Familia

La mujer prudente viene del SEÑOR

Casa y riqueza son herencia de los padres, pero la mujer prudente viene del SEÑOR (Proverbios 19:14).

Las casas y las tierras son don de Dios, pero Él nos las da por medio de nuestros padres o progenitores, que las adquirieron con esfuerzo. La Providencia resplandece más notablemente al otorgar buenas esposas a los hombres, porque estas no pueden venir por herencia; y nadie puede saber de antemano qué esposa le va a tocar en suerte a un determinado hombre.

En la esposa, la prudencia no solo incluye su habilidad en el gobierno de los asuntos domésticos, sino también el buen sentido que la convierte en una compañera agradable y la mueve a comportarse de tal forma que haga feliz a su marido en la relación. Si a estas cualidades se añade la piedad, la mujer resulta una bendición mucho más grande que cualquiera de las posesiones que los padres puedan legarnos.

Debemos dar gracias a Dios por todos los placeres temporales, pero principalmente por aquellos que en su providencia favorable se dejan ver con más claridad. Puede que las casas y las tierras hagan la vida más cómoda en cierta medida, pero la mujer virtuosa es una bendición poco habitual, porque “[…] su valor supera en mucho al de las joyas” (Pr. 31:10).

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La mujer virtuosa es corona de su marido


La mujer virtuosa es corona de su marido, mas la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos (Proverbios 12:4).

La mujer virtuosa teme al Señor, respeta a su marido, gobierna su casa con prudencia y cuidado, se muestra caritativa con los pobres y trata a todos con amabilidad. ¿Con qué compararemos a una mujer como esta? ¿La asemejaremos a un brazalete, o diremos que es un collar de oro para su marido? Tales comparaciones la dejarían por debajo de su valor. Ella le hace tan feliz como un rey, y le procura tanto respeto y honor que merece que la comparen con ese ornamento real que se ciñe a la cabeza de los monarcas. Para su marido, ella es una corona adornada con esas encantadoras virtudes que brillan con un resplandor más radiante que los diamantes de Oriente.

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¿Cómo conseguir que los niños varones lean?

Albert Mohler

Existe una amplia documentación que prueba que los niños varones se están quedando atrás en la lectura en todos los niveles de edad. En muchos casos, los niños son, en el mejor de los casos, medio analfabetos y muchos no llegan a desarrollar jamás una capacidad de lectura adecuada. No consiguen conocer los placeres de un libro.

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El peligro de la obsesión digital

Albert Mohler

Cuando se trata de los peligros de la era digital, la mayoría de los padres se preocupan de lo que pueda haber en la pantalla de la computadora. Recientes investigaciones indican que la pantalla en sí puede ser un peligro muy real.

La doctora Perri Klass escribe en el periódico The New York Times y advierte que muchos padres desconocen los riesgos que puede causar la pantalla digital. Cuenta que hay padres que dicen al pediatra que su hijo no puede tener problemas de atención porque se pasa horas y horas delante de una pantalla digital. El niño puede tener problemas de concentración en otros lugares, pero no frente a una pantalla.

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La única forma de ahorrar tiempo

John S. C. Abbott

Sé que algunas madres dicen que no tienen tiempo para prestar tanta atención a sus hijos. Pero el hecho es que, para cuidar de una familia ordenada, no hace falta ni un tercio del tiempo que hace falta para cuidar de una familia desordenada. Ser fiel en el gobierno de tu familia es la única forma de ahorrar tiempo.

¿Puedes permitirte el lujo de estar distraída y acosada por la desobediencia continua de tus hijos? ¿Estás dispuesta a perder el tiempo desviando tu atención a cada momento de las tareas que tienes entre manos por culpa de las travesuras de tus obstinados hijos?

Imagínate una madre rodeada de varios hijos que tienen el hábito de hacer lo que quieren. Está muy ocupada, supongo, con algunas prendas de vestir que es importante terminar inmediatamente. A cada momento se ve obligada a levantar la vista de su trabajo para ver qué están haciendo los niños. Samuel se está subiendo a la mesa. Jane está quitando los morillos1. Juan está galopando por la habitación sentado sobre las tenacillas. La madre, casi ensordecida por el ruido, se pregunta por qué sus hijos son tan problemáticos comparados con los de los demás.

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