a desarrollar jamás una capacidad de lectura adecuada. No consiguen conocer los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2011/08/Conseguir_que_los_ninos_lean.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2011/08/Conseguir_que_los_ninos_lean.jpg" alt="" title="Conseguir_que_los_ninos_lean" width="301" height="200" class="alignright size-full wp-image-270" /></a><strong>Albert Mohler</strong></p>
<p>Existe una amplia documentación que prueba que los niños varones se están quedando atrás en la lectura en todos los niveles de edad. En muchos casos, los niños son, en el mejor de los casos, medio analfabetos y muchos no llegan a desarrollar jamás una capacidad de lectura adecuada. No consiguen conocer los placeres de un libro.</p>
<p><span id="more-269"></span></p>
<p>En la edición de hoy del <i>The Wall Street Journal</i>, el editor Thomas Spence da un buen consejo en cuanto a “Cómo educar a niños que lean”. Tras expresar su agradecimiento por el hecho de que muchas autoridades y padres ahora reconocen el problema, Spence afirma: “Las malas noticas son que muchos de ellos tienen ideas absolutamente terribles para resolverlo”.</p>
<p>Escribe:</p>
<blockquote><p>Todos concuerdan en que si los niños no leen bien es porque no leen lo suficiente. ¿Pero cuál es la razón de que no lean? Un número considerable de profesores y libreros piensan que los niños simplemente se aburren por la “pesada” literatura con la que se encuentran en la escuela. Según una reveladora historia de <i>Associated Press</i>, del mes de julio, estos expertos insisten en que debemos “llegar hasta donde ellos se encuentran”, es decir, consentir el gusto no instruido de los niños.</p>
<p>Para niños de la escuela primaria y secundaria, esto significa “libros que exploten su amor por las funciones corporales y un tipo de humor repelente”.  La AP informa que una bibliotecaria escolar invita a sus alumnos a &#8220;fiestas de asqueo&#8221;. “Lo importante es hacerles leer”, aconseja con entusiasmo. “Despu&eacute;s nos preocuparemos por el contenido de su lectura”.</p></blockquote>
<p>Spence no está de acuerdo con este argumento y con toda la razón. Resulta que los niños no encuentran un camino fácil para pasar de los libros “repelentes” al amor por la lectura.</p>
<p>En la vida de los niños existen varios enemigos de la lectura. El sistema educativo está, en gran parte, afeminado y la mayoría de las veces no se presenta ningún reto a los niños. Debemos recordar que los chicos siempre han sido chicos, como dice el refrán. No existe ningún fenómeno en la estructura y la constitución de los chicos que se oponga a la lectura. Ha habido generaciones de niños que han crecido amando los libros y perdiéndose en historias, aventuras, biografías históricas y cosas semejantes.</p>
<p>Los enemigos más directos de la lectura en la vida de los niños de hoy son los videojuegos y la comunicación digital. Estos artilugios desplazan el tiempo y la atención a costa de la lectura. Spence cita a unos padres que intentaron sobornar a su hijo de 13 años para que leyera, ofreciéndole videojuegos a modo de recompensa. En lugar de hacer esto, retírele los videojuegos.  Si los padres no restringen el tiempo que los niños pasan con estos artilugios digitales, no aprenderán nunca a leer ni a amar la lectura.</p>
<p>En otra sección muy interesante, Spence cita a C. S. Lewis que expresó su acuerdo tanto con Aristóteles como con Platón argumentando, sin hacer apología, que los niños han de ser entrenados en temas de gusto. Lewis escribió: “El pequeño animal humano no tendrá las respuestas correctas en un principio. Debe ser entrenado para sentir placer por aquellas cosas que son realmente agradables y a sentir odio por aquellas cosas que son realmente desagradables y odiosas”.</p>
<p>Merece la pena saborear esta cita, sobre todo si tenéis pequeños animales humanos en vuestra casa. </p>
<p><i>Este art&iacute;culo es publicado con permiso. Fue escrito por el Dr. Albert Mohler y publicado en su sitio web el d&iacute;a 24 de septiembre, 2010. Traducci&oacute;n IBRNB, Derechos reservados.</i></p>
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		<title>El peligro de la obsesión digital</title>
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		<pubDate>Fri, 27 May 2011 19:25:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categorizar]]></category>

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		<description><![CDATA[Albert Mohler Cuando se trata de los peligros de la era digital, la mayoría de los padres se preocupan de lo que pueda haber en la pantalla de la computadora. Recientes investigaciones indican que la pantalla en sí puede ser un peligro muy real. La doctora Perri Klass escribe en el periódico The New York [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/perigee/wp-content/uploads/2011/05/nino_computadora.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/perigee/wp-content/uploads/2011/05/nino_computadora.jpg" alt="" title="nino_computadora" width="297" height="210" class="alignleft size-full wp-image-181" /></a><strong>Albert Mohler</strong></p>
<p>Cuando se trata de los peligros de la era digital, la mayoría de los padres se preocupan de lo que pueda haber en la pantalla de la computadora. Recientes investigaciones indican que la pantalla en sí puede ser un peligro muy real. </p>
<p>  La doctora Perri Klass escribe en el periódico <i>The New York Times</i> y advierte que muchos padres desconocen los riesgos que puede causar la pantalla digital. Cuenta que hay padres que dicen al pediatra que su hijo no puede tener problemas de atención porque se pasa horas y horas delante de una pantalla digital. El niño puede tener problemas de concentración en otros lugares, pero no frente a una pantalla. </p>
<p><span id="more-267"></span></p>
<p>  El Dr. Klass escribe lo siguiente:</p>
<blockquote><p>En realidad, la capacidad que un niño tiene para quedarse atento delante de una pantalla, aunque no lo haga en ningún otro lugar, es realmente característico de un trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Existen conexiones de conducta y neurológicas complejas que vinculan pantallas y atención. Son muchos los expertos que creen que los niños que padecen este trastorno pasan más tiempo jugando a video juegos o viendo la televisión que otros muchachos de su edad.</p></blockquote>
<p>  El Dr. Christopher Lucas de la Escuela Universitaria de Medicina de Nueva York explica que el tipo de concentración exigida por la pantalla digital es muy distinta de la que se requiere, por ejemplo, en una clase o a la hora de leer un libro. El niño tiene que prestar atención en clase sin recibir una recompensa inmediata y debe aprender a mantener dicha concentración. Cuando lee, el niño tiene que suplir la recompensa mediante la imaginación. </p>
<p>  Sin embargo, cuando se centra en una pantalla digital, la atención del niño se ve gratificada por «frecuentes recompensas intermitentes» bajo la forma de una liberación de hormonas en el cerebro. El niño puede llegar a depender de esas recompensas y perder la capacidad de mantener su concentración al no recibir esas cargas placenteras en el cerebro. </p>
<p>El Dr. Klass admite que la investigación no es aún capaz de responder a la pregunta de qué viene antes, la dependencia de la pantalla o la falta de concentración. De un modo u otro, la estrecha relación entre la pantalla digital y la crisis de atención está muy bien documentada. </p>
<p>  Esto no significa que los padres tengan que deshacerse de la pantalla (y de cualquier otro artículo digital), pero esta es una llamada de aviso de la que los padres cristianos deberían tomar buena nota, con especial preocupación. Para los cristianos, el problema no puede ser simplemente el éxito académico en la clase. Debemos preocuparnos por los medios de gracia que conducen a la piedad en la vida del creyente. El cristiano debería ser un estudiante de las Escrituras y esto exige la disciplina de una lectura concentrada. La atenta adoración es otra disciplina necesaria en la vida cristiana. </p>
<p>  ¿Estaremos creando una generación que no puede adorar o leer sin necesidad de sentir una liberación de dopamina? </p>
<p>  Esta investigación es importante para todos nosotros. La revolución digital ha proporcionado verdaderos prodigios y abierto nuevos mundos. Hay tanto que celebrar y apreciar. Al mismo tiempo, existen verdaderos peligros en estas nuevas tecnologías, sobre todo para los niños. Los padres deben establecer y mantener unos límites para sus hijos… y para sí mismos.</p>
<p><font size=2>Este artículo fue escrito por el Dr. Albert Mohler, presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur en los Estados Unidos. Usado con permiso. Traducción de www.ibrnb.com, Derechos Reservados.   </p>
<p>Para leer otros art&iacute;culos, <a href="http://www.ibrnb.com">haga clic</a>.</font></p>
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		<title>La única forma de ahorrar tiempo</title>
		<link>http://www.ibrnb.com/familia/?p=257</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Mar 2010 18:52:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Disciplina]]></category>
		<category><![CDATA[La madre]]></category>
		<category><![CDATA[John S.C. Abbott]]></category>

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		<description><![CDATA[John S. C. Abbott Sé que algunas madres dicen que no tienen tiempo para prestar tanta atención a sus hijos. Pero el hecho es que, para cuidar de una familia ordenada, no hace falta ni un tercio del tiempo que hace falta para cuidar de una familia desordenada. Ser fiel en el gobierno de tu [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/03/mother_in_control.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/03/mother_in_control.jpg" alt="" title="mother_in_control" width="300" height="199" class="alignleft size-full wp-image-261" /></a><strong>John S. C. Abbott</strong></p>
<p>Sé que algunas madres dicen que no tienen tiempo para prestar tanta atención a sus hijos. Pero el hecho es que, para cuidar de una familia ordenada, no hace falta ni un tercio del tiempo que hace falta para cuidar de una familia desordenada. Ser fiel en el gobierno de tu familia es la única forma de ahorrar tiempo. </p>
<p>¿Puedes permitirte el lujo de estar distraída y acosada por la desobediencia continua de tus hijos? ¿Estás dispuesta a perder el tiempo desviando tu atención a cada momento de las tareas que tienes entre manos por culpa de las travesuras de tus obstinados hijos?</p>
<p>Imagínate una madre rodeada de varios hijos que tienen el hábito de hacer lo que quieren. Está muy ocupada, supongo, con algunas prendas de vestir que es importante terminar inmediatamente. A cada momento se ve obligada a levantar la vista de su trabajo para ver qué están haciendo los niños. Samuel se está subiendo a la mesa. Jane está quitando los morillos<SUP>1</SUP>. Juan está galopando por la habitación sentado sobre las tenacillas. La madre, casi ensordecida por el ruido, se pregunta por qué sus hijos son tan problemáticos comparados con los de los demás.</p>
<p><span id="more-257"></span></p>
<p>      &#8211;Jane, deja en paz esos morillos&#8211;exclama.</p>
<p>      Jane sale corriendo un momento, persigue a Juan alrededor de la habitación y vuelve a su travesura.</p>
<p>      &#8211;Juan, cuelga esas tenacillas.</p>
<p>      Juan no hace el menor caso a la orden de su madre.</p>
<p>      Ella, al ver cómo está destrozando la alfombra y machacando los muebles, se levanta enseguida, le da una bofetada a Juan y coloca las tenacillas otra vez en su sitio; pero, para cuando se ha acomodado en su asiento y ha vuelto a su trabajo, Juan ya está sentado a horcajadas sobre la pala, trotando a toda velocidad.</p>
<p>      No hace falta que siga describiendo este cuadro; pero todo el mundo sabe que no estoy exagerando. Estas escenas son muy habituales. Miles de espíritus inmortales se crían en medio de este tumulto, esta anarquía y este ruido, y eso les marca para toda la vida en este mundo y en el venidero. Ahora bien, esta madre te dirá que no tiene tiempo para poner a sus hijos en sujeción. Mientras que, si hubiera sido fiel con cada uno de sus hijos, se habría ahorrado una inmensa cantidad de tiempo y de trabajo.</p>
<p>      Supongamos ahora el caso de otra madre que tiene que hacer el mismo trabajo. Ha enseñado a sus hijos una obediencia instantánea y sin rechistar. Da unos bloques a tres de ellos en un rincón de la habitación y les dice que pueden jugar a “construir casas”, pero que no deben hacer mucho ruido ni interrumpirla, porque quiere trabajar. Deja a los otros tres en otro rincón, con sus pizarras, y les dice que pueden jugar a “hacer dibujos”. </p>
<p>Los niños, acostumbrados a estos arreglos tan ordenados, se entretienen solos muy tranquilos y muy contentos durante quizá unos tres cuartos de hora. La madre hace su trabajo sin interrupciones. En alguna ocasión levanta la vista y dice una palabra de aliento a sus hijos, fijándose unas veces en los pequeños arquitectos de una esquina, y otras veces echando una ojeada a los dibujos de las pizarras; así demuestra a los niños que los comprende y que se interesa por sus diversiones. Los niños están encantados y son felices. La madre trabaja tranquila.</p>
<p>      No les deja continuar con sus entretenimientos hasta que se cansan de ellos. Después de que han jugado tal vez unos tres cuartos de hora, dice:</p>
<p>      &#8211;Vamos, niños, ya habéis jugado bastante; ahora hay que recoger todos los bloques y ponerlos en el cajón.</p>
<p>      &#8211;Oh, mamá&#8211;dice María&#8211;, déjame jugar un rato más, que ya tengo mi casa casi acabada.</p>
<p>      &#8211;Bueno, puedes terminarla&#8211;dice la madre, juiciosa y amable&#8211;, pero avísame en cuanto esté acabada.</p>
<p>      Unos pocos minutos más tarde, María dice:</p>
<p>      &#8211;Ya, mamá. ¡Mira qué casa más grande he construido!</p>
<p>      La madre la mira y agrega una palabra agradable de aliento, y luego les pide que pongan todos los bloques en su sitio. Les dice a los niños de las pizarras que las cuelguen y que guarden los lápices, para que, al día siguiente, cuando necesiten las pizarras y los bloques, no haya que perder tiempo buscándolos.</p>
<p>      Ahora bien, ¿qué madre tiene más tiempo? ¿Y qué madre pasa el tiempo de un modo más feliz? ¿Y qué madre obtendrá más consuelo gracias al carácter futuro de sus hijos y a su cariño?</p>
<p>      Tal vez alguien dirá que este cuadro es muy bonito, ¿pero dónde hay que mirar para verlo en la realidad? De hecho, hay que lamentar que tales escenas sucedan con tan poca frecuencia; pero eso no significa ni mucho menos que no sucedan nunca. Hay muchas familias como esta, con madres felices e hijos cariñosos. Y estas familias no se limitan al ámbito de los ricos y los eruditos. </p>
<p>No hace falta tener fortunas, ni muchos estudios, para criar una familia así. El principio del gobierno es simple y claro. Es empezar a imponer la obediencia a cada mandato. Es establecer el principio de que la palabra de una madre no debe pasarse por alto. Toda madre juiciosa, de hecho, tratará de satisfacer los deseos de sus hijos dentro de lo razonable. Procurará hacerlos felices; pero nunca les permitirá complacerse en oposición a los deseos de su madre.</p>
<p>      Para ilustrar esto, hablemos de los niños que jugaban con los bloques. La madre les dice que los guarden. María pide permiso para jugar unos momentos más, hasta que acabe su casita. La madre, deseosa de hacer felices a sus hijos dentro de sus posibilidades, le concede este deseo razonable. Aquí tenemos un gesto indulgente, pero juicioso. </p>
<p>Sin embargo, supongamos ahora que los niños siguieran jugando sin hacer caso del mandato de su madre. Tal vez pretenden continuar con su diversión solo hasta que completen la torre que están haciendo. Esto es un acto de desobediencia directa. Los niños están guiándose por sus propias inclinaciones en lugar de conducirse según las órdenes de su madre. Una madre juiciosa no consentirá que un hecho como este pase inadvertido ni que quede impune. Puede que piense, quizá, considerando las circunstancias del caso, que lo único que hace falta es una reprimenda seria. Pero no dejará de aprovechar la ocasión para imbuir en sus mentes una lección de obediencia.</p>
<p>      ¿Te parece que si la madre no deja de fijarse en estas pequeñeces va a estar viendo faltas continuamente? Pero no es ninguna pequeñez que un niño desobedezca las órdenes de su madre. Este solo acto de hacer caso omiso a la autoridad allana el camino para otros actos similares. Es el comienzo del mal lo que hay que resistir. Debemos refrenar los primeros atisbos de insubordinación. </p>
<p>Sin duda, hay casos de faltas intrascendentes que una madre sabia juzgará correcto pasar por alto. Los niños serán irreflexivos y harán cosas sin querer. En ocasiones se desviarán de lo que es estrictamente correcto, sin tener ninguna intención real de hacer mal. </p>
<p>En estos casos el buen juicio es indispensable a la hora de decidir qué cosas hay que dejar pasar; pero, en mi opinión, podemos estar seguros de que la desobediencia directa y manifiesta no debe, bajo ninguna circunstancia, clasificarse entre las faltas intrascendentes. Comerse una manzana desterró a nuestros primeros padres del Paraíso. La atrocidad de la ofensa consistió en su desobediencia al mandato divino.</p>
<p>      Ahora bien, toda madre tiene el poder de conseguir la pronta obediencia de sus hijos si comienza a trabajar con ellos cuando son pequeños. En esa etapa están totalmente en sus manos. Todas sus diversiones están a su disposición. Dios le ha dado, pues, todo el poder que necesita para gobernarlos y guiarlos según le plazca. </p>
<p>He tratado de demostrar con los ejemplos anteriores que el principio fundamental para el gobierno de los hijos es que, cuando des una orden, obligues invariablemente a tus hijos a obedecerla. Y Dios ha concedido a todas las madres el poder para hacerlo. Ha puesto en tus manos a un bebé indefenso, que depende de ti por entero, de modo que, si te desobedece, lo único que tienes que hacer es cerrar sus fuentes de diversión, o infligirle dolor corporal, de forma tan firme e invariable que la desobediencia y el sufrimiento queden indisolublemente conectados en la mente del niño. ¿Qué más poder puede pedir una madre aparte del que Dios ya le ha dado? Y si no utilizamos esta capacidad con los propósitos para los cuales nos la otorgó, la falta es nuestra, y sobre nosotros y sobre nuestros hijos recaerán las consecuencias. </p>
<p>El ejercicio de la disciplina muchas veces tendrá que ser doloroso, pero, si no cumples con tu deber, te expones a toda esa triste serie de maldiciones que los hijos desobedientes dejan tras de sí. Si no puedes hacer acopio de la resolución suficiente para privar a tus hijos de su diversión y para infligir dolor cuando sea necesario, entonces tendrás que darte cuenta de que te mereces que se te parta el corazón y que vivas una vejez llena de tristeza. Y, cuando mires a tus disolutos hijos y a tus hijas ingratas, tendrás que recordar que hubo un tiempo en que podrías haber refrenado sus malos impulsos. </p>
<p>Si amas la tranquilidad momentánea más que el bienestar de tus hijos y más que tu propia felicidad permanente, no puedes murmurar de la suerte que has escogido libremente. Y cuando te encuentres con tus hijos ante el tribunal de Dios y ellos te señalen con el dedo y digan: “Fue tu negligencia en el cumplimiento de tu deber lo que nos ha privado del cielo y nos ha consignado a una maldición inacabable”, sentirás lo que ninguna lengua puede expresar. </p>
<p>¡Ay! Es terrible para una madre jugar con el deber. Los destinos eternos de tus hijos están encomendados a tu cuidado. La influencia que ahora ejerces sobre ellos permanecerá aun después de la muerte y del Juicio, y se extenderá a través de esas edades que no tienen fin. </p>
<p>Nota </p>
<p>1. Los morillos son “cada uno de los caballetes de hierro que se ponen en el hogar para sustentar la leña” (Diccionario de la Real Academia Española). </p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
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		<title>¿Cómo se forma el hábito de la obediencia?</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 22:12:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Madre en el hogar]]></category>
		<category><![CDATA[Obediencia]]></category>
		<category><![CDATA[John S.C. Abbott]]></category>

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		<description><![CDATA[John S. C. Abbott ¿Cómo se forma el hábito de la obediencia? Esta cuestión no es tan difícil como muchos se imaginan. No requiere unos estudios muy amplios, ni una habilidad misteriosa que solo pertenece a unos pocos. ¿Dónde encontramos las familias mejor disciplinadas? ¿Están en las casas de los ricos? ¿Proporcionan los hijos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/03/silohuette_mother_child1.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/03/silohuette_mother_child1.jpg" alt="" title="silohuette_mother_child" width="197" height="245" class="alignright size-full wp-image-254" /></a><strong>John S. C. Abbott</strong></p>
<p>¿Cómo se forma el hábito de la obediencia? Esta cuestión no es tan difícil como muchos se imaginan. No requiere unos estudios muy amplios, ni una habilidad misteriosa que solo pertenece a unos pocos. ¿Dónde encontramos las familias mejor disciplinadas? ¿Están en las casas de los ricos? ¿Proporcionan los hijos de nuestros hombres más eminentes los mejores modelos a imitar? Es obvio que no. </p>
<p>En algunos de los hogares más humildes encontramos el bello espectáculo que constituye una familia ordenada y disciplinada. Por el contrario, en las mansiones de los hombres más acaudalados o más eminentes de nuestro país, muchas veces encontraremos familias con muchachas groseras y muchachos ingobernables: el vivo retrato del descontrol absoluto. </p>
<p>No es tener mucho talento, ni unos estudios muy amplios, el requisito para enseñar obediencia a un niño. Los principios que nos deben guiar son muy simples y muy claros.</p>
<p><span id="more-247"></span></p>
<p>      No des nunca una orden que no pretendas que se obedezca. No hay una forma más efectiva de enseñar a un niño a ser desobediente que dar órdenes que no tienes la intención de hacer cumplir. Así, el niño se habitúa a no hacer caso de su madre; en muy poco tiempo el hábito se vuelve tan fuerte, y el desprecio del niño hacia la madre se arraiga tanto, que la criatura pasará por alto igualmente súplicas y amenazas.</p>
<p>      &#8211;María, deja en paz ese libro&#8211;dice una madre a su hijita, que está intentando echar al piso la Biblia que hay encima de la mesa.</p>
<p>      María se detiene un momento, y luego vuelve a echar mano al libro.</p>
<p>      Enseguida la madre levanta la vista y ve que María sigue jugando con la Biblia.</p>
<p>      &#8211;¿No has oído que te he dicho que dejes ese libro en paz?&#8211;exclama&#8211;. ¿Por qué no obedeces?</p>
<p>      María quita la mano del libro durante un instante, pero inmediatamente vuelve a su diversión prohibida. Muy pronto la Biblia acaba cayéndose al piso. La madre termina por levantarse de un brinco y, llena de ira, se apresura a dar un azote a la niña y exclama:</p>
<p>      &#8211;Así aprenderás a obedecerme la próxima vez.</p>
<p>      La niña grita, y la madre recoge la Biblia mientras dice:</p>
<p>      &#8211;Me pregunto por qué mis hijos no me obedecen más.</p>
<p>      Esta escena familiar no resulta muy interesante, pero mis lectoras admitirán que no es nada infrecuente. ¿Y es raro que un niño sea desobediente cuando se lo cría de esta manera? No. De hecho, su madre está llevando a la niña a la insubordinación; en realidad, le está enseñando a no hacer caso de sus instrucciones. </p>
<p>Aun el castigo inapropiado que a veces sigue a la transgresión no se inflige por la desobediencia, sino por sus consecuencias accidentales. En el caso que acabo de describir, si la Biblia no se hubiera caído, la desobediencia de la niña habría quedado impune. Que sea un principio inmutable en el gobierno de la familia que tu palabra es la ley.</p>
<p>      Una vez, paseando a caballo por el campo, me sorprendió una tormenta y me vi obligado a buscar refugio en una granja. Media docena de muchachos maleducados e ingobernables correteaban por la habitación, con tal alboroto que impedían la posibilidad de mantener conversación alguna con el padre, que estaba sentado junto al fuego. Sin embargo, cada vez que yo trataba de decir algo, el padre gritaba:</p>
<p>      &#8211;Dejen ese ruido, muchachos.</p>
<p>      Ellos no le hacían más caso a su padre del que le hacían a la lluvia. Enseguida, con voz irritada, exclamaba:</p>
<p>      &#8211;Muchachos, estén quietos, que si no les voy a dar una azotaina; tan cierto como que están vivos.</p>
<p>      Pero los muchachos, como si estuvieran acostumbrados a tales amenazas, gritaban y peleaban sin interrupción.</p>
<p>      Al final, el padre me dijo:</p>
<p>      &#8211;Creo que tengo los peores muchachos del pueblo; nunca consigo que me hagan caso.</p>
<p>      La realidad era que esos muchachos tenían el peor padre del pueblo. Les estaba enseñando a desobedecer de la forma más directa y eficaz que podía. Les estaba dando órdenes que no tenía la menor intención de hacer cumplir, y ellos lo sabían. Este, claro está, es un caso extremo; pero en la medida en que una madre permita que se pase por alto su autoridad, se expone al desprecio de sus hijos y, de hecho, les enseña lecciones de desobediencia.</p>
<p>      ¿Y hay alguna dificultad en obligar a un niño a obedecer cualquier mandato determinado? Tomemos el caso de la niña que jugaba con la Biblia. Una madre dulce y juiciosa dice con claridad y decisión a su hija:</p>
<p>      &#8211;Hija mía, ese libro es la Biblia, y no debes tocarla.</p>
<p>      La niña duda un momento, pero, cediendo a esa tentación tan fuerte, enseguida está jugando otra vez con el libro prohibido. La madre se levanta inmediatamente, toma a la niña y la lleva a su habitación. Se sienta y le dice con serenidad:</p>
<p>      &#8211;María, te dije que no tocaras la Biblia, y me has desobedecido. Lo siento mucho, pero ahora debo castigarte.</p>
<p>      María empieza a llorar y le promete que no lo volverá a hacer.</p>
<p>      &#8211;Pero, María&#8211;dice la madre&#8211;, me has desobedecido y debo castigarte.</p>
<p>      María sigue llorando, pero la madre la castiga con seriedad y con calma. Le inflige auténtico dolor, un dolor del cual se acordará.</p>
<p>      Luego dice:</p>
<p>      &#8211;María, mamá se pone muy triste cuando tiene que castigarte. Quiere mucho a su hijita y desea que sea una niña buena.</p>
<p>      Entonces tal vez la deja sola unos minutos. Un poco de soledad reforzará el efecto del castigo.</p>
<p>      En cinco o diez minutos vuelve, toma a María en su regazo y le dice:</p>
<p>      &#8211;Cariño, ¿te arrepientes de haber desobedecido a mamá?</p>
<p>      Casi todos los niños dirán:</p>
<p>      &#8211;¡Sí!</p>
<p>      &#8211;¿Tendrás cuidado y no me desobedecerás de nuevo?</p>
<p>      &#8211;Sí, mamá.</p>
<p>      &#8211;Bueno, María&#8211;dice su madre&#8211;.Yo te perdono, por la parte que me toca; pero Dios está enojado; le has desobedecido a Él, igual que a mí. ¿Quieres que le pida que te perdone?</p>
<p>      &#8211;Sí, mamá&#8211;responde la niña.</p>
<p>      Entonces la madre se arrodilla con su hija y hace una sencilla oración pidiendo el perdón, y el regreso de la paz y la felicidad. Luego lleva fuera a la niña, mansa y sumisa. Por la noche, justo antes de que se vaya a dormir, con dulzura y cariño le recuerda su desobediencia y le aconseja que pida perdón a Dios otra vez. María, con una simplicidad infantil, confiesa a Dios lo que ha hecho y le pide que la perdone y que cuide de ella durante la noche.</p>
<p>      Cuando esta niña se despierte por la mañana, ¿acaso sus sentimientos infantiles no se concentrarán con más fuerza sobre su madre como consecuencia de la disciplina del día anterior? Mientras juega por la habitación, ¿correrá el riesgo de olvidarse de la lección que se le ha enseñado y alargar la mano otra vez al objeto prohibido? </p>
<p>Un acto de disciplina como este tiende a establecer un principio general en la mente del niño, que actuará de forma permanente, extenderá su influencia a todas las demás órdenes y promoverá la autoridad general de la madre y la sujeción del niño.</p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
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		<title>La obediencia</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 22:02:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Madre en el hogar]]></category>
		<category><![CDATA[John S.C. Abbott]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/03/mother_child_first_steps.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/03/mother_child_first_steps.jpg" alt="" title="mother_child_first_steps" width="197" height="230" class="alignright size-full wp-image-242" /></a><strong>John S. C. Abbott</strong></p>
<p>He procurado demostrar a cada madre cuánto depende su felicidad del carácter bueno o malo de sus hijos. Tus propias reflexiones y tu observación, sin duda, han grabado muy profundamente esta idea en tu corazón. Es probable que se te haya venido muchas veces esta pregunta a la mente mientras leías el capítulo anterior: “¿Cómo gobernaré a mis hijos de tal modo que asegure su virtud y su felicidad?”. Ahora voy a tratar de responderla:</p>
<p><strong>La obediencia es absolutamente esencial para el buen gobierno de una familia.</strong> Sin ella, todos los demás esfuerzos resultarán en vano. Puedes orar con tus hijos, y pedir por ellos; puedes luchar por instruirlos en la verdad religiosa; puedes esforzarte sin descanso por hacerlos felices y ganarte su cariño. </p>
<p>Pero, si tienen el hábito de desobedecer, tus instrucciones se perderán y tus afanes serán en vano. Y con la palabra obediencia no me refiero a ceder de manera lánguida y tardía después de repetidas amenazas, sino a acatar pronta y gustosamente los mandatos de los padres. No basta que el niño ceda ante tus argumentos y persuasiones; es esencial que se someta a tu autoridad.</p>
<p><span id="more-241"></span></p>
<p>      Supongamos un caso para ilustrar esta última idea. Tu hija pequeña está enferma; le llevas la medicina que se le ha prescrito y tiene lugar el siguiente diálogo:</p>
<p>      &#8211;Hija mía, aquí tienes tu medicina.</p>
<p>      &#8211;No quiero tomármela, mamá.</p>
<p>      &#8211;Sí, cariño, tómatela; te hará sentir mejor.</p>
<p>      &#8211;No es verdad, mamá; no la quiero.</p>
<p>      &#8211;Que sí, hija, que lo ha dicho el médico.</p>
<p>      &#8211;Bueno, es que no tiene buen sabor, y yo no la quiero.</p>
<p>      La madre sigue tratando de persuadirla, y la niña persiste en su negativa. Después de una discusión larga y agotadora, la madre se ve forzada bien a echar la medicina a la basura, bien a recurrir a la fuerza y obligarle a tragarse el desagradable fármaco. Así, en lugar de apelar a su propia autoridad suprema, está apelando a la razón de la niña y, en estas circunstancias, la niña, claro está, se niega a someterse.</p>
<p>      No hace mucho una madre, en circunstancias similares, como no era capaz de convencer a su hijo de que se tomase la medicina, y como no tenía la suficiente resolución para obligarle, echó la medicina a la basura. Cuando el médico volvió, la madre sintió vergüenza de reconocer su falta de gobierno y, por tanto, no le dijo que no le había dado la medicina. </p>
<p>El médico, al encontrar al niño peor, dejó otra receta, suponiendo que la anterior se le había administrado debidamente; pero el niño no tenía en mente dejarse convencer de la conveniencia de tomar la nauseabunda dosis, y los nuevos esfuerzos de la madre resultaron infructuosos. Una vez más aquella mujer cariñosa y necia, pero cruel, echó la medicina a la basura y dejó rienda suelta a la fiebre para que corriera sin control por las venas de la criatura. </p>
<p>El médico regresó y se sorprendió al ver la ineficacia de sus recetas, y que su pobre pequeño paciente estaba al borde de la muerte. La madre, cuando se enteró de que su hijo iba a morir, se llenó de angustia y confesó lo que había hecho. Pero ya era demasiado tarde. El niño murió. ¿Y crees que esa madre miró el pálido cuerpo de su hijo con unos sentimientos normales de aflicción? ¿Crees que no se le pasó nunca por la cabeza la idea de que ella había matado a su hijo? </p>
<p>Los médicos te dirán que muchos niños se han perdido por este tipo de cosas. Como no estaban acostumbrados a obedecer cuando se encontraban bien, aún eran más reacios a ello en la enfermedad. Los esfuerzos que se hacen para inducir a un niño testarudo a tomar un medicamento suelen producir una alteración tan grande que contrarresta por completo los efectos de la receta; y así muchas veces la madre se ve abocada a llorar sobre la tumba de su hijo, simplemente por no haberle enseñado a obedecer.</p>
<p>      El deber de las madres es, ciertamente, convencer a sus hijos de lo razonables y apropiadas que son sus órdenes. Tendrían que hacerlo para instruirlos y para que se fueran familiarizando con lo que es la obligación moral. Pero las madres siempre deberían tener la autoridad suficiente para imponer la pronta obediencia de su hijo, tanto si el niño es capaz de ver la lógica del mandato como si no. </p>
<p>En realidad, es imposible gobernar a un niño solo con argumentos. Habrá muchos casos en que será incapaz de darse cuenta de lo razonable que es el mandato; y con frecuencia sus deseos serán tan radicalmente opuestos al deber que todos los esfuerzos para convencerle resultarán en vano.</p>
<p>      Por tanto, el primer objetivo que tienes que buscar es poner a tu hijo en perfecta sujeción. Enséñale que debe obedecerte. Dale tus razones en alguna ocasión; otras veces guárdatelas. Pero que entienda perfectamente que tiene que hacer lo que se le manda. </p>
<p>Acostúmbrale a acatar tu voluntad de inmediato y con gusto. Esto es obediencia, y resulta absolutamente esencial para el buen gobierno de la familia. Sin ella, tu familia presentará un panorama continuo de ruido y confusión; el esfuerzo de criar a tus hijos será casi insoportable y, con toda probabilidad, tu corazón se romperá por su libertinaje o su ingratitud futuros.</p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
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		<title>Corrige al ni&#241;o</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 23:58:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Disciplina]]></category>
		<category><![CDATA[La madre]]></category>
		<category><![CDATA[John S.C. Abbott]]></category>

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		<description><![CDATA[John S.C. Abbott Constituye una gran prueba para la madre tener unos hijos inconscientes de su deber cuando son jóvenes, pero es diez veces más doloroso permitir que un niño crezca hasta la madurez en la desobediencia y que se convierta en un hombre disoluto y disipado. ¡Cuántas madres han pasado días de pesar y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/03/sunset_mother_and_child.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/03/sunset_mother_and_child.jpg" alt="" title="sunset_mother_and_child" width="330" height="255" class="alignleft size-full wp-image-234" /></a><strong>John S.C. Abbott</strong></p>
<p>Constituye una gran prueba para la madre tener unos hijos inconscientes de su deber cuando son jóvenes, pero es diez veces más doloroso permitir que un niño crezca hasta la madurez en la desobediencia y que se convierta en un hombre disoluto y disipado. </p>
<p>¡Cuántas madres han pasado días de pesar y noches en vela como consecuencia de la mala conducta de sus vástagos! ¡Cuántas han sentido cómo se les rompía el corazón y se han llevado las canas a la tumba con tristeza, solamente como resultado de su propia negligencia a la hora de criar a sus hijos “[...] en la disciplina e instrucción del Señor” (Ef. 6:4)! </p>
<p>Tu felicidad futura está en las manos de tus hijos. Ellos pueden ensombrecer todas tus esperanzas, amargar todas tus alegrías, y entristecerte hasta tal punto que tu única perspectiva de alivio sea la muerte.</p>
<p>Esa niñita que ahora acaricias mientras se sienta sobre tus rodillas, y que juega en el piso tan llena de alegría, ha venido a un mundo repleto de tentaciones. ¿Qué va a capacitarla para resistir esas tentaciones si no son los principios religiosos que se le hayan inculcado? ¿Y dónde obtendrá esos principios sino en la instrucción y el ejemplo de su madre? Si, por tu negligencia presente, ella cediera después a la tentación y al pecado, ¿qué pasará con tu serenidad? ¡Oh, madre! ¡Qué poco consciente eres de la desdicha con que tu amada hija puede después abrumarte!</p>
<p><span id="more-228"></span></p>
<p>      Con respecto a esta cuestión podrían introducirse muchos ejemplos de la naturaleza más emotiva. Sería fácil apelar al vasto número de personas que sufren hoy día, como testimonio de las maldiciones que el pecado de sus hijos les ha acarreado. Puedes entrar, no solo con la imaginación sino en la realidad, dentro de esa cámara oscura donde la madre se sienta entre sollozos, negándose a recibir consuelo, por una hija que está perdida para la virtud y para el cielo. </p>
<p>Con todo, nadie puede imaginarse la abrumadora angustia que debe de hacer presa de la madre cuando está así de deshonrada y deshecha. Este es un dolor que solo puede comprender la persona que haya saboreado la amargura y haya sentido todo su peso. Podemos ir a la casa de la piedad y la oración y encontrar al padre y a la madre con rostros consumidos por el sufrimiento; ni una sola sonrisa aparece sobre sus facciones, y los tonos abatidos de sus voces nos demuestran lo profundo que es su dolor. </p>
<p>¿Nos atreveremos a preguntar la causa de ese pesar conmovedor? La madre solo nos respondería con lágrimas y sollozos. El padre haría acopio de toda su fortaleza y diría: “Mi hija”, y nada más. La angustia de su espíritu le impediría pronunciar ni una sola palabra más para describir su tristeza.</p>
<p>      ¿Estoy exagerando? ¡Ni mucho menos! Si tu encantadora hija, que ahora es tu orgullo y tu alegría, quedara abandonada a una absoluta deshonra, y se convirtiera en una marginada de la sociedad, sentirías un dolor tan grande que las palabras no lo podrían expresar.</p>
<p>      Esto es terrible; pero las madres deben saberlo y comprenderlo. Podría introducir aquí ciertos hechos, suficientes para hacer temblar a todos los padres. Podría llevarte a la casa del clérigo y decirte que el pecado de una hija ha dado muerte a su madre y ha llenado de palidez las mejillas, de temblor el cuerpo, y de angustia el corazón de su anciano padre. </p>
<p>Podría llevarte al salón de un rico y mostrarte toda la elegancia y la opulencia de que está rodeado; y, sin embargo, te diría que es uno de los más desdichados hijos de la aflicción, y que daría encantado todos sus tesoros si con ello pudiera devolverle la virtud a su hija; que estaría dispuesto a morir, si con ello pudiera borrar el recuerdo de la deshonra de su hija.</p>
<p>      A pesar de cuál sea tu situación en la vida, esa niñita, ahora tan inocente, cuyas juguetonas muestras de cariño y cuyas alegres risas despiertan tan emotivos sentimientos dentro de tu corazón, puede darte muchos años de la tristeza más inconsolable.</p>
<p>      Madre, mira a ese vagabundo borracho que se tambalea junto tu puerta. Escucha sus horrorosas imprecaciones, mientras pasa de largo, hinchado y harapiento. Ese desgraciado tiene madre. Quizá ella haya enviudado y viva en la pobreza, tal vez necesite del consuelo y el apoyo de un hijo cariñoso. </p>
<p>Tú tienes un hijo. Puede que pronto seas viuda. Si tu hijo es disoluto, serás doblemente viuda; estarás peor, infinitamente peor, que si no tuvieras ninguno. Ahora no puedes soportar ni siquiera el pensamiento de que tu hijo llegara a ser así de disipado. ¡Cuán terrible, pues, debe de ser experimentar esa realidad!</p>
<p>      Una vez conocí a una madre que tenía solo un hijo. Lo amaba ardientemente, y no podía soportar la idea de negarle ningún capricho. Él, por supuesto, aprendió enseguida a dominar a su madre. A la muerte de su padre, la pobre mujer quedó a la merced de este hijo tan vil. </p>
<p>No había cumplido con su deber cuando su hijo era pequeño, y ahora sus pasiones ingobernables se habían hecho demasiado fuertes para que ella las controlara. Terco, insubordinado y vengativo, era la maldición más amarga de su madre. Sus paroxismos de ira a veces se remontaban casi hasta la locura. Un día, enfurecido contra su madre, prendió fuego a la casa, y esta se quemó hasta las cenizas, con todo lo que había dentro, y la madre quedó sumida en la más extrema pobreza. </p>
<p>El hijo fue encarcelado como incendiario4 y, en su celda, se convirtió en un maníaco, si es que antes no lo era ya; y en su locura se sacó los ojos. Ahora vive en perpetua oscuridad, confinado entre los muros de piedra y tras los barrotes de la reja de su mazmorra; convertido en un loco enfurecido.</p>
<p>      ¡Oh, qué duro debe de ser para una madre, después de todo su dolor, su ansiedad y sus desvelos, ver que su hijo es un espíritu demoníaco, en lugar de ser su protector y amigo! Has cuidado a tu hijo durante todos los meses de su indefensa infancia. Te has negado a ti misma para darle comodidad. Cuando estaba enfermo, no te preocupaste de tu propio cansancio y de tu propia debilidad, y velaste toda la noche junto a su cuna, administrándole todo lo que necesitaba. </p>
<p>Cuando sonreía, sentías un gozo que nadie más que una madre puede sentir, y estrechaste a tu más apreciado tesoro contra tu pecho, pidiendo a Dios que sus años futuros de obediencia y afecto fueran tu abundante recompensa. Y ahora, qué retribución más terrible es que ese niño crezca para odiarte y abusar de ti; para dejarte sin amigos, en la enfermedad y la pobreza; para despilfarrar todas sus ganancias en busca de la iniquidad y la degradación.</p>
<p>      ¡Toda tu felicidad terrenal está a disposición de tu hijo! Su carácter está ahora, en gran medida, en tus manos, y tú debes formarlo para bien o para mal. Si eres coherente en tu gobierno y fiel en el desempeño de tus deberes, es probable que tu hijo te reverencie a lo largo de la vida y que sea el apoyo y el solaz del ocaso de tu existencia. </p>
<p>Si, por el contrario, no logras armarte de resolución para castigar a tu hijo cuando desobedece, si no refrenas sus pasiones, si no lo llevas a una sujeción completa y voluntaria a tu autoridad, debes esperar que al final se convierta en una maldición para ti. Con toda probabilidad, te despreciará por tu debilidad. Al no estar acostumbrado a tener ninguna restricción en el hogar, romperá con todos los límites establecidos y te hará desdichada con su vida y desgraciada a su muerte.</p>
<p>      Pero pocas madres piensan en esto tanto como debieran. No son conscientes de las tremendas consecuencias que dependen del gobierno eficaz y firme de sus hijos. Miles de madres están ahora en nuestra tierra como si fueran robles asolados y abatidos por los rayos y las tormentas. </p>
<p>Miles han visto cómo naufragaban todas sus esperanzas y cómo se ensombrecían todas sus perspectivas, y se han convertido en víctimas de la decepción más atroz y más desgarradora, solo como consecuencia de la mala conducta de sus hijos. Y, sin embargo, hay miles de otras madres que siguen el mismo camino, preparándose para experimentar el mismo sufrimiento sin ser conscientes, en apariencia, del peligro que corren.</p>
<p>      Es cierto que hay muchas madres que conocen sus responsabilidades quizá con tanta profundidad como les conviene. Pero hay otras, aun entre las mujeres cristianas, que parece que se olvidan de que sus hijos nunca estarán tanto bajo su control como lo están durante su juventud. Y los crían con indecisión y con caprichos, para que pronto empiecen a tiranizar a sus padres con vara de hierro y atraviesen sus corazones con muchos dolores. </p>
<p>Si eres infiel con tu hijo cuando es pequeño, él te será infiel cuando sea mayor. Si le consientes todos sus deseos más necios e irrazonables cuando es un niño, cuando se haga hombre se los consentirá él mismo; se concederá todos los caprichos de su corazón; y tus sufrimientos se volverán aún más penosos al meditar en que fue tu propia infidelidad lo que causó tu desgracia. Si eres la madre feliz de un niño feliz, ofrece tu atención, tus esfuerzos y tus oraciones a fin de cumplir el gran deber de criarlo para Dios y para el cielo. </p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
<p>Notas:</p>
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		<title>La huella profunda de su influencia</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 21:33:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[La madre]]></category>
		<category><![CDATA[John Newton]]></category>
		<category><![CDATA[John S.C. Abbott]]></category>

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		<description><![CDATA[John S.C. Abbott Es cierto que hay innumerables factores que intervienen de forma incesante en la formación del carácter. La influencia de una madre no es, en modo alguno, la única que se ejerce sobre la persona. Sin embargo, puede que sea la más fuerte; porque, contando con la bendición que Dios otorga normalmente, es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/02/II_mother_teaching_child1.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/02/II_mother_teaching_child1.jpg" alt="" title="II_mother_teaching_child" width="203" height="286" class="alignleft size-full wp-image-236" /></a><strong>John S.C. Abbott</strong></p>
<p>Es cierto que hay innumerables factores que intervienen de forma incesante en la formación del carácter. La influencia de una madre no es, en modo alguno, la única que se ejerce sobre la persona. </p>
<p>Sin embargo, puede que sea la más fuerte; porque, contando con la bendición que Dios otorga normalmente, es capaz de formar en la mente juvenil aquellos hábitos y de implantar aquellos principios a los cuales el resto de influencias tendrán luego que dar permanencia y vigor.</p>
<p>      Una madre piadosa y fiel puede tener un hijo disoluto. Es posible que este rompa con todos los límites, y que Dios le permita “[comer] del fruto de su conducta” (Pr. 1:31). La madre, afligida y destrozada por ello, solo puede inclinarse ante la soberanía de su Hacedor, que dice: “Estad quietos, y sabed que yo soy Dios”<SUP>1</SUP>. </p>
<p>Sin embargo, el ser consciente de haber cumplido con su deber desposee a esta aflicción de gran parte de su amargura; y, además, tales casos son raros. Los hijos libertinos suelen ser los vástagos de padres que han descuidado la educación moral y religiosa de su familia. </p>
<p><span id="more-207"></span></p>
<p>Algunos padres son libertinos ellos mismos y, en consecuencia, no solo permiten que sus hijos crezcan descontrolados, sino que los atraen hacia el pecado con su propio ejemplo. Pero hay otros padres muy rectos y virtuosos, y hasta piadosos, que, sin embargo, descuidan el desarrollo moral de sus hijos; y, como resultado, estos crecen en la desobediencia y el pecado. </p>
<p>Importa poco cuál fuera la causa que condujo a esa negligencia. La negligencia misma irá acompañada ordinariamente por la desobediencia y la terquedad.</p>
<p>      De ahí que no resulte infrecuente que los hijos de algunos hombres eminentes, tanto en la Iglesia como en el Estado, sean la deshonra de sus padres. </p>
<p>Si la madre no está acostumbrada a gobernar a sus hijos, si mira al padre para que imponga la obediencia y los controle, entonces siempre que él esté ausente, todo el gobierno familiar está ausente, y los hijos tienen campo libre para hacer lo que les venga en gana, para aprender las lecciones de la desobediencia, para practicar las artes del engaño, para formarse &#8211;sobre el fundamento de la falta de respeto hacia la madre&#8211; un carácter insubordinado e inicuo. </p>
<p>Pero si los niños están bajo el gobierno eficaz de una madre juiciosa, sucederá casi invariablemente todo lo contrario. Y, puesto que, en casi todos los casos, los primeros años de la vida se confían al cuidado de la madre, se deduce que la influencia materna, más que ninguna otra cosa, forma el carácter futuro del niño.</p>
<p>La historia de John Newton<SUP>2</SUP> suele citarse como prueba de la huella profunda y duradera que puede dejar una madre sobre la mente de su hijo. </p>
<p>Este hombre tuvo una madre piadosa. Muchas veces ella se retiraba a su propio cuarto y, colocando la mano sobre la cabeza del muchacho, imploraba la bendición de Dios sobre su niño. Estas oraciones e instrucciones calaron profundamente en el corazón del hijo. Este no podía sino reverenciar a aquella madre; no podía sino sentir que había una santidad en ese carácter que exigía reverencia y amor. </p>
<p>En el transcurso de su vida no pudo arrancar de su corazón las huellas que su madre le dejó en aquellos momentos. Aunque se convirtió en un infame trotamundos, aunque abandonó a sus amigos y a su familia y se apartó de todas las virtudes, el recuerdo de las oraciones de su madre, como si de un ángel de la guarda se tratara, le acompañaba adondequiera que iba. </p>
<p>Vivió intensamente esa vida disipada y deshonrosa de los marineros y, mientras se encontraba rodeado de amistades vergonzosas, en sus juergas nocturnas le parecía sentir sobre su cabeza la suavidad de la mano de su madre, rogando a Dios que perdonara y bendijera a su hijo. </p>
<p>Se fue a la costa de África, y se degradó aún más que los salvajes que habitaban en sus sombrías orillas. Pero la suave mano de su madre seguía sobre su cabeza, y las fervientes oraciones de su madre seguían conmoviendo su corazón. Y esta influencia, después de un lapso de muchos años vergonzosos, trajo de vuelta al hijo pródigo, arrepentido y transformado en hijo de Dios; lo exaltó para convertirlo en uno de los personajes más brillantes de la Iglesia cristiana y para guiar a muchos hijos e hijas a la gloria. </p>
<p>¡Qué forzoso se hace hablar del poder de la influencia materna! ¡Y cómo alienta esto a toda madre a ser fiel en sus esfuerzos por criar a su hijo para Dios! </p>
<p>Si la Sra. Newton hubiera descuidado su deber, si hubiera sido tan negligente como muchas madres cristianas, su hijo &#8211;desde toda perspectiva humana&#8211; podría haber continuado en el pecado y haber sido un proscrito del cielo. Fue a través de la influencia de la madre como se salvó el hijo. </p>
<p>Newton después se convertiría en un evangelista de mucho éxito; y cada una de las almas que se salvaron por medio de él, mientras entonaba el canto de la misericordia redentora, bendecirá a Dios durante toda la eternidad por el hecho de que Newton tuviera una madre así.</p>
<p>      La influencia que se ejerce de esta forma sobre la mente, en la tierna infancia, durante muchos años puede parecer que se ha perdido. Cuando un hijo abandona el hogar y se introduce en el ajetreo del mundo, muchas son las tentaciones que acuden en tropel en contra suya. Si, cuando deja a su madre, no cuenta con unos principios sólidos en cuanto a religión y dominio propio, con toda seguridad sucumbirá a esas tentaciones. </p>
<p>Es posible que, de hecho, caiga, aun después de todo lo que su madre haya hecho o pueda hacer; y es posible que se enrede profundamente en la maldad. Pero puede parecer que ha olvidado todas las lecciones que había aprendido en casa, cuando en realidad la influencia de las instrucciones y las oraciones de su madre sigue actuando con poder y con eficacia dentro de su corazón. </p>
<p>Pensará en las lágrimas de su madre cuando el remordimiento le tenga despierto en plena noche, o cuando el peligro le amenace con una comparecencia rápida ante el tribunal de Dios. El recuerdo de la santidad de su hogar muchas veces llenará de amargura su copa de placeres vergonzosos, y le obligará a suspirar por la virtud y la paz que ha abandonado. </p>
<p>Aunque esté lejos, en moradas de infamia, degradado y disoluto, en ocasiones tendrá que pensar en el corazón roto de su madre. Así, puede que, después de muchos años, tal vez mucho después de que su madre se haya ido a la tumba, al recordar sus virtudes, sea guiado a abandonar sus pecados.</p>
<p>      Hace poco un caballero, en una de nuestras ciudades más populosas, se dirigía a una reunión de hombres de mar en la capilla de los marineros. Justo enfrente de la capilla había una pensión para marineros. A la entrada estaba sentado un marinero fuerte y curtido, con los brazos cruzados, dando caladas a un cigarro mientras observaba a la gente que poco a poco se iba congregando para la reunión. El caballero caminó hasta él y le dijo:</p>
<p>      &#8211;Dígame, amigo mío, ¿no le gustaría venir con nosotros a la reunión?</p>
<p>      &#8211;No&#8211;respondió el marinero sin rodeos.</p>
<p>      El caballero, que, por el aspecto del hombre, estaba preparado para una negativa, replicó con suavidad:</p>
<p>      &#8211;Parece, amigo mío, como si hubiera usted visto días muy duros; ¿tiene usted madre?</p>
<p>      El marinero levantó la cabeza, miró con seriedad la cara del caballero y no ofreció respuesta alguna.</p>
<p>      El caballero continuó:</p>
<p>      &#8211;Suponga usted que su madre estuviera aquí ahora mismo, ¿qué le aconsejaría ella?</p>
<p>      Las lágrimas afloraron rápidamente a los ojos del pobre marino; trató de ocultarlas por un momento, pero no pudo; y, secándoselas a toda prisa con la palma de su áspera mano, se levantó y dijo, con una voz casi inarticulada por la emoción:</p>
<p>      &#8211;Iré a la reunión.</p>
<p>      Cruzó la calle, entró por la puerta de la capilla y tomó asiento junto a la congregación allí reunida.</p>
<p>      No se sabe qué fue de aquel hombre después. Es, no obstante, casi seguro que debió de haber tenido una madre que le dio una buena educación; y, cuando el caballero apeló a ella, a pesar de lo endurecido que estaba el marinero, su corazón se quebrantó. </p>
<p>No es en modo alguno improbable que esta entrevista frenara al hombre en su carrera por la senda del pecado y le llevara a Cristo. En cualquier caso, demuestra la fuerza que tiene la influencia materna. Demuestra que los años de desviación y de pecado no pueden borrar del corazón la huella que allí han dejado las instrucciones y oraciones de una madre.</p>
<p>Notas: </p>
<p>1. Salmo 46:10.</p>
<p>2. John Newton (1725-1807). Se le conoce, quizá, sobre todo por su himno Amazing Grace [Sublime gracia], pero escribió docenas de himnos aparte de este, y numerosos volúmenes de otras obras fruto de su pluma y de su corazón. The Banner of Truth ha reimpreso ese conjunto de 6 volúmenes.</p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
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		<title>Responsabilidad de la madre</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Feb 2010 16:20:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lilian</dc:creator>
				<category><![CDATA[La madre]]></category>
		<category><![CDATA[Byron]]></category>
		<category><![CDATA[crianza]]></category>
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		<description><![CDATA[John S.C. Abbott Hace unos cuantos años, algunos caballeros que se preparaban juntos para el ministerio se interesaron por averiguar qué proporción de los integrantes de su grupo tenían madres piadosas. Quedaron gratamente sorprendidos al descubrir que, de ciento veinte estudiantes, más de cien habían acudido al Salvador llevados de la mano por las oraciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/02/young_george_washington_and_mother1.jpg"><img src="http://www.ibrnb.com/familia/wp-content/uploads/2010/02/young_george_washington_and_mother1.jpg" alt="" title="young_george_washington_and_mother" width="300" height="321" class="alignleft size-full wp-image-204" /></a><strong>John S.C. Abbott</strong></p>
<p>Hace unos cuantos años, algunos caballeros que se preparaban juntos para el ministerio se interesaron por averiguar qué proporción de los integrantes de su grupo tenían madres piadosas. </p>
<p>Quedaron gratamente sorprendidos al descubrir que, de ciento veinte estudiantes, más de cien habían acudido al Salvador llevados de la mano por las oraciones de su madre y guiados por sus consejos. </p>
<p>Aunque algunos de estos hombres se habían rebelado contra todas las normas del hogar y, como el hijo pródigo, habían vagado en el pecado y el dolor, con todo, no habían podido olvidar las huellas de su infancia y, al final, fueron llevados al Salvador, para gozo y bendición de sus respectivas madres. </p>
<p>En unos pocos años muchos hechos interesantes han llamado la atención de los cristianos hacia este asunto. Los esfuerzos que hace una madre para que su hijo crezca en conocimiento y virtud son necesariamente reservados y discretos. El mundo no los conoce; y de ahí que el mundo haya tardado tanto en darse cuenta del poder y la dimensión de esta secreta y silenciosa influencia. </p>
<p><span id="more-196"></span></p>
<p>Pero ahora las circunstancias están volviendo los ojos de la comunidad hacia el cuarto de los niños, y la verdad se presenta cada día con más nitidez ante la gente: la influencia que se ejerce sobre la mente durante los primeros ocho o diez años de la existencia determina, en gran medida, los destinos de esa mente a lo largo de la vida terrena y de la eternidad. Y, puesto que la madre es la guardiana y la guía de los primeros años de vida, de ella proviene la influencia más fuerte que hay en la formación del carácter del hombre. </p>
<p>¿Y por qué no habría de ser así? ¿Qué huellas pueden ser más profundas y más duraderas que las que recibe la mente en la frescura y la susceptibilidad de la juventud? ¿Qué instructor puede ganarse una confianza y un respeto mayores que una madre? ¿Y dónde puede haber más deleite en adquirir conocimiento si no es cuando el pequeño rebaño se apiña alrededor de las rodillas de la madre para oír acerca de Dios y del cielo?</p>
<p>      <strong>“Todo buen muchacho suele acabar siendo un buen hombre &#8211;dijo la madre de Washington&#8211;George siempre fue un buen muchacho”. </strong></p>
<p>Aquí vemos uno de los secretos de su grandeza. George Washington tuvo una madre que hizo de él un buen muchacho, y que infundió en su corazón esos principios que le elevaron hasta convertirse en el benefactor de su país y en uno de los hombres más brillantes del mundo. </p>
<p>La madre de Washington merece la gratitud de toda la nación. Ella enseñó a su hijo los principios de la obediencia, el coraje moral y la virtud. En gran medida, ella formó el carácter del héroe y del hombre de Estado. Al calor de su hogar enseñó a su niño juguetón la forma de dominarse; y así fue cómo le preparó para la brillante trayectoria de servicio que seguiría después. </p>
<p>Estamos en deuda con Dios por habernos dado a Washington; pero no estamos menos en deuda con Él por el don de su inestimable madre. Si ella hubiera sido débil, permisiva e infiel, las energías descontroladas de Washington podrían haberle elevado hasta el trono de la tiranía; o tal vez su desobediencia juvenil habría allanado el camino para una vida de delincuencia y una tumba deshonrosa.</p>
<p>      Byron<SUP>1</SUP> tenía una madre que era precisamente todo lo contrario a la Sra. Washington; y el carácter de la madre se transfirió al hijo. No podemos extrañarnos, pues, de su carácter ni de su conducta, porque sabemos que son la consecuencia casi obligada de la educación que recibió y de las escenas que presenció en el salón de la casa de su madre. </p>
<p>Unas veces ella le permitía desobedecer impunemente; otras montaba en cólera y le golpeaba. Así le enseñó a desafiar a toda autoridad, humana y divina; a consentir el pecado sin restricción; a entregarse al poder de toda clase de pasiones enloquecedoras. Fue la madre de Byron quien puso los cimientos de su maldad extrema. </p>
<p>Ella le enseñó a sumergirse en ese mar de libertinaje y desdicha, cuyas agitadas olas le arrastraron toda su vida. Si bien los delitos del poeta merecen la execración del mundo, el mundo no puede olvidar que fue su madre quien alimentó en aquel joven corazón esas pasiones que convertirían a su hijo en una maldición para sus semejantes.</p>
<p>Nota:</p>
<p>   1. Lord Byron (1788-1824), poeta renombrado en todo el mundo, nació el 22 de enero de 1788. Su madre Catherine provenía de la anárquica saga de los Gordons escoceses, y su padre, John Byron, que tenía una reputación aún peor, había acabado con la fortuna de su mujer y se escondía en Francia; posteriormente moriría convertido en un borracho y dejaría el título a su hijo.</p>
<p><span class="bio-copyright">Derechos Reservados ©2010</span></p>
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